El País ha publicado en su edición de este sábado un bochornoso artículo sobre el crecimiento de iglesias evangélicas en la zona de Carabanchel.
A la exposición de los hechos históricos el autor añade importantes lecciones que contribuyen a elevar nuestro nivel espiritual y a cimentar nuestra fe en Cristo.
Destacó sobre sus compañeros cuando militaba en el judaísmo y luego lo hizo igualmente en el cristianismo.
Romántico es aquel que siente amor y dolor, el que sabe de besos y de versos, por ejemplo, un Alfredo Pérez Alencart, que nada tiene menos que Flaubert.
Si la Biblia fuera una gran mentira inventada por los hombres, realmente la humanidad estaría ante un gran problema porque, de hecho, es el único libro que nos habla de trascendencia, de eternidad y de cómo formar parte de ellas.
Un texto publicado por primera vez en la resvista Restauración, en enero de 1982.
La labor de la ciencia no tendría que paralizarse al aceptar la existencia de un Dios creador. Se dice que la Biblia no es un libro de ciencia; sí lo es.
La fe en Jesucristo y los valores que de ella se desprenden están siendo cuestionados y atacados en la actualidad por las nuevas formas de ateísmo.
Creo que se está atacando desorbitadamente a la Iglesia católica en este aspecto de la homosexualidad, porque soy consciente que este mismo problema, si es un problema, se da abundantemente en todas las sociedades del mundo.
Siempre fiel a sus ideas, a su genio, toma el bolígrafo o el teclado como instrumentos que el Señor puso en sus manos para expresar las grandes verdades de la existencia humana y los designios de Dios.
Con el amor y la muerte, la soledad ha sido uno de los tres grandes temas de la literatura universal. La soledad conduce a la locura. La locura proviene de la soledad.
Esta clase de cristianismo, que con una mano parece tocar las estrellas de Dios mientras que con la otra clava la espada en el cuerpo del supuesto hereje, no puede producir más que fanatismo e ignorancia.
Vivimos encadenados a nuestra libertad; solitarios en un universo repleto de vida; nos ahogamos en las ciudades y nos aburrimos en los campos; llevamos dentro de nosotros mismos el hastío, el desinterés por cuanto nos rodea.
Tanto en este como en otros de sus libros Pedro Puigvert se revela como un maestro de la exégesis bíblica.
Misterio es todo aquello que no podemos comprender ni explicar. Aquí encaja la Trinidad.
Los denominados dioses que tienen a Dios sobre ellos no pueden ser dioses ellos mismos. Es decir, Dios no tiene similar.
En algunas ocasiones he escrito que Alencart es poeta internacional, pero me está pareciendo universal. Creo que el protestantismo español no ha despertado aún a esta evidencia.
La expresión con sanas palabras indica la calidad que tienen, porque lo sano es lo contrario de lo enfermo o infectado, cualidad que es vital para que la enseñanza sea saludable.
El creyente en Cristo anhela la segunda venida del Señor, explicada por Pablo pero aún no realizada y gime con el último versículo del Cantar: “Apresúrate, amado mío”.
Fernandes clama desde sus páginas por aquellas mujeres que en algunos casos “poca o ninguna repercusión tuvieron en la época que les tocó vivir”.
Es inglés, de Inglaterra, nacido en el condado de Lancashire. Sin embargo escribe en puro lenguaje de Castilla con una prosa natural y rítmica que, diría el francés Gaumont, como un movimiento respiratorio.
Surge eso que llaman cargo de conciencia. ¿Quién va a trabajar en las Iglesias de Santa Cruz y la Orotava? Todo estaba previsto desde las alturas.
La poesía de Alencart es una llama que Dios ha puesto en su alma, creo yo, desde la hora de su nacimiento.
Freud aprendió más de los grandes maestros de la literatura universal que de los grandes psicólogos. Entre estos maestros no pudo faltar Cervantes.
La conversión de Graham Greene al catolicismo no fue vital, sino intelectual. No le atrajo la romanidad de la Iglesia católica. Por eso ha sido tantas veces puesta en duda la auténtica conversión de Greene.
Unos presentan a Diderot como un charlatán deslumbrante, obsesionado con demoler la religión. Otros descubren al pensador profundo, en cuya cabeza, como decía Saint-Beuve, entran Goethe, Kant y Schiller a la vez.
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