El País ha publicado en su edición de este sábado un bochornoso artículo sobre el crecimiento de iglesias evangélicas en la zona de Carabanchel.
Solo el Altísimo puede transformar nuestros miedos en bendición y reorientarlos hacia promesas maravillosas.
El hecho de que el Creador sobrenatural se humanara en un indefenso niño de carne y hueso es el evento más extraordinario de la historia de la humanidad.
Muchos eruditos de la Biblia se engañan cuando afirman que ésta presenta la imagen de un mundo físico copiada de los mitos mesopotámicos o egipcios.
¿Estarán en lo cierto los partidarios del Diseño inteligente cuando afirman que la actual complejidad de todos los seres vivos no se ha podido producir por medio del azar sino que procede de la inteligencia?
Los problemas que plantean los últimos descubrimientos biológicos al evolucionismo son cada vez más numerosos y esto constituye un importante empuje para el Diseño Inteligente.
En función de lo que sabemos, es muy poco probable que se produzca el Big Crunch porque, en vez de frenarse, el cosmos está acelerando su expansión.
Actualmente hay que reconocer que solo sabemos cómo es el 15% del universo. Realmente es mucho todavía lo que nos queda por descubrir.
La ciencia desconoce lo que es en realidad esta energía oscura que tira del espacio y lo expande de manera acelerada.
Si una galaxia se estuviera acercando a la Tierra, deberíamos ver su luz ligeramente desplazada hacia el color azul. En cambio, si se alejara de nosotros, su luz estaría desplazada hacia el rojo.
Cada pueblo inventó sus propias constelaciones, aunque solo se impusieran por motivos históricos las que han llegado hasta el presente.
El origen del universo no tuvo ningún centro o lugar de inicio ya que el espacio todavía no existía. Por no existir, no existía absolutamente nada, ni espacio, ni energía, ni materia, ni tiempo.
Algunas de las estrellas más brillantes que pueden verse a simple vista en el firmamento nocturno, nos muestran la luz que emitieron hace unos veinte, doscientos o dos mil años.
La luz simboliza a Dios o a su Palabra, mientras que la oscuridad se refiere a toda oposición a Dios.
El polvo de las estrellas nos dio los elementos necesarios que requieren nuestros cuerpos materiales pero solo el soplo divino nos convirtió en seres vivientes.
Lo que predomina en el cosmos no son los cuerpos celestes, como planetas, satélites, estrellas o galaxias, sino el inmenso vacío que los envuelve. Un vacío oscuro, frío, silencioso y aterrador.
Este planteamiento tan especulativo del multiverso o de los universos burbuja tiene más de filosófico que de científico y responde al deseo de no querer aceptar lo que resulta evidente.
Ninguna forma de vida, mucho menos la nuestra, podría haber prosperado en un cosmos estático y eterno, bombardeado continuamente desde la eternidad por una radiación tan intensa y letal como la que nos llegaría de las interminables estrellas.
La manera común que tenemos de entender el tiempo en la vida cotidiana es solamente una ilusión de nuestros sentidos.
Que la radiación solar sea idónea para la vida en la Tierra depende de varias “coincidencias” extraordinarias y altamente improbables que se dan en la naturaleza.
No solamente deja pasar la luz adecuada a la vida sino que, a la vez, evita las radiaciones peligrosas que podrían acabar con ella.
Si no hubiera oxígeno, la vida en la Tierra estaría limitada a organismos minúsculos como los microbios.
Es sorprendente que todas estas propiedades físicas y químicas del agua, que se han ido mencionando, colaboren entre sí a distintos niveles con la única finalidad de hacer posible la vida en la Tierra.
No se conocen otros compuestos de la corteza terrestre, ni de la atmósfera, capaces de adoptar los tres estados estados físicos (líquido, sólido y gaseoso) en las condiciones ambientales de la Tierra.
En la Biblia ya se sugería que Dios es grande porque “atrae las gotas de las aguas, al transformarse el vapor en lluvia, la cual destilan las nubes, goteando en abundancia sobre los hombres” (Job 36:26-28).
Según el darwinismo social, el éxito de las sociedades se debería a la supervivencia de los más fuertes. Y tal supervivencia estaría siempre moralmente justificada, independientemente de los medios que se usaran para lograrla.
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