El País ha publicado en su edición de este sábado un bochornoso artículo sobre el crecimiento de iglesias evangélicas en la zona de Carabanchel.
Si quitamos de las Sagradas Escrituras el sacrificio expiatorio y propiciatorio que aparece desde Génesis hasta Apocalipsis, estamos mutilando una parte esencial de la revelación divina.
La Biblia concibe la burla como crueldad contra personas inocentes.
Si queremos llamarnos “cristianos”, discípulos y por tanto seguidores de Jesús, no deberíamos de renunciar nunca (¡nunca!) al Jesucristo que nos presentan las páginas del Nuevo Testamento.
Para la Biblia, la voluntad humana es libre y responsable. No está impuesta por Dios, aunque sí advertida.
Tener comunión es un asunto de actitud, de amor y del Espíritu Santo. Y cuando falta el amor, el Espíritu de Cristo está ausente; y eso por mucha verdad que se tenga o que se crea tener.
Tan tonto como lo creía el eclesiástico no era Don Quijote.
Muchos rechazan el amor de Dios sin más. Los tales se quedarán fuera; pero los que lo reciben disfrutarán de su presencia, su amor y su comunión desde aquí y por toda la eternidad.
En numerosas ocasiones a lo largo de la novela Sancho manifiesta estar dispuesto a dar su vida en defensa de su amo y señor. Pero ante la duquesa se porta como un escudero desleal.
La responsabilidad exige de cada ciudadano su contribución al bien común con aquello a lo cual ha sido dotado y llamado, comenzando desde el mayor hasta el menor.
Atendiendo a la opinión de Torrente Ballester, para quien el discurso de Don Quijote «es una de las mejores piezas de la novela», no quiero privar de ella al lector.
El “motor” y la motivación de los creyentes debía (¡debe!) ser el amor sin el cual no sería posible la “edificación de la Iglesia”.
“¡Don tonto! ¡Don tonto!, se lamenta Unamuno. ¡Y cómo te viste tratar, mi loco sublime, por aquél grave varón, cifra y compendio de la verdadera tontería humana!”.
La burla es el juego de los pequeños cerebros.
El guardar silencio, en algunos casos y sobre algunos temas, es una cuestión más de prudencia que de “no querer mojarse”.
El libro trata de una aproximación al Corán, libro sagrado para los musulmanes, y al islam como religión.
La Revelación divina no nos fue dada para que especulemos sobre ella, sino para nuestra vida práctica.
Nada ni nadