El País ha publicado en su edición de este sábado un bochornoso artículo sobre el crecimiento de iglesias evangélicas en la zona de Carabanchel.
Materialistas mira con agudeza el mercado sentimental de nuestro tiempo, donde altura, renta y edad pesan más que la verdad de una persona.
Entre silencios, culpas y afectos enquistados, Joachim Trier construye un drama familiar de gran delicadeza que plantea una pregunta incómoda: qué puede salvarnos de verdad.
La película muestra a un mundo exhausto de luchar y todavía incapaz de rendirse, esperando, sin saberlo, una paz que no puede darse a sí mismo.
La película habla de una vieja habilidad humana: la de levantar arquitecturas de poder sostenidas por relatos cuidadosamente diseñados.
La cinta retrata con precisión ese cansancio que no es solo físico —aunque también lo sea— sino mental.
La película nos sitúa en la cautividad de Miguel de Cervantes en Argel. Pero el verdadero cautiverio que le interesa a Amenábar no es físico ni político: es narrativo.
En Sueños de trenes nadie parece preguntarse demasiado por el sentido de las cosas. Se vive porque toca vivir. Se trabaja porque el día avanza aunque uno no lo mire.
La pregunta que articula la película es a quién dejamos entrar. ¿A quién permites que habite tu intimidad, tu deseo, tu tiempo, tu imaginación?
La historia de Dickens es un mensaje personal e íntimo que quería dejar como legado para sus hijos y sólo para nosotros, indirectamente después, como lectores y ahora espectadores.
Un espejo cristiano en la oscuridad del mito.
La película de los años 80 anticipó el dilema que hoy enfrenta el creyente ante la inteligencia artificial: cómo ejercer la creatividad sin olvidar que solo Dios es el verdadero Creador.
La película invita a hablar con los peques de una forma más profunda sobre el propósito de la venida de Jesús, su muerte y, sobre todo, su resurrección.
Superman ha ido evolucionando con los cambios políticos y sociales de campeón de los oprimidos a mesías religioso, pero ¿cuál es el evangelio según Superman? ¿Por qué se le compara tan a menudo con Jesús?
Sin reflexión, las olas de la vida van pasando. Unas veces afincados en la cresta, otras en la base, siempre nos justificamos en las circunstancias, como si fuéramos extraños de nosotros mismos.
El mar no es mero decorado: es la encarnación de lo que está fuera de nuestro control, de lo que no comprendemos, y por ello, de lo que más nos aterra.
Vivimos basados en equilibrios frágiles, que se rompen fácilmente, y cuando se quiebran, solo pueden dar paso a la vista de nuestra inercia decadente.
La película sólo anticipa algunos desenlaces quizá inquietantes y atroces, pero congruentes y consonantes con respecto a la dirección “católica” (inclusiva, abarcadora) que Jorge Bergoglio imprimió a la Iglesia católica romana.
Despojados de nuestras máscaras y personajes, solo quedamos nosotros mismos, lo que somos, frente al único tipo de “locura” que nos podemos permitir: el evangelio.
Si el tronco de nuestra vida es el guion, bien redactado y ordenado, en los márgenes se encuentran todas aquellas anotaciones que nos recuerdan el fin de la misma que provoca el pecado.
Si el cine refleja algo de la condición humana, no podemos ignorar que lo hace desde una humanidad caída, necesitada de redención y de esperanza.
Basada en un relato de Stephen King, esta película explora los temas de la esperanza, la amistad, y la libertad interior, a pesar de transcurrir en un ambiente asfixiante, sombrío y de aparente desesperanza.
Solamente huyendo de la superficialidad que parece caracterizar buena parte de nuestras relaciones y reflexiones, podemos hallar sentido a la agonía que nos alcanza.
El silencio en medio del sufrimiento no es un juicio de condena, sino una purificación de la fe.
Mientras en la película los pobres son un instrumento para la satisfacción de los más acomodados, el mensaje del Evangelio nos recuerda que la verdadera caridad no busca ser vista ni aplaudida.
Para Nicholas Winton, “si algo no era imposible, entonces debía haber una forma de hacerlo”. Estos son los únicos que ganan, los que en medio de la muerte traen vida. Y Cristo, como dice la Palabra, es las primicias.
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