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Reformadores radicales: precursores olvidados de la tolerancia (V)

Reina y Corro compartían inquietudes teológicas e intelectuales y eran dados a intercambiar entre sí obras de autores radicales.

KAIRóS Y CRONOS AUTOR 84/Carlos_Martinez_Garcia 06 DE ABRIL DE 2025 09:00 h
Estatua dedicada a Casiodoro de Reina, en Santiponce./ D. Hofkamp

[En el siglo XVI] Pilgram Marpeck argumentó que una consecuencia importante de otorgarle al gobierno una función en la Iglesia era la dependencia de católicos y protestantes del poder militar para defenderse unos contra otros. Menno Simons planteó la misma cuestión. ¿Cómo podían estas iglesias ser verdaderas iglesias cuando usaban unas contra otras la espada carnal, que destruía y mataba, en lugar del ejercicio de la disciplina interna, que preservaba y reivindicaba? Marpeck se refirió repetidamente a sus acciones como [supuestamente] "semejantes a Cristo", pero en realidad le negaban su papel de Señor en la Iglesia. Afirmó que en la Iglesia "no hay coerción, sino un espíritu voluntario en Cristo Jesús, nuestro Señor[...] Ningún poder externo tiene derecho a gobernar, beneficiarse ni regir en el reino de Cristo".



Walter Klaassen[1]



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Al igual que los reformadores radicales David Joris y Sebastián Castellio también los ex monjes jerónimos, Casiodoro de Reina y Antonio del Corro, convertidos al cristianismo evangélico/protestante, padecieron persecución y escribieron al respecto. En los dos españoles claramente influyó Sebastián Castellio, quien a su vez tuvo apertura a las ideas de Joris sobre tolerancia y libertad de conciencia. Reina y Corro debieron huir de Sevilla a finales del verano, tal vez principios del otoño, de 1557 para evadir a la Santa Inquisición, sobre la que tenían fundadas sospechas podría irrumpir en el monasterio de San Isidoro del Campo para llevar a juicio a los monjes bajo la acusación de herejía.[2]



Reina y Corro compartían inquietudes teológicas e intelectuales y eran dados a intercambiar entre sí obras de autores radicales. De esto quedó constancia en la misiva escrita el 24 de diciembre de 1563 por Antonio del Corro a Reina. En la misiva Corro comenta sobre su interés de leer escritos de Gaspar Schwenckfeld, Valentino Crotaldo, Andreas Osiander, Justus Velsius, Jacob Acontius, y Pedro Mártir Vermigli, al respecto solicita la opinión de Casiodoro.[3]



Al llegar a Ginebra, hacia finales de 1557, Reina estaba bien compenetrado en las propuestas de reformadores radicales como Juan de Valdés y Bernardino Ochino, entre otros.[4] El canal que hizo llegar libros a Casiodoro y sus compañeros de monasterio fue Juan Pérez de Pineda. Éste decidió salir de Sevilla en 1549 o en 1550. Exiliándose primero en París y más tarde en Ginebra.[5] Conoció bien a Juan Calvino e incluso fue con él en 1556 a realizar una misión en Frankfurt.[6]



Pérez de Pineda estuvo muy activo en Ginebra en lo referente a editar obras para reforzar los núcleos disidentes españoles con materiales de tendencia protestante. En dicha ciudad “hizo imprimir seis obras: en concreto, dos traducciones bíblicas de cosecha propia (los Salmos y el Nuevo Testamento), dos traducciones de comentarios bíblicos de Juan de Valdés (de la Epístola a los Romanos y de la Primera Epístola a los Corintios), un catecismo (Sumario breve de la doctrina christiana hecho por vía de preguntas y respuestas) –el único publicado con su nombre– y una obra polémica, quizá la invectiva más virulenta de la época contra la Iglesia Católica: la traducción castellana de la Imagen del Antechristo, del protestante italiano Bernardino Ochino”.[7]



Una vez producidos los libros el reto era introducirlos a España. La tarea la tomó Julián Hernández, asistente de Pérez de Pineda en la edición de las obras antes citadas. Julián tenía experiencia en la producción de libros, dado que “había trabajado como corrector de pruebas de imprenta de obras protestantes españolas tanto en Amberes como en Frankfurt”.[8] 



Julián Hernández, según documentos de la Inquisición, se convirtió al protestantismo en Alemania y llegó a ser “diácono en la congregación luterana de los valones en Frankfurt”. Incursionó en Sevilla con el objeto de proveer materiales a sus correligionarios en la fe, y a tal “secta había traído muchos libros […] para que los que los recibiesen [y] conociesen por ellos el derecho camino para la salvación de sus ánimas y también para guiar a las personas que se quisieren ir a Alemania para huir con los luteranos, a los cuales él tenía por cristianos”.[9] Era apodado Julianillo por ser, como lo describiría años después Cipriano de Valera, “muy pequeño de cuerpo”, originario de Villaverde de Medina de Rioseco, “enclave alumbrado”, y había huido de España en 1551 o 1552.[10]



