El País ha publicado en su edición de este sábado un bochornoso artículo sobre el crecimiento de iglesias evangélicas en la zona de Carabanchel.
El no tender la mano de ayuda y servicio como creyentes a los migrantes de la tierra, sería como faltar a la práctica de la misericordia, a la búsqueda de la justicia para con los colectivos oprimidos.
Si la religión nos aleja del prójimo sufriente, es una religión engañosa que practica una religiosidad vana.
En el desarrollo del cristianismo a lo largo de los años, predomina el deseo de relacionarse con Dios pensando en bendiciones, coronas y prebendas espirituales.
Si Dios es amor y derrama su amor entre nosotros, el prójimo injustamente excluido también debe ser amado por nosotros, si es que queremos de verdad disfrutar de ese amor divino.
Sin duda que el cristianismo siempre tiene algo que decir en cuanto a ser administradores fieles y que practican la solidaridad misericordiosa para con el prójimo necesitado.
El diezmar, hacer rituales, largas oraciones y genuflexiones no vale para nada si no se tiene en cuenta la práctica de la misericordia, la justicia y una fe viva que actúa a través del amor.
El amor que emana de la fe actuante se puede presentar como acicate de la evangelización, que es mucho más que palabras.
Todo evangelizador ha de saber que tiene que vérselas con la idolatría de muchos, pero también tener cuidado con sus propias ideas y comportamientos idólatras.
Tengamos cuidado para saber situar nuestros objetivos en la línea de los valores del Maestro y de su programa de acción en su venida al mundo.
Ama de forma activa y comprometida y con mucho amor al prójimo para que tu fe se active reflejando al Invisible en el mundo.
Muchas veces los cristianos vivimos mirando al cielo y dando la espalda al prójimo mientras permanecemos pendientes de promesas, recompensas y goces religiosos.
Voz de denuncia siendo a su vez las manos y los pies del Señor en medio de un mundo de dolor.
Nos queda el miedo del pasado en retención sobre el presente que, a veces, nos impide mirar hacia el futuro con esperanza.
Las auténticas imágenes navideñas se han aguado y no reflejan lo que realmente fue el ambiente de aquella primera navidad, con un niño nacido en un pesebre infecto.
Nuestra voz puede ser esencial en un mundo injusto, nuestros estilos de vida pueden transformar sistemas injustos.
A muchos el mesón de la vida les ha cerrado sus puertas.
El que viene no fallará, la luz nunca se apagará, el resplandor de su gloria va a deshacer las tinieblas, los miedos, las angustias.
No es lo mismo la unidad que la uniformidad. Caer en la uniformidad va a impedir avanzar a la iglesia.
Puede haber una solución para seguir compartiendo la fe a pesar del rechazo que en tantos y tantos ambientes sufre el profesional de la religión.
Hay una cierta emancipación del hombre del fenómenos religioso, quizás precedente de la gran pujanza de la descristianización del hombre del mundo de hoy.
Un relato de Juan Simarro.
El Evangelio de Jesús no solo era anuncio, sino que casaba con la denuncia de las estructuras sociales injustas en donde reina la acumulación de riquezas.
Anuncio y denuncia. No eran dos fases encontradas, sino complementarias en Jesús en su evangelización del mundo.
La evangelización debería comportar el anuncio del Evangelio, la denuncia de la impiedad y del abuso de los débiles, así como la acción social evangelizadora.
Que los evangélicos podamos ser ejemplo de compromiso con el mundo dentro de la ciudad interreligiosa siguiendo los pasos de Jesús.
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