El País ha publicado en su edición de este sábado un bochornoso artículo sobre el crecimiento de iglesias evangélicas en la zona de Carabanchel.
Al traspasar la puerta alzó el brazo para mí en señal de último adiós; le levanté el mío.
Se les ha llamado Gente de Dudosa Afinidad (G.D.A.).
Fue el Hijo de Dios suspendido en la cruz un espectáculo tan insoportable que cerró sus ojos, se apagó como una cerilla.
Él la acompañaba dos pasos atrás, enfundado en una boina, pantalón de pana desgastado y espardenyes catalanas.
La perfección de estas criaturas derivó en sublevación contra sus creadores. Quisieron ser como ellos, dueños de su destino.
Joaquín quiere dar a conocer su saber, y no pierde ocasión para atribuirlo a la Gracia de su Señor.
A nadie le preocupó su estado, como si todos supiesen qué clase de estado era aquel.
La virtud de los platos era lo que no tenían, tal como indicaba el rótulo de la entrada.
En cambio a Ximo no había manera de sacarle el testimonio de su conversión.
Por aquel entonces hubo una epidemia de sobrepeso en la feligresía de la catedral de Viena.
Y entrando el ángel en donde ella estaba, dijo: ¡Salve, muy favorecida! El Señor es contigo.
― ¿Crees que es necesario que escenifiquemos tantas discusiones para acabar después más enamorados de lo que estábamos?
No necesitaba conocer el mundo, me habría bastado conocer tu amor.
― Y para colmo se cree útil. Ese es el problema, sin hacer nada y se cree necesario para no sé qué cosa.
Por las noches la mujer miraba el cielo y se acordaba de la antigua dueña y de su generosidad.
― Reseca, tiene usted la córnea muy reseca. ¿Abusa mucho de las pantallas?
Lo decisivo de todo esto es que se produzca en el hombre un vuelco del corazón a Dios.
Él decía para unas cosas que era Andrés y para otras que era José.
Y continúa mascullando palabras con no se sabe quién de no se sabe dónde.
Se trataba de la vacuna más efectiva existente, cuya virtud principal era que estaba exenta de efectos secundarios.
Ahora sí, ahora comparto mi amor con quien libremente me ha amado.
― Disculpe, señora, solo le queríamos ayudar.
Avisó al pueblo y no lo hizo al rey.
¡Hay quien habla de una segunda venida de aquel rey resucitado del primer siglo! ¿Cómo va a descansar tranquilo el poder? ¡Es que es imposible!
― ¿Por qué festejan tanto? ¿Tú sientes que mereces algún reconocimiento?
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