El País ha publicado en su edición de este sábado un bochornoso artículo sobre el crecimiento de iglesias evangélicas en la zona de Carabanchel.
El ser humano en su maldad es el que, poco a poco, va tejiendo la red en la que él mismo, tarde o temprano caerá.
Cuando venimos al Señor, todos traemos algo o mucho de esos daños emocionales y nos conforta saber que, en Jesús, nos encontramos con la posibilidad de que toda nuestra vida sea restaurada.
En este asunto de la tristeza y el gozo, haríamos bien en mirar a nuestro bendito Maestro.
Ser cristianos no nos deshumaniza; al contrario, nos humaniza mucho más y debería hacernos más sensibles al dolor propio y al de los demás.
En cuanto a los que sufren pérdidas que desde el punto de vista humano son irreparables, no nos conviene ir por delante de Dios sino ir a su paso.
En todo el relato relacionado con esta pobre mujer, es posible que estuviera embargada por un espíritu de amargura, por todo lo vivido.
Pretender que el bautismo con, o en, el Espíritu Santo debe ser una experiencia subsecuente a la conversión no se adecua al testimonio de las Sagradas Escrituras.
No quedó parte alguna de los receptores del Espíritu Santo que no fuera llenada, tomada y controlada por el Espíritu.
Por supuesto, el Espíritu Santo no iba a venir dos veces, una en esta ocasión y otra en el día de Pentecostés.
Ningún creyente que ama a Dios y quiere todo lo que él ha dispuesto para sus hijos e hijas, quiere perder nada de la bendición de Dios.
Podemos decir que el cumplimiento de la promesa sobre la venida del Espíritu Santo constituye uno de los hechos esenciales de la Revelación de Dios.
Mirándole a él desde su nacimiento hasta su resurrección sabremos de la importancia del Espíritu Santo, en su vida, pero también en la nuestra.
Es difícil olvidar algunos aspectos de aquellas formas de ser de nuestra propia cultura que se adquiría y perpetuaba a través del cine, la música, la literatura o la religión.
En 2022 se produjeron 182.073 denuncias por violencia contra las mujeres. Lo cual nos muestra que esos datos son solamente la punta de un iceberg de características gigantescas.
Las diferencias entre los cristianos y los que no lo son, existen como existen la luz y las tinieblas, la verdad y la mentira, lo espiritual y lo carnal, lo que es mundano y lo que no lo es.
La fidelidad de Dios es algo que todos hemos experimentado en alguna medida. Por eso podemos hablar de ella tanto en relación con nosotros mismos como en relación con otros.
El maltrato es un comportamiento que contradice todo cuanto se prometió ante Dios y ante el juez. Un delito delante de Dios y delante de los hombres.
En nuestra sociedad sigue habiendo almas hambrientas y sedientas de verdadera vida, presas de distintas esclavitudes y con falta de perdón y de paz.
La codicia dentro del pueblo de Dios podría estar tan presente, que nos asombraríamos nosotros mismos de lo poco que conocemos nuestro propio corazón.
El acto de consolar no es fácil. Hace falta una buena dosis de sensibilidad y de sabiduría.
Quizás nuestros descendientes tendrán el privilegio de ver una España mejor que la que la que nosotros tenemos ahora. Pero todo dependerá de lo que les enseñemos a nuestros hijos y nietos.
La Revelación que hemos recibido de Dios a través de las Sagradas Escrituras es mucho más grande que nuestro propio entendimiento.
¿Desde cuándo se esperaba la venida del Redentor y Salvador? A esta pregunta respondemos que desde que el pueblo de Israel tenía conciencia de la Revelación de Dios.
El hecho de que Jesús predicara el amor de Dios no significaba que Él callara acerca de la verdad sobre cualquier tema esencial.
Aquellos a los cuales Dios envía como “socorristas” de otros, muchas veces vamos a estar necesitados de socorro.
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