El País ha publicado en su edición de este sábado un bochornoso artículo sobre el crecimiento de iglesias evangélicas en la zona de Carabanchel.
Lo cristiano no puede estar en otro sitio que no sea escuchando y acogiendo el clamor, el dolor, las lágrimas y las miserias del mundo.
La película muestra a un mundo exhausto de luchar y todavía incapaz de rendirse, esperando, sin saberlo, una paz que no puede darse a sí mismo.
La alegría cristiana no nace de que todo vaya bien, sino de saber quién camina con nosotros.
La serpiente hirió el calcañar, pero Cristo aplastó su cabeza. Y en esa victoria, cada mujer encuentra su verdadero lugar
Recordad siempre: sois hijas de un Dios que os ama tal como sois. Vuestra voz tiene valor. Vuestra fe tiene poder. No dejéis que nadie os diga lo contrario.
La película habla de una vieja habilidad humana: la de levantar arquitecturas de poder sostenidas por relatos cuidadosamente diseñados.
Tras años de servicio en el ministerio carcelario, el pastor Toni Quesada impulsa un proyecto que busca reintegrar socialmente a las personas en situación post penitenciaria.
Si Dios pudo hacer florecer la vida del lugar más oscuro de la historia, puede hacer brotar esperanza en cualquier grieta de nuestra historia personal.
La cinta retrata con precisión ese cansancio que no es solo físico —aunque también lo sea— sino mental.
Tal vez el mayor milagro es cuando Dios abre un corazón; porque una casa se convierte en altar, una mesa en misión, y una vida común en historia eterna.
El amor y la educación están vinculados con la violencia, si no, nos han dicho que no es amor ni es educación. Este es uno de los grandes errores que se nos han transmitido generación tras generación.
La película nos sitúa en la cautividad de Miguel de Cervantes en Argel. Pero el verdadero cautiverio que le interesa a Amenábar no es físico ni político: es narrativo.
¿Cuántas veces el mal no actúa solo, sino acompañado por la pasividad de muchos?
Para Cárdenas, el propósito de Brahms es demostrar la victoria de Dios sobre la muerte a fin de que cada creyente la haga suya.
En Sueños de trenes nadie parece preguntarse demasiado por el sentido de las cosas. Se vive porque toca vivir. Se trabaja porque el día avanza aunque uno no lo mire.
Cuando todo golpea a la vez... la naturaleza, la ausencia, la muerte... aprendemos a distinguir lo esencial, y entonces la invitación no es a ser fuerte, ni a entenderlo todo, sino a refugiarse.
The Pitt no promete consuelo inmediato. No ofrece un Dios funcional que arregla finales. Ofrece algo más cercano al Dios bíblico: presencia en medio del caos, no evasión del mismo.
La pregunta que articula la película es a quién dejamos entrar. ¿A quién permites que habite tu intimidad, tu deseo, tu tiempo, tu imaginación?
No estamos llamados a interpretar los misterios que reposan en la mente de Dios, sino a encarnar el amor que él ya nos reveló.
A Kennett Loftus se le recuerda como el arqueólogo que excavó en Uruk, Larsa, Susa y Nínive. En Uruk y Larsa fue un pionero, y en Susa su contribución fue mucho mayor de lo que él mismo creía.
Sylvia Earle nos confronta con una pregunta incómoda: ¿Qué estamos haciendo con lo que se nos confió?
¿No has buscado alguna vez a un Dios a medida que haga o deshaga según tus deseos?
La restauración no empieza cuando cambiamos, sino cuando nos rendimos. No necesitamos nuevas estrategias, sino el rostro de Dios.
Siete voces relatan cómo han vivido la migración, el día a día de sus familias en Venezuela y las emociones encontradas tras la caída de Maduro: la alegría, el temor y el anhelo de justicia y libertad.
Los imperios de nuestro tiempo actuarán como lo hacen los imperios. Nuestra labor es decir la verdad y construir el reino de Dios. Por Jason Mandryk.
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