El País ha publicado en su edición de este sábado un bochornoso artículo sobre el crecimiento de iglesias evangélicas en la zona de Carabanchel.
El 9 de mayo es el Día de Europa, cuando se conmemora que Francia y Alemania detuvieron el apoyo a su industria armamentística como un primer paso para imposibilitar que surgiera otra guerra.
La semana pasada fueron los neerlandeses. Esta semana serán los británicos. En honor a sus reyes, claro.
Los europeos son en su mayoría ajenos a las raíces de las libertades de que disfrutamos, inconscientes de hasta qué punto se han socavado ya sus cimientos.
¿Qué papel pueden desempeñar hoy en Europa las comunidades religiosas en la recuperación de los cimientos de sociedades sostenibles, justas y florecientes?
La cruz, horrible instrumento de ejecución transformado en símbolo de esperanza, curación y hospitalidad, sigue viéndose por toda Europa.
Perm es una megaciudad, más poblada que Ámsterdam, construida a orillas del ancho y serpenteante río Kama, a 1.400 km al este de Moscú.
En el mundo occidental, especialmente en Europa, estas profesiones de fe por parte de jugadores de todos los continentes desafían la persistente visión del cristianismo como una fe de blancos en decadencia, condenada a los márgenes de la historia.
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