El País ha publicado en su edición de este sábado un bochornoso artículo sobre el crecimiento de iglesias evangélicas en la zona de Carabanchel.
Los pies del evangelista Lucas echaban sus raíces en el suelo sin dejar por ello de mirar al cielo.
Jesús no vino a aparentar nada ni hizo jamás distinción entre personas, y seguía un principio que sigue hoy también: visita y atiende a quien le abre su casa, su corazón.
Raramente se escucha a alguien quejándose por no poder llorar; más común es escuchar frases hechas blandidas cual verdades absolutas que no dejan bien a los que lloran. Sin embargo Jesús sorprendió a sus discípulos afirmando: “Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación.”
Uno de cada siete habitantes del planeta vive en la indigencia. Los seis restantes: ¿son todos ellos responsables por igual de esta cruel realidad? Las bienaventuranzas enseñan que el Señor Jesucristo otorga el Reino de los cielos a los pobres. ¿Qué recompensa reciben los que no son pobres?
Los que reciben la doctrina de Cristo sufren algún tipo de discriminación, dependiendo de la cultura donde vivan. También sufren persecuciones, encarcelamientos, torturas y muerte a manos de los poderosos de turno. Todo ello por no negar el nombre de Jesucristo bajo ninguna circunstancia1.
Los cristianos tenemos una doctrina del cuidado de la creación que debemos empezar a tomar en serio.
Por razones históricas, el paganismo se asocia siempre con la superstición. Se ve como un fenómeno rural, propio de sociedades primitivas, que desconocen la existencia del único Dios.
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