Al menos en dos ocasiones Julianillo fungió de enlace entre Juan Pérez de Pineda y círculos partidarios de la Reforma en España. La primera vez visitó Aragón, en 1555, y llevó una misiva de Pineda a Miguel Monterde, en ella el remitente notificaba que deseaba “conocer qué disposición hay y en qué estado están las cosas de los píos afligidos por el amor de Dios”.[11] La segunda visita la realizó en julio de 1557 a Sevilla, para llevar de contrabando los libros que ayudó a editar en Ginebra y que antes han sido enlistados.



Julianillo cayó en manos de la Inquisición el 7 de octubre de 1557. Permaneció encarcelado más de tres años y la sentencia en su contra consignó que se había separado de la fe católica y ley evangélica, “habiéndose pasado a la dañada secta luterana”, creyendo “con pertinacia sus dogmas y herejías y errores y que para que en esta ciudad [Sevilla] pudiesen ser instruidos en la dicha secta había traído a ella muchos libros”. Los jueces lo declararon “hereje pertinaz luterano, fautor y encubridor de herejes”.[12] El veredicto contra Julianillo se cumplió el 22 de diciembre de 1560: muerte en la hoguera.



Haber vivido la intolerancia que lo hizo huir de Sevilla, así como la lectura de reformadores que tenían diferencias con Martín Lutero y Juan Calvino, hicieron particularmente sensible a Casiodoro de Reina cuando supo que en Ginebra “había muerto quemado vivo, encadenado a sus libros, en una hoguera encendida con leña verde su compatriota Miguel Servet”.[13] La ejecución fue por “falta de caridad”[14] y, según Reina, “el señor Calvino habría hecho quemar a Servet en Ginebra injustamente y por envidia”.[15]



Mientras estuvo en Ginebra, Casiodoro de Reina formó parte de la iglesia de exiliados italianos, la cual mantenía una posición “veladamente crítica con la política y doctrina de Calvino”. En tal contexto, Reina “expresó en público opiniones políticamente poco correctas. Defendió que los anabaptistas debían ser considerados como hermanos”. Además, en un acto temerario, tradujo del latín “al castellano y publicitó entre los refugiados españoles en la ciudad el De haereticis an sint persequendi, de Castellio”.[16]



Poco a poco Reina va marcando distancias con Calvino y sus discípulos. No permaneció mucho tiempo en Ginebra, más o menos un año, porque estaba en desacuerdo con Pérez de Pineda, quien “seguía las directrices oficiales de la Iglesia de Ginebra en lo [respectivo] a los anabautistas. Reina rechazaba el rigor contra otros protestantes y seguramente por ello persuadirá entonces a algunos miembros de la congregación española –entre otros, sus padres, sus hermanos y el prior del monasterio de Sevilla, Francisco Farías– a irse con él a Londres”.[17]



Por la decisión de salir de Ginebra “el pastor Juan Pérez llamará a Reina, tal vez con una cierta ironía, el Moisés de los españoles”, por haber encabezado el éxodo a Inglaterra.[18] Y es que en Casiodoro “reinaba una conciencia autónoma como en Servet. Reina llegó a ejercer en Ginebra cierta influencia perturbadora entre el grupo de refugiados españoles, diciendo que [la ciudad] era la segunda Roma, provocando aun al mismo Pérez a disputar con él”.[19]



Con la esperanza de tener mejores condiciones para su ministerio Reina salió de Ginebra hacia Londres, hizo escala en Frankfurt, donde se encontró con Antonio del Corro.[20] Llegó a la capital inglesa a fines de 1558 o principios del siguiente año. Elizabeth I ascendió al trono el 17 de noviembre, y fue coronada como reina el 15 de enero de 1559. El cambio político en la corona inglesa atrajo al país refugiados protestantes de muchas partes de Europa, Casiodoro entre ellos.



