El País ha publicado en su edición de este sábado un bochornoso artículo sobre el crecimiento de iglesias evangélicas en la zona de Carabanchel.
Estos líderes tienen la idea de resolver todos los problemas a golpe de talonario o con decretos y con leyes cada vez más extravagantes y absurdas que no solo desafían al sentido común sino a Dios mismo.
La soberbia y el orgullo buscan la unidad, la concentración y la centralización como mecanismos decisivos para construir una sociedad sin Dios.
Cuando la iglesia no toma en serio su función de sal y luz, contribuye a la descomposición de una sociedad de forma decisiva.
Es Dios el que mide la maldad de los pueblos y que decide cuándo sus pecados colman el vaso de su ira.
Si Jesucristo escribiese hoy una octava carta, esta vez no a las iglesia de Asia Menor, sino a la Iglesia evangélica del siglo XXI, ¿qué nos escribiría?
En Europa ya no se puede mencionar el nombre de Dios porque no encaja en la cosmovisión agnóstica europea y de sus “valores”.
Estamos viviendo el ocaso de una civilización que ha dejado a Dios y que va a recoger los frutos de su rebeldía.
La manera de la que hacemos nuestro trabajo es la piedra de toque de nuestra cosmovisión eterna.
Descansar en el Señor no es otra cosa que un acto de fe, un tiempo donde sacamos fuerzas de la eternidad para poder dedicarnos de nuevo con ganas a nuestro trabajo.
La necesidad de medidas y pesos correctos es fundamental para un orden social que se basa en la justicia.
La entrada del pecado en el mundo complica el cumplimiento de lo que se ha denominado “mandato cultural”, pero no lo imposibilita ni lo invalida.
Todo lo que conseguimos de otros por actos injustos es, según la Biblia, un robo.
Todo trabajo que no se hace para glorificar a Dios es trabajo en vano que carece de bendición.
Los problemas cotidianos de nuestro tiempo, en el fondo, son problemas teológicos.
Trabajando bien contribuyo no solo a mi empresa y a mi familia, sino que también glorifico a Dios.
Frances Jane van Alstyne, más conocida como Fanny Crosby, a lo largo de su vida compuso los textos de más de 9000 himnos, de los cuales algunos figuran entre los más populares entre los evangélicos hasta el día de hoy.
El 9 de abril de 1945 Dietrich Bonhoeffer fue ahorcado junto a otros seis miembros de la oposición al régimen nazi. Había aceptado su ejecución como consecuencia de su resistencia activa.
Jonathan Edwards no solamente es considerado el teólogo más importante del continente americano, sino también una de sus mentes más brillantes.
La masacre del día de San Bartolomé puso fin a la esperanza de los hugonotes de convertir a Francia en un reino protestante.
Llegó a ser uno de los cuatro reformadores más influyentes del mundo después de Lutero, Calvino y Zuinglio. Su nombre es John Knox.
No siempre se recuerda a aquellos que, mucho tiempo antes del comienzo de la Reforma, descubrieron el evangelio en medio de las tinieblas.
Llull fue el primer misionero que intentó alcanzar a los musulmanes del que se tiene conocimiento. Pero su “cruzada” no fue con armas y caballos.
Cirilo inventa algo que cambiaría profundamente la vida cultural de los eslavos: desarrolla un alfabeto.
Siendo niño aún, llegaron unos monjes itinerantes a casa de los padres de Bonifacio. Impresionado por sus palabras tomó una decisión: de mayor quería ser como ellos.
La vida y la obra de Columbano son un testimonio del poder de una vida completamente consagrada a Jesús con una clara misión centrada en Cristo.
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