El País ha publicado en su edición de este sábado un bochornoso artículo sobre el crecimiento de iglesias evangélicas en la zona de Carabanchel.
“Vivimos una situación de salud crítica”, dice la coordinadora del proyecto de alimentación de Alianza Solidaria en el país. La entidad hace un llamado a colaborar con el proyecto coincidiendo con el #GivingTuesday, un día para pensar en los demás.
Caminemos, pues, dándonos la mano y uno delante del otro, llevando unos las cargas de los otros, y cumpliendo así la ley de Cristo, máxime cuando experimentamos que nadie que haya aliviado el peso de sus semejantes habrá fracasado en este mundo.
El Buen samaritano, no pasaba de largo cuando había alguien tirado en el camino; lo recogía, curaba, le buscaba alojamiento y le aseguraba el mañana.
Llamo con urgencia para redefinir la misión de la Iglesia Cristiana en un mundo predominantemente pobre, despojado, empobrecido.
Ser rico no es inmoral. Serlo sin invertir en lo que vale la pena lo es.
Las iglesias locales sanas y centradas en el evangelio son la manera ordenada por Dios para ministrar en los lugares difíciles.
El evangelio dice que no pongamos nuestra confianza en las cosas materiales donde el orín las pudre.
Dios nos enseña que pocas cosas hay más espirituales que ayudar a los que lo necesitan; que el ayuno que él espera de nosotros es que demos de comer al hambriento. Así de sencillo.
Hay que tener mucho cuidado para que muchos valores de una sociedad injusta, los valores en contracultura con la Biblia, no se metan por las grietas y resquicios de los muros de nuestras iglesias.
Los pobres os preguntarán que por qué vais así, por qué vais tan cargados, por qué no queréis ir ligeros de equipaje.
El pastor Ángel Manuel Hernández simuló ser una persona sin recursos para comprobar si existe, o no, aporofobia en la iglesia. El original gesto ha tenido eco en los medios locales de Canarias.
La acumulación de riqueza por unos pocos dejará de ser tolerable cuando la acumulación de riqueza no sea aquello para lo que la sociedad entera vive.
Los cristianos debemos sentirnos interpelados en nuestra responsabilidad ante el prójimo viviendo la tensión a que las injusticias sociales y las estructuras de pecado y económicas de poder someten los valores bíblicos.
Cuando lo tienes todo, pierdes la capacidad de agradecer, la belleza del proceso de conseguir y la fascinación de admirar.
El mundo pobre también se mete en el corazón de nuestras ciudades ¿Es que, acaso, en esta Navidad no hay lugar para muchos en el mesón de la abundancia y el derroche?
Expreso mi preocupación para que podamos ampliar tanto la visión como la acción solidaria.
Una civilización del consumo, tal y como la que existe en el mundo rico, no es universalizable.
Tú, Señor, nunca convertirás las piedras en pan ni por caprichos egoístas de nadie, ni para engordar a los ya satisfechos.
¿Nos parece bello y digno de imitar los valores de este sistema mundo que ve la riqueza como prestigio?
Somos individualistas insolidarios cuando respiramos exclusivamente por nuestra propia herida.
Lo que falta en el mundo es llegar a ser responsablemente conscientes del hambre de tantas personas.
El Índice de Percepción de la Corrupción sitúa al país en su peor resultado histórico, manteniéndose la misma puntuación que el año anterior.
Según el informe de Oxfam Intermón sobre la desigualdad, los ricos son cada vez más ricos: solo ocho hombres tienen la misma riqueza material que 3.600 millones de personas.
Aterra pensar en lo que la humanidad se ha convertido olvidando las directrices del Creador, y en lo injusto y atroz de sus repartos.
Al raso, como los pastores de Belén, helados en medio de la fría noche. Es posible que, también, en la noche navideña nazcan niños en los campos de refugiados.
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