El País ha publicado en su edición de este sábado un bochornoso artículo sobre el crecimiento de iglesias evangélicas en la zona de Carabanchel.
Los estados se enfrentan a amenazas reales y, a veces, el mal solo puede frenarse por la fuerza. Pero la lección es clara: la guerra es profundamente ineficaz para crear justicia, reconciliación u orden duradero.
Los valores de dignidad humana, perdón, reconciliación, justicia y la igualdad de todas las personas ante Dios, moldearon profundamente la civilización europea a lo largo de los siglos.
Solo el perdón traerá la verdadera reconciliación, y podrá cortar con la maldición que asola tantos corazones en nuestra nación.
En momentos como estos, cuando el sonido de la guerra llena nuestras noticias, nuestras calles e incluso nuestras oraciones, surge una pregunta inevitable: ¿cuál es el corazón de Dios en medio de tanto sufrimiento?
Volverán sus espadas en rejas de arado, y sus lanzas en hoces; no alzará espada nación contra nación, ni se adiestrarán más para la guerra.
A todos aquellos pecadores que creemos en Él y le recibimos como Señor, Salvador y Maestro de nuestras vidas, Dios nos reviste con el ropaje resplandeciente de su santidad, justicia y verdad.
El desarrollo de la tregua entre Hamás e Israel, que ha permitido la liberación de rehenes y la entrada de ayuda humanitaria en Gaza, abre el debate sobre qué pasos podrían darse para hallar una solución a un conflicto siempre al borde del estallido.
A los seguidores de Jesús no se les reconoce por su orientación política, sino por su afiliación al Dios de la paz.
Pocos recuerdan lo temerosos e inciertos que fueron los años de posguerra de finales de los 40, con vidas, familias y naciones destruidas. ¿Cómo reconstruir a partir de semejante quebranto?
Tenemos que aprender a mantener relaciones sanas y transparentes con nuestros hermanos, con nuestras familias y con nuestros amigos para no dar lugar al enemigo de nuestras almas.
Un relato de primera mano sobre una visita a las iglesias, a los héroes de la fe en un contexto musulmán y al trabajo pionero entre mujeres, niños y ex-drogadictos.
Hay esperanza de paz. Pero no reside en una estrategia de represalia, sino en un regreso a la mesa de negociaciones.
Un granjero que conocí acababa de dejar la Iglesia Luterana y se había unido a una comunidad neopagana. “A diferencia del cristianismo, aquí la gente vive en armonía con la naturaleza”, me dijo. “Aquí, el hombre sigue siendo hombre y la mujer, mujer”.
La propuesta de establecer una Alianza Evangélica regional en Kaliningrado fue bien recibida y se ha empezado a trabajar en la formalización de las estructuras.
He visitado la región varias veces y siempre me ha sorprendido la vitalidad de los pequeños pero crecientes círculos evangélicos que existen entre los caucásicos.
Desde hace algún tiempo, la derecha política alemana utiliza el término “remigración” para buscar una limpieza étnica en el país. Estas opiniones no pueden justificarse desde una perspectiva evangélica.
Todo el cosmos se desplaza en busca de buenas noticias. Si este no es nuestro momento de buenas noticias, ¿qué pensamos de cómo será ese momento?
Qué urgentes son los problemas de nuestro mundo y qué anticuadas las soluciones propuestas en el Foro Económico Mundial de Davos. La pérdida de confianza y la pérdida de fe posiblemente vayan de la mano.
Pude descubrir el verdadero significado de la Nochebuena. Fue entonces cuando yo mismo tuve mi encuentro personal con ese buen Dios que desde siempre me había estado buscando para restaurar.
La maratón de desprestigio continúa allí donde las personas como yo buscan una posición equilibrada. ¿Cómo detener esta avalancha que perjudica sobre todo a los ucranianos?
El organismo evangélico ha publicado un documento que aborda el nuevo plan de Naciones Unidas para impulsar la paz.
Nosotros, cristianos evangélicos, lloramos con todos los que han sufrido y llamamos a los cristianos de todo el mundo a recordarles especialmente en sus oraciones.
Los cristianos somos llamados a actuar como reconciliadores en un mundo no reconciliado, en medio de las posiciones espinosas de los enemigos.
Más allá de las ideologías y los credos, están las personas. Y cuando se produce una química tan extraña como la que hubo entre Paisley y McGuinness, surge el entendimiento e incluso la complicidad.
En la guerra de Ucrania, especialmente, con todos sus subtemas religiosos, las iglesias deberían hablar entre ellas y abordar las raíces religiosas de esta guerra.
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