El País ha publicado en su edición de este sábado un bochornoso artículo sobre el crecimiento de iglesias evangélicas en la zona de Carabanchel.
El problema por el que Dickens se aleja de la fe ortodoxa, para abrazar el deísmo unitario, es su incapacidad para ver la Providencia de Dios en la vida.
En el relato de Tirso, Dios pierde su carácter de Padre misericordioso y aparece como juez severo, implacable.
A este estilo se le llama divulgativo porque expone conceptos especializados con un lenguaje comprensible.
Sus libros de apologética han convencido a muchas personas de la verdad de la fe cristiana, pero su imaginativa prosa ha demostrado también un poder liberador, que nos hace esperar un mundo mejor.
La paradoja de este libro es que a pesar de todo lo que dice en contra suyo, después de leer la novela, dan ganas de leer la Biblia.
Las exigencias que enfrentamos hoy no son tan distintas de las que experimentaron los reformadores del siglo XVI.
En el sermón del monte Jesús beatifica a los pobres y a los que tienen hambre y sed de justicia.
Sancho hizo lo más y mejor que pudo por los habitantes de la ínsula Barataria, igual que lo hizo Jesús por los habitantes de Jerusalén.
Desde su situación particular, cada una de las personas estudiadas desarrolló una visión propia de la Reforma que contribuyó a su articulación más completa y diversa.
Moisés estuvo cuarenta años gobernando por el desierto al pueblo hebreo que salió de Egipto. Y después de semejante esfuerzo y heroicidad, Jehová no permitió que entrara con su pueblo a la tierra prometida.
Estamos, por lo tanto, ante el testimonio de una persona que ha sido evangélica y conoce el lado más oscuro de este mundo.
Destacó por su profundidad lírica y su constante intento de hacer una poesía analítica.
El segundo de los diez mandamientos que Jehová dictó a Moisés en al famoso decálogo, dice: “No te harás imagen”.
El hombre sin honra es semejante a las bestias. Honra es pasar por alto la ofensa.
Sus libros tratan sobre el temor de que nuestra vida sea destrozada por esos secretos, que a la mínima oportunidad se pueden convertir en seísmos devastadores.
Quien gobierna juzga; quien juzga gobierna.
Si Fernando Savater se considera escritor de “una discreta segunda fila”, digo de mí que yo estoy formado varias filas más atrás que él.
Después de dar vida a la primera pareja humana, Dios advierte contra los inconvenientes de la soledad.
La cruz y la resurrección juntas —y solo juntas— nos dan la forma básica o patrón por el que los cristianos “viven a la luz de la nueva creación”.
Sobre la relación entre la historia latinoamericana y la historia de la iglesia queda claro que la primera es inseparable de la segunda, con un fuerte énfasis abarcador y omnicomprensivo.
Martín Lutero, ese extraño monje que vivió en Alemania hace 500 años, sigue presente en el imaginario de las iglesias evangélicas como una especie de bandera que se desempolva en ocasiones especiales.
La figura de Orwell se nos antoja todavía a la de un profeta sombrío, cuando lo cierto es que la realidad ha ido más allá de sus más oscuros vaticinios.
Es imposible olvidar el énfasis religioso, metafísico y cuasi teológico de muchos versos machadianos.
Se prolongan las razones que Don Quijote tiene sobre la incapacidad de Sancho para gobernar la ínsula. Luego llegan los consejos.
La mirada que les propongo no va tanto de cifras y aspectos particulares, tremendos, sino de ver la ideología, la motivación, el modelo mental del alzamiento, que dura hasta nuestros días.
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