Otro monje de los que huyeron en 1557 del Monasterio de San Isidoro del Campo, Cipriano de Valera, también salió de Ginebra aunque por razones distintas a las de Reina, ya que el primero no tuvo dificultades con la “fe calvinista a la cual siempre fue fiel, y a la cual directamente contribuyó con su traducción de las Instituciones de Calvino, que es también una obra clásica del castellano del siglo XVI por su prosa y complejidad teológica magníficamente expresadas en la enjundiosa traducción tan castiza de Valera”. Como Ginebra estaba “saturada de refugiados”, tal situación limitaba las oportunidades ministeriales y Valera consideró tendría mayores posibilidades para ejercer sus talentos en Inglaterra.[21]



Ya instalado en Londres, Reina intensifica las tareas de traducción bíblica, a la vez que solicita de la Reina Isabel I su venia para iniciar la Iglesia española en la ciudad. En 1560 el permiso le es otorgado y junto con sus feligreses ocupa el templo de Santa María de Axe. En retribución a su labor recibe apoyo real por 60 libras anuales. Uno de los congregantes era Cipriano de Valera. La congregación que pastoreaba, Reina abrió sus puertas a italianos y neerlandeses rechazados en otras iglesias.[22]



Entre los documentos para fundamentar la solicitud con el fin de iniciar la Iglesia española, Casiodoro de Reina presentó el 21 de enero de 1560/1561 la Confesión de fe christiana, hecha por ciertos fieles españoles, los quales, huyendo [de] los abusos de la iglesia Romana y la crueldad de la Inquisitión de España, dexaron su patria, para ser recibidos de la Iglesia de los fieles, por hermanos en Christo.[23] La escribió en latín y en 1577 la publicó en español, “para que su confesión de fe llegara a España (en secreto, obviamente) y para animar y edificar a los pocos protestantes españoles que permanecían allí”.[24]



En la edición de 1577, cuando ya estaban bien diferenciados los grupos confesionales, Reina consideraba que su Confesión comprendía “todos los artículos o fundamentos de nuestra religión, que el mundo ahora llama luterana, nueva, herética, etc.; y nosotros cristiana, antigua, católica, tan necesaria a los hombres, que fuera de ella no haya salud”.[25]



Para los críticos de Reina su Confesión era ambigua, según la particular ortodoxia de quien la juzgara desde la óptica de una de las familias confesionales protestantes que se estaban consolidando en la segunda mitad del siglo XVI. Acerca de la Trinidad, la que aceptaba con ciertos matices conceptuales, Reina afirmó: “creemos hallarse estas tres personas en la misma substancia, naturaleza y esencia de un Dios”, sin embargo, acotaba, que “ni la palabra ‘Trinidad’ ni la palabra ‘Persona’ aparecían en la Biblia”.[26] Apuntó que la enseñanza sobre la Trinidad surgió en un momento histórico de confrontación doctrinal, realidad que le hizo conformarse “con toda la Iglesia de los píos”, por lo cual admitió “los nombres de Trinidad, y de persona, de los cuales los Padres de la Iglesia antigua usaron, usurpándolos (no sin gran necesidad) para declarar lo que sentían contra los errores y las herejías de sus tiempos acerca de este artículo”.[27]



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Otro apartado de la Confesión que le atraería problemas a Reina fue el relativo al bautismo, sobre todo el punto tercero, donde escribió: “Y aunque no haya expresa mención en la Divina Escritura que el bautismo se dé a los niños antes que tengan uso de razón, nos conformamos empero con la Iglesia del Señor, que tiene por más conforme a la misma Escritura dárselo que dejar de dárselo, pues que por beneficio del Señor, y por su promesa, no menos pertenecen a su alianza que los Padres”.[28]



La que sus adversarios consideraban ambigüedad doctrinal le atrajo la animadversión de las iglesias de extranjeros existentes en Londres, “ya que todas eran calvinistas”.[29] Nicolás des Gallars ex secretario de Juan Calvino, estaba en Londres desde 1560, llegó enviado por el consistorio de Ginebra para organizar la Iglesia francesa en la ciudad, donde permaneció hasta 1563. En 1564 recibió el nombramiento pastoral de la Iglesia calvinista de Orleans.[30] La relación de Reina con Gallars era, por decir lo menos, tensa debido a las críticas levantadas por el español a Calvino.



Notas



[1] Walter Klaassen, “The Anabaptist critique of Constantinian Christendom”, The Mennonite Quarterly Review, vol. 55, núm. 3, 1981, p. 227.



[2] Carlos Martínez García, Casiodoro de Reina: traductor de la Biblia del Oso publicada en 1569, Papiro 52, México, 2020, p. 62.



[3] “Carta de Antonio del Corro a Casiodoro de Reina”, en Obras de los reformadores españoles del siglo XVI, tomo I, Centro de Investigación y Memoria del Protestantismo Español-Mad Eduforma, Sevilla, 2006, p. 217.



[4] Doris Moreno, Casiodoro de Reina. Libertad y tolerancia en la Europa del siglo XVI, Centro de Estudios Andaluces, Sevilla, p. 93.



[5] Ibid., p. 52 y 87.



