El País ha publicado en su edición de este sábado un bochornoso artículo sobre el crecimiento de iglesias evangélicas en la zona de Carabanchel.
Podemos recordar aquellos primeros días de nuestra vida en el Señor, pero no olvidamos tampoco que lo que hemos vivido hasta aquí, ha estado lleno de todo tipo de experiencias.
La Palabra ha quedado desplazada del centro del culto de muchas iglesias, en favor de otros elementos que produzcan una “experiencia sensorial” de la presencia de Dios.
Hay casos en los que hombres y mujeres fueron influenciados por personas mayores en edades muy tempranas interfiriendo en su desarrollo e identidad sexual. Y siempre me he preguntado ¿Por qué? ¿Con qué derecho?
No necesitamos recibir más revelaciones que la que “ya ha sido dada una vez” por medio de Jesucristo y registrada en las Escrituras.
Habrá quien necesite muchas explicaciones, pero otros, ante la angustia que le crea su propia necesidad les bastará decir: “¡Señor, ten misericordia de mí!”.
Convendría que unos y otros nos hiciéramos algunas preguntas y tratar de contestarlas a la luz, no de nuestras ideas personales y particulares, sino de las enseñanzas de Cristo.
El capote no era para “torear”, era para que cuando llegara el invierno, el apóstol Pablo, anciano y encarcelado por causa de su testimonio acerca de Jesús, pudiera abrigarse con él.
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