El País ha publicado en su edición de este sábado un bochornoso artículo sobre el crecimiento de iglesias evangélicas en la zona de Carabanchel.
Casiodoro de Reina muere en Fráncfort, el 15 de marzo de 1594. En esa fecha es recordado en su pueblo natal, Montemolín; cada año hacemos actividades.
El Evangelio y la Ley del Redentor, cuando llega a los espacios del trono y el altar, son recibidos con rechazo y afrenta.
Nuestro púlpito proclama la misericordia y el perdón, la obra perfecta del Cristo, con la cual nos ha puesto en la mesa de comunión con Dios.
Unos sujetos bien armados y pertrechados, que buscan y se llevan a personas civiles desarmadas, en las ciudades, por las calles, por las casas
Nuestro Redentor, el Rey de reyes, preside sobre todas las cosas.
En oriente la imagen del emperador se identifica con la de Cristo, y la de María con la madre del emperador. En occidente, con Roma como centro, la imagen de esposa la ocupa la Iglesia.
Recordemos lo evidente: que ningún redimido puede asumir que su obra es meritoria, o que supone un apoyo o ayuda a la de Cristo. Ninguno. Ninguna.
Tenemos que proclamar la gloria y verdad de Cristo y su obra perfecta, para libertad a los cautivos, ojos a los ciegos… Sin pérdida de tiempo.
Malos tiempos, pero como otros en el pasado. Los leviatanes lo tienen siempre peor; y los pastores inútiles que los revisten de justicia, ya está dicho: “perecerán en su propia condenación”.
El libro “El Campamento de los Santos”, o “El desembarco”, como apareció en castellano, se convirtió en lectura, para reflexionar, aunque la reflexión sea peculiar, sobre la situación de Europa, Francia en concreto.
Los documentos de enseñanzas, los catecismos de la Reforma, suponen, en sus inicios el proyecto común de conocer la Verdad, sin fantasías y especulaciones traicioneras.
Que el Señor nos libre de nuestros caminos. Solo en Él tenemos seguridad y perseverancia. Nadie nos puede separar de su amor, ni nosotros mismos con nuestras torpezas.
Con la Ley y el testimonio de Dios, con su Escritura, tenemos que rechazar los códigos morales, rituales y civiles de los que no se sujetan a su autoridad.
La Ley, sin la fe que justifica con la justicia del Cristo, es tradición para los hombres, para Dios su Palabra con la que condena al que no tiene la fe.
Para los que hemos recibido esa fe destinada desde antes de los tiempos, ese nuestro Dios y sus planes es sendero para caminar, alegrarnos… vencer.
No se trata de anular la historia de la Iglesia, o de no reconocer los bienes de su existencia. Se trata de no servir a Dios conforme a las tradiciones de los hombres.
María, como madre, tiene una presencia en la vida cotidiana de los fieles muy superior a la cercanía que pueda tener cualquier otro santo.
Los redimidos estamos en la Iglesia en todos los tiempos. Pero eso no significa santificar la estructura temporal, sea la que sea.
Su mirada, desde la Edad Media a nuestro tiempo, no observa al Estado español con momentos puntuales, sino como una estructura de continuidad “fabricada” por los intereses de los que ha beneficiado.
Gracias a nuestro Dios, que nos ha redimido y puesto en este camino, desarraigados de nosotros mismos y enraizados en el árbol que da frutos.
¿Le darás al Estado letra muerta que mata? La gloria de Dios no se encierra en códigos legales o morales.
Esto no es folclore o piedad religiosa, que también, es pura negación de la obra de Cristo.
En esa Reforma europea, la Reforma española (aquí en Sevilla), fue el episodio más conocido y reconocido durante al menos medio siglo.
Que alguien piense de ese modo tan negativo de las iglesias evangélicas, se debería investigar por qué.
Nadie puede producir lo que solo la Palabra y el Espíritu producen.
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