El País ha publicado en su edición de este sábado un bochornoso artículo sobre el crecimiento de iglesias evangélicas en la zona de Carabanchel.
Acudamos cada día al gimnasio divino, inclinemos nuestros oídos a los consejos de Dios, deseemos beber de la fuente de agua viva y doblemos nuestras rodillas en oración.
La vida es ese río donde lanzo mi señuelo y espero a que pasen las ondas del agua y algún pez despistado alcance el reclamo.
A tus pies, mi Rey, inclinado todo mi ser ante ti para que sólo tú seas receptor de todo cuanto traigo.
Recuerdo la primera vez que pude observar tu grandeza, la amplitud de tus aguas, la inmensidad y profundidad que te habitan.
Tengo que valorar la espera, ese estado reposado al que no estoy acostumbrada y que puedo obtener si permanezco a los pies del maestro dejando que Él hable.
A Ani Muñoz. Una fiel servidora de Cristo.
La periodista se acercó hasta una mujer de Paiporta y le preguntó qué necesitaba , la señora mirándola con una sonrisa contestó: me encantaría tener un poco de café.
Cuando has vivido largo tiempo a la sombra del Altísimo es absurdo buscar refugio en recodos vacíos.
La vida en sus múltiples virajes hace que hoy estemos en lo alto y mañana la noria gire y sin darnos cuenta bajemos a otro nivel. Nadie está exento de verse doblegado a un azote violento.
Qué sutilmente se nos acomoda la desmemoria y frente al abismo seguimos presos de las preguntas que se hacen quienes nunca han tenido un encuentro con el Maestro.
Creada por Él y semejante a Él. Que mi caminar por la senda de este mundo sea noble, que mi porte deje huellas indelebles.
El escenario es el mismo y nada parece igual. Una montaña de herrumbre y chatarra; vertedero lleno de recuerdos.
Quiero crecer aferrada a Dios, que mis raíces estén arraigadas a sus preceptos. Aclimatarme a su amor y establecerme siempre en la periferia de su gracia.
Nunca voy sola, es por ello que confío en que al final de mi recorrido encontraré un remanso de paz en el que reposar eternamente.
Dejé de hacer juicios de valor y comencé a interceder por ella, pedir a Dios que tomara entre sus manos esa rota vasija, ese pájaro herido y vertiera sobre él un bálsamo restaurador.
El silencio nos aporta la claridad que necesitamos para poder comprender, nos ayuda a sopesar los momentos adversos por las cuales pasamos y a evaluarlos con más precisión.
Su Palabra alumbra los recodos oscuros, las celdas profundas, el pasado lamido por el temor y la ausencia de vida.
Cuando descubrimos la Luz, nuestros ojos aprenden a ver.
Los recuerdos se diluyen con sabor a nostalgia.
No quiero caer en las redes del costumbrismo, del hacer por hacer, de seguir una mera tradición sin sentir realmente que lo que hago está avalado por una profunda convicción, un creciente conocimiento de Dios: Él es quien rige mi vida.
Hoy quiero recoger mi maltrecho equipaje y desalojar el ayer. Verter sobre ti mi desconsuelo.
Hablamos más de lo que debiéramos. Expresamos muy apresuradamente aquello que pasa por nuestra cabeza.
Hasta aquí tu voz me confortó indicándome el camino a seguir, me mostró una senda diferente.
Dios me enseña a esperar; mis preguntas serán contestadas en el tiempo oportuno.
¿Seré como ese artilugio fútil?¿Estaré detenida, parada, sin dar aquello para lo que el Creador me diseñó?
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