El País ha publicado en su edición de este sábado un bochornoso artículo sobre el crecimiento de iglesias evangélicas en la zona de Carabanchel.
No hay papeleras destinadas al prójimo, pero sí hay muchas enseñanzas destinadas a hacerme mejor hijo de Dios.
Si uno pierde la visión del prójimo sufriente, no se diviniza por mucho que alabe y mire hacia arriba buscando ser de naturaleza celeste.
Las comunidades cristianas deben practicar la interculturalidad apoyadas en el concepto de projimidad que nos dejó Jesús.
¿Es que, acaso, nuestro tedio y cansancio de rituales y normas nos llevan a ser sordos e inactivos ante los graves problemas de un mundo injusto?
El intérprete de la Ley, queriendo justificarse, dijo a Jesús: ¿Quién es mi prójimo? Le respondió Jesús: Un hombre descendía de Jerusalén a Jericó.
En tolerancia activa hay un gran paso hacia adelante en la línea de la projimidad de la que nos habló Jesús.
Necesitamos la ayuda de Dios para que, siguiéndole como Maestro, hagamos que nuestra conversión tenga una repercusión grande y plena en la esfera social.
La vivencia de la espiritualidad cristiana no consiste en memorizar las verdades bíblicas, sino el ponerlas en práctica mirando a las realidades espirituales y a la situación de mi prójimo apaleado.
Todos los creyentes tenemos el deber inexcusable e ineludible de impulsar la paz. Que lo hagamos confiando en Tus fuerzas, pues nosotros estamos en debilidad.
El cumplir con la misericordia es un condicionante previo para ofrecer a Dios un auténtico culto.
Hay que usar la libertad comprometida de los cristianos de manera liberadora, amorosa, solidaria y muy humana, aunque nuestras perspectivas sean finalmente el mostrarles el camino de la vida eterna.
¿Cómo puede haber tantos y tantos que se llaman seguidores del maestro nadando en un espacio silente dando la espalda al grito de los sufrientes de la tierra?
La recompensa a esa abnegación no la hemos de esperar en el agradecimiento ajeno; que a veces no llega, si no en saber que todo lo que hacemos por el bien de otros es mandamiento Divino.
El Evangelio no implica solo mirar al cielo, porque también es el Evangelio de la misericordia y de la projimidad que demanda una fe activa de mano tendida hacia los que sufren.
El mundo está muy lejos del concepto de projimidad que nos dejó Jesús a pesar de que la tierra está llena de religiosos que son sordos al grito de los apaleados y heridos de la tierra.
Un poema inspirado en la parábola del Buen Samaritano.
En el Evangelio ni los hechos en compromiso con el prójimo deben estar por encima de las doctrinas, ni las doctrinas deben estar por encima de los hechos de amor y misericordia.
Si la religión nos aleja del prójimo sufriente, es una religión engañosa que practica una religiosidad vana.
Si Dios es amor y derrama su amor entre nosotros, el prójimo injustamente excluido también debe ser amado por nosotros, si es que queremos de verdad disfrutar de ese amor divino.
Tenemos que hablar de las dos dimensiones que debe tener la espiritualidad cristiana: la vertical y la horizontal.
La fe cristiana nos compromete con el mundo y con el prójimo apaleado y tirado al lado del camino.
Creer, siempre implica el compromiso de amor y de acción, el compromiso de trabajar por la justicia en el mundo.
La espiritualidad cristiana se podría definir así: estar aferrados a Dios, al Padre con una de nuestras manos, con nuestro corazón y también estar aferrados en compromiso con el prójimo.
No puede haber auténtica evangelización de espaldas al dolor del prójimo y sin mancharnos las manos en acciones concretas.
Ya sea a través del amigo, que conscientemente nos aguza, o sea a través del prójimo, que inconscientemente lo hace, necesitamos dar con la horma de nuestro zapato.
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