El País ha publicado en su edición de este sábado un bochornoso artículo sobre el crecimiento de iglesias evangélicas en la zona de Carabanchel.
Me alegra difundir algunos versos del tercer poemario de un teólogo al que aprecio en grado máximo, como su nombre.
Quiero hacer uso de las opciones que este minuto me ofrece, que son muchas, y darlas por buenas, porque son las que tengo.
El tiempo para invertir en ellos es hoy, y lo más importante a resaltar, es que nadie nos puede sustituir en nuestro papel de padre o madre.
Cuando se comete el error de convertir el tiempo en una herramienta útil para la producción o, en su caso, para enriquecerse, para la ganancia y, en muchos casos, para el poseer que nos puede llevar a la avaricia, tomarse un tiempo vacacional es una necesidad vital.
Si los temores anunciados se confirman y las grandes y poderosas compañías farmacéuticas siguen mirando hacia otro lado, es posible que los últimos longevos seamos nosotros.
Es grato difundir este poema de la autora canaria, leído en Salamanca durante el X Encuentro Cristiano de Literatura.
— Pero ¿en qué hemos estado perdiendo el tiempo hasta hoy?
Parece difícil saber envejecer. Creo que no es tanto por el paso del tiempo, sino por la sensación de que estamos perdiendo “cosas”.
El corazón sabio conoce el tiempo, porque recuerda que no hay nada mejor que vivir lo más cerca posible de la fuente de la vida.
Con la globalización y el imperante espíritu laico, las fiestas han perdido su sentido original.
Me he topado con esta historia por casualidad y la retomo hoy ya que me parece bastante ilustrativa para ayudarnos a aprovechar nuestra existencia.
Ya no escribimos cartas y menos a mano. Ya no nos damos el lujo de sentarnos en un banco de un jardín y comenzar una conversación con alguien que está a nuestro lado.
Viajó por las grandes ciudades, bajó a las pequeñas aldeas, recorrió incansable los mares, pero no experimentó la paz del alma. Y estaba triste. Estudió, contempló los astros, huyó del amor, que dicen que lleva aparejado el dolor. Y estaba triste. Viejo ya, deseaba lo que no tenía y lamentaba la juventud perdida.
El tiempo en la Biblia es la Historia de las intervenciones de Dios y el gran regalo de Dios al hombre.
He escogido para acabar y empezar el año una serie sobre 5 libros, 5 discos y 5 películas que me han llegado hondo. Antes de seguir con la literatura, la música y el cine. Una serie que nos muestra cómo el tiempo no lo cura todo….
Cuando somos jóvenes, pensamos que vamos a vivir para siempre. La muerte es aquello de lo que nunca hablamos.
Hemos construido un mundo en que falta tiempo para gozarnos en ver crecer nuestros hijos, reflexionar, leer o simplemente pasear y disfrutar de ese don gratuito que todos deberíamos disfrutar, y no sólo un mes al año.
Dedicar tiempo a los que queremos es una de las mejores decisiones de nuestra vida.
No somos los mismos con nuestra familia, compañeros de trabajo o estudio, o fuera y dentro de la iglesia Una reflexión y análisis del film “El hombre de las mil caras”, de Alberto Rodríguez.
“La llegada” no es una película sobre extraterrestres, sino sobre el problema de la comunicación humana.
Quizás la celebración del año nuevo sea una mera quimera. Pero incluso el discurso del Eclesiastés que nos lleva a cierto pesimismo, acaba con un mensaje de novedad
La panorámica que tuvo Jesús al abrir los ojos no podía ser más pesimista y contraria a cualquier cambio.
Cuando vivimos con demasiada prisa, no pasamos el tiempo necesario a los pies del Maestro, simplemente vivimos de mensajes y sermones enlatados
Un poema de José Bergamín (selecciona Isabel Pavón)
Son tiempos difíciles para el creyente pero, tal vez por eso mismo, tiempos apasionantes para la búsqueda de una fe auténtica, personal, interiorizada y experimentada.
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