El País ha publicado en su edición de este sábado un bochornoso artículo sobre el crecimiento de iglesias evangélicas en la zona de Carabanchel.
Detrás de un corazón aparentemente duro se esconde un ser humano frágil, con una gran necesidad de luz y de verdad, de amor, de perdón y de esperanza.
Hoy día los mercaderes de almas siguen estando activos.
No deberíamos extrañarnos cuando se habla de “la corrupción de los políticos”, pero la realidad es que ellos nos devuelven la imagen de la sociedad en la cual se han criado y viven; es decir, la nuestra.
Hay padres que crían a sus hijos a base de “mimitos” y sin ninguna disciplina.
Cuando el gobierno de una iglesia, se basa en el “señorío” de los pastores, se está menospreciando a los miembros de la iglesia, su libertad y su voluntad y se les está faltando al respeto.
En el apóstol Pablo tanto la persona de Jesús como sus enseñanzas están desarrolladas de tal manera que, sin ellas, los evangelios se nos quedan inconclusos.
José M. Castillo contrasta a Pablo con Jesús, acusando al apóstol de ser influenciado por el gnosticismo. Un examen detallado del Nuevo Testamento contradice esta concepción errónea de la enseñanza apostólica.
José Mª Castillo dice que “el Dios de Pablo fue el Dios de Abrahán, no el Dios que se nos reveló en Jesús”. En este artículo analizamos la consecuencia de esta afirmación.
Suena tan bien lo de “centrar toda la atención en Cristo Jesús”, que muchos de los que así se llaman “protestantes” y/o “evangélicos” están aceptando y siguiendo esa línea, sin reparar en que, al hacerlo, al igual que aquel antiguo Marción se quedan con la mitad del Canon del Nuevo Testamento.
Estoy plenamente convencido de que es posible cierta degeneración a la hora de “hacer teología”; y, en el proceso, “apartar con injusticia” gran parte de las verdades reveladas en las Sagradas Escrituras.
La fe que enseñan las Escrituras incluyen varios aspectos que no deberíamos perder nunca de vista.
Con una idea más clara de lo que significan ambos términos, revelación e inspiración, encontramos un gran gozo en la lectura y estudio bíblico de la epístola a los Hebreos.
A menos que se entienda lo que es la fe, posiblemente nos quedemos en la puerta sin haber entrado a ese “universo” que Dios ha preparado para los que le aman.
Todo nuestro ser ha sido afectado por la obra y la presencia de Dios en el Espíritu.
La Biblia es el relato del testimonio de Dios que tomó la iniciativa en relación con la creación, la revelación, la salvación y la restauración de todas las cosas.
No es fácil ver el asunto de las diferentes iglesias y denominaciones sin la visión y el conocimiento que proporciona la madurez que con el tiempo se va adquiriendo.
Uno no puede dejar de preguntarse hacia dónde nos conduce este comportamiento de aquellos que deberían velar por los niños y jóvenes de nuestra sociedad, pero que hacen todo lo contrario.
Si hemos sido tratados y limpiados profundamente de nuestro egoísmo, responderemos acorde con el principio del amor; pero si no, lo más probable es que nos alejemos del “problema” que amenaza nuestros propios intereses.
No contribuyamos a ningún tipo de división que, con pretexto de guardar una unidad “más pura” al final será una falsa unidad creada y basada sobre un espíritu sectario.
La iglesia del Señor no se dirige como si fuera un gobierno de este mundo. La enseñanza en la Palabra de Dios es clara y diáfana.
¿De qué tenían que ser limpiados los discípulos? Ellos vinieron a Jesús con su propia forma de pensar y de ser.
“Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado” (J.15.3)
Medimos la historia de forma lineal y acorde a esta dimensión que llamamos “tiempo”; pero no es así con el Señor que es y trasciende a las dimensiones del tiempo, el espacio y a la misma historia.
De Jesús aprendemos que a las personas en su necesidad se las comprende más y mejor desde la compasión y la misericordia que desde el juicio condenatorio.
La gran mayoría no somos conscientes del trauma, el daño y todas las consecuencias que tienen lugar sobre las víctimas de abusos, violaciones, maltratos.
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