[6] A. Gordon Kinder, Three Spanish Reformers of the Sixteenth Century: Juan Pérez, Casiodoro de Reina, Cipriano de Valera, tesos de doctorado, Universidad de Sheffield, Departamento de Estudios Hispánicos, 1971, p. 36.



[7] Ignacio García Pinilla, “Lectores y lectura clandestina en el grupo protestante sevillano del siglo XVI”, en Vega, María José y Nakládalová, Iveta, Lectura y culpa en el siglo XVI, Universidad Autónoma de Barcelona, Bellatera, 2012, p. 46.



[8] A. Gordon Kinder, Casiodoro de Reina. Reformador español del siglo XVI, Sociedad Bíblica de España, Madrid, 2019, p. 38



[9] Ernst Hermann Johann Schäfer, Protestantismo español e Inquisición en el siglo XVI, vol. 2, segunda edición, Francisco Ruiz de Pablos (traducción e introito), Centro de Investigación y Memoria del Protestantismo Español, Sevilla, 2015, pp. 417-418. 



[10] Cipriano de Valera, Los dos tratados del Papa y de la misa, (1588 y 1599), segunda edición, Colección de Reformistas Antiguos Españoles, Madrid, 1851; p. 249; Doris Moreno, op. cit., p. 53.



[11] Michel Boeglin, “Aspectos de la Reforma en Aragón a finales del reinado del Emperador. El proceso del rector Miguel Monterde”, Manuscrits. Revista d’Història Moderna, vol. 30, Universidad Autónoma de Barcelona, 2012, p. 144.



[12] Ernst Hermann Johann Schäfer, op. cit., p. 417.



[13] Doris Moreno, op. cit., p. 93.



[14] Justo L. González, Luces bajo el almud, Editorial Caribe, Miami, 1977, p. 60.



[15] A. Gordon Kinder, Casiodoro de Reina. Spanish Reformer of the Sixteenth Century, Tamesis Books Limited, Londres, 1975, p. 103.



[16] Doris Moreno, op. cit., p. 93.



[17] Jorge Ruiz Ortiz, “La Confesión de fe de Casiodoro de Reina, ¿una Confesión reformada?”, p. 3, Aletheia, núm. 2, 2003, pp. 47-68. La versión citada en este libro es un documento de Word y su paginación es distinta a la publicada en la revista; A Gordon Kinder, Casiodoro de Reina. Spanish Reformer of the Sixteenth Century, p. 20.



[18] Jorge Ruiz Ortiz, op. cit., p. 3.



[19] José C. Nieto, El Renacimiento y la otra España. Visión cultural socioespiritual, p. 469.



[20] Doris Moreno, op. cit., p. 94; Enrique Fernández y Fernández, Las Biblias castellanas del exilio, Editorial Caribe, Miami, 1976, p 113.



[21] José C. Nieto, op. cit., p. 465.



[22] Ibid., p. 465; Carlos Gilly, Historia de la Biblia de Casiodoro de Reina, documento fotocopiado, Basilea, 1998, p. 2.



[23] A. Gordon Kinder, “La Confesión española de Londres, 1560/1561”, Diálogo Ecuménico, t. XIII, núm. 48, Universidad Pontificia de Salamanca, 1978, p. 568. Kinder aclara: “Hay que recordar que por aquellos tiempos Inglaterra celebraba el día de Año Nuevo el 25 de marzo. Por tanto, enero, febrero y marzo estaban incluidos en lo que ahora consideramos como el año anterior”. Es decir, en Inglaterra el 21 de enero todavía correspondía al año 1560, mientras en otros países de Europa al año 1561.



[24] Andrés Messmer, “Introducción”, en Casiodoro de Reina, Declaración o Confesión de fe, Declaración o Confesión de fe, s/e, s/l, 2019, pp. 2-3. En 1978 A. Gordon Kinder “publicó una edición de la Confesión española de Reina que había encontrado en una publicación bilingüe alemán-español que data de 1601; aunque por desgracia la edición de 1601 es diferente de la de 1577 de forma sustancial”.  Andrés Messmer, op. cit., p. 3.



[25] Casiodoro de Reina, Declaración o Confesión de fe hecha por ciertos fieles españoles que huyendo de los abusos de la Iglesia romana y de la crueldad de la Inquisición de España, hicieron a la Iglesia de los fieles para ser en ella recibidos por hermanos en Cristo (1577), Equipo Credo, Lima, 2023., p. 27.



[26] Doris Moreno, op. cit., p. 108.



[27] Casiodoro de Reina, Declaración o Confesión de fe hecha por ciertos fieles españoles, p. 37.



[28] Ibid., p. 63.



[29] Raymond S. Rosales, Casiodoro de Reina, patriarca del protestantismo hispano, p. 102.



[30] Doris Moreno, op. cit., p. 255.


 

 


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