El País ha publicado en su edición de este sábado un bochornoso artículo sobre el crecimiento de iglesias evangélicas en la zona de Carabanchel.
“Bienaventurado aquel cuya transgresión ha sido perdonada, y cubierto su pecado”.
Hablemos de la profundidad del arrepentimiento bíblico ante el abuso sexual en contextos eclesiales.
Entre silencios, culpas y afectos enquistados, Joachim Trier construye un drama familiar de gran delicadeza que plantea una pregunta incómoda: qué puede salvarnos de verdad.
A pesar de lo que vemos, y en parte padecemos, la puerta de la gracia siempre estará abierta a la posibilidad de cambio.
Sea cual sea tu vara de medir, que sea la misma para propios y extraños, para amigos y desconocidos.
La evangelización debe ser completa y asumir tanto los conceptos de pecado y culpa con la visión de la capacidad de Dios de perdonar, así como los conceptos de misericordia, empatía y de solidaridad con los sufrientes.
Si miras fijamente al abismo, el abismo acaba mirando dentro de ti (Nietzsche)
Uno de los mayores peligros que puede haber no es morder el polvo en la derrota, sino confiarse en la sucesión de victorias.
- Es que los cristianos siempre os estáis culpando - dijo él como ateo.
Su lectura es tan molesta e inquietante para el optimismo humanista contemporáneo que puede ser tan dolorosa como un puñetazo en el estómago. Desvela nuestro oscuro corazón.
Psicosis (1969) es la cumbre del terror psicológico. Su clima asfixiante produce tal inquietud que se ha convertido en parte del imaginario colectivo.
El anhelo por encontrar una justicia propia sigue siendo uno de los pasatiempos preferidos de la humanidad. La cuestión es que siempre depara una conclusión dolorosa.
Su obra gira siempre en torno a la culpa, pero más concretamente a la ausencia de conciencia de ella. Después de leer la Biblia durante toda su vida, decidió hacer una novela al final sobre el resurgir del cristianismo evangélico en los Estados Unidos.
Su obra gira siempre en torno a la culpa, pero más concretamente a la ausencia de conciencia de ella. Después de leer la Biblia durante toda su vida, decidió hacer una novela al final sobre el resurgir del cristianismo evangélico en los Estados Unidos.
Como Dostoyevski, la autora estaba muy preocupada por la culpa y Dios. Su biógrafa dice que leía diariamente la Biblia.
Un diminuto virus que ni siquiera puede detectarse a simple vista, ha conseguido doblegar el orgullo, la soberbia y la arrogancia de la condición humana.
Lo que repugna a algunos de El Padrino es la capacidad de corrupción del ser humano.
Culpar a Dios es una actitud que viene de lejos, comenzamos a verla en el relato de la Creación.
¿La crisis de un sistema moral consiste en el hecho de que sus principios o mandamientos sean violados?
Si en nuestra sociedad la palabra culpa ha sido desechada, mucho más lo ha sido la palabra pecado, con su contenido moral y religioso, que se contempla como una arcaica noción.
La Biblia nos enseña que cuando nos rebelamos contra Dios perdemos la capacidad para relacionarnos de una manera perfecta.
La insensatez no es una deficiencia mental sino moral; no se trata de un mal cerebral o neuronal sino espiritual.
En general, ni las buenas palabras esconden siempre las mejores intenciones, ni las palabras mal dichas esconden necesariamente las peores.
El contexto secular es la emancipación de un esclavo, o la liberación de un cautivo. La pregunta es ahora: ¿esclavos y cautivos de qué?
Un nuevo relato de Antonio Cárdenas.
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