El País ha publicado en su edición de este sábado un bochornoso artículo sobre el crecimiento de iglesias evangélicas en la zona de Carabanchel.
La historia de Lía nos recuerda algo profundamente consolador: Dios jamás aparta la mirada de quien el mundo ignora, y aunque el rechazo humano deja cicatrices, la gracia de Dios puede convertir esas heridas en tierra fértil.
La longanimidad no es simplemente un término teológico olvidado, sino una virtud que puede llegar a ser profundamente humana y espiritualmente necesaria.
Quien piense que la IA es solo una amenaza se está quedando con la mitad del cuadro.
Hay caídas que terminan siendo el lugar exacto donde aprendemos a depender de Dios.
La justicia de Dios en la Biblia se extiende a toda la raza humana. No hay que entenderla de modo teórico, sino como una realidad que se aplica a personas de todas las edades y de todas las naciones.
Para aquellos que aceptan la Biblia como Palabra de Dios la inmortalidad no es una esperanza, es una seguridad, algo tan real como la propia respiración cuando hay vida.
Aprender a decir “no estoy bien” no es rendirse. Es reconocer que necesitamos a otros y que, sobre todo, necesitamos a un Dios cercano, renovador y trascendente.
Después de Nietzsche, un grupo de teólogos se apunta a la idea de matar a Dios.
Hay una confianza profunda al saber que no soy la autora absoluta de mi historia, puedo elegir los colores con los que respondo a cada día, pero no cargo sola con el peso del resultado final.
Cuando la cultura empieza a hablar de luz, de Dios, de silencio, de rito, no es casualidad. Es señal de que el alma, incluso cuando no sabe nombrarlo, sigue buscando su hogar.
Quiero decirlo con sencillez: no estás solo. Dios no abandona el campo de batalla del corazón, Él permanece. Hay una luz que no se apaga en medio de la noche.
Calla mi corazón para que puedas oír lo que Él susurra al tuyo. Si permaneces atenta estoy segura de que podrás oír como te llama por tu nombre.
El Dios de la vida no puede identificarse con el icono de la acumulación, la usura y las ganancias descomunales y deshonestas. Dios se identifica con el que se une al sufrimiento de los empobrecidos de la tierra.
En un mundo que aplaude la apariencia, necesitamos ojos que vean el corazón, lo eterno; porque sin visión espiritual, tomamos decisiones con los ojos cerrados.
Quizás, en vez de ser colaboradores de Dios en la creación, en la tierra, hemos abusado de ella como si los recursos del planeta tierra fueran ilimitados.
Percibirás, cada vez que el sol se oculte, que su misericordia sigue ahí, latente, viva.
Una encuesta de la Federación Protestante Francesa, preguntó a creyentes de entre 18 y 35 años sobre sus prácticas y necesidades espirituales.
Tan solo hemos de sentarnos calladamente a sus pies y dejar que Él hable, optar por oír en vez de hablar, sumidos en la calidez de un encuentro con Dios.
¿Quién tiene razón, Dawkins o Pablo? ¿Podemos confiar en el testimonio de la Biblia cuando nos habla de Dios o quizás corremos el peligro de volvernos locos?
A veces la sombra no es más que la prueba de que hay luz cerca, el valle es oscuro, sí, pero no eterno, y lo que se aprende allí, en esa profundidad, no se olvida jamás.
Caminar con Dios es aprender a mirar hacia atrás con gratitud, hacia arriba con esperanza, y hacia adelante con valentía.
Dios está escribiendo una sinfonía donde incluso nuestras faltas, llegarán a ser acordes redimidos.
La apologética cristiana viene respaldada hoy, quizás más que nunca, por la ayuda inestimable de casi todas las disciplinas científicas.
Aún en los momentos más oscuros llenos de soledad y sufrimiento, sabían que el Señor estaba cerca y era su único refugio.
Muchos rechazan el amor de Dios sin más. Los tales se quedarán fuera; pero los que lo reciben disfrutarán de su presencia, su amor y su comunión desde aquí y por toda la eternidad.
Las opiniones vertidas por nuestros colaboradores se realizan a nivel personal, pudiendo coincidir o no con la postura de la dirección de Protestante Digital.