El País ha publicado en su edición de este sábado un bochornoso artículo sobre el crecimiento de iglesias evangélicas en la zona de Carabanchel.
Sin amor a Dios, no puede haber auténtico amor al prójimo. Sería un amor que dependería solamente de las fuerzas humanas sin el apoyo que nos da el amor a Dios para entender el amor al prójimo.
Estos males existen desde el principio de los tiempos.
Muchos practican la religiosidad que han aprendido, la que les van enseñando y mostrando sus líderes, sin tener jamás preocupaciones por la justicia y la misericordia.
Quizás, fuera de la utopía, estamos condenados a un materialismo más o menos burdo, al comamos y bebamos que mañana moriremos.
Se nos reclama, bíblicamente, el uso de la palabra, hablada o escrita. Una palabra que explote en forma de denuncia, de grito por solidaridad humana.
La justicia y la misericordia hacen preguntas diferentes. Un artículo de Paul Campbell.
Hemos convertido ciertas prácticas de la fe en méritos personales para ganarnos el favor de Dios.
Un grupo de pastores preocupados de 50 iglesias ha publicado una “Carta abierta al pueblo bielorruso”. Se dirigen a los líderes políticos y les advierten de cualquier abuso de poder. También les señalan la responsabilidad última de todos los bielorrusos ante Dios.
¿Existe otra forma de vivir? ¿O debemos conformarnos con ser parte del sumiso “rebaño lanar” en un mundo corrupto?
No hay que perturbarse al ver a los que se jactan de maldad y todo les sonríe, porque su descalabro, en grado insospechado, se acerca a marchas forzadas.
Es la cuarta ocasión en los últimos cinco años que los investigadoresdel Índice de Paz Global hablan de deterioro. Oriente Medio y África del Norte, las regiones más perjudicadas.
Un deseo de igualdad y justicia sin la posibilidad de perdón, redención o esperanza de una justicia última, puede conducir hacia la amargura y un deseo de venganza. Un artículo de Michael Ots.
Jesucristo puede identificarse hoy con cada víctima de injusticia sistémica en nuestro mundo. Un artículo de Ivor Poobalan y Victor Nakah.
La persecución siempre vulnera los derechos del perseguido.
No es algo teórico, sino, desgraciadamente, más común de lo que fuera deseable, existiendo diversas maneras en que tal degradación ocurre, cuando el justo renuncia o traiciona a la justicia.
También, en nuestro momento histórico, hay muchos obreros injustamente pagados que necesitarían de la justicia misericordiosa que usó Jesús con los trabajadores de la viña.
La institución judicial considera “desproporcionada” la restricción por parte del gobierno.
El no ver al Dios humanado en Jesús, y dejar de mirar al Padre a través de Él, nos puede llevar a olvidarnos del prójimo.
Ellos fueron una “buena noticia” para muchos, a los que su mensaje de amor sigue inspirando hasta el día de hoy, pero ¿es esa “la buena noticia” de Jesús?
Si no practicamos la misericordia, el compartir y la justicia, nuestras alabanzas pueden ser ruido que interceptan la relación con Dios.
¡Hay justicia para los débiles y oprimidos de la tierra! ¡Escuchad! Jesús se identificó con vosotros, débiles de la tierra.
Los valores cristianos, los valores del Reino, pueden redimir la vida política.
Se debe querer un mundo mejor, más justo, una tierra en donde los valores del Reino comiencen a fructificar.
El ser humano casi nunca acepta la justicia divina. Se niega a reconocer su propia maldad y rechaza las consecuencias de ésta.
El Adviento pone los cimientos de una gran revolución que nos hace estar exultantes de alegría. Cuando llegue su final e irrumpa la Navidad, el Nacimiento, se establecerá el reinado de Dios en la tierra y a los pobres será predicado el Evangelio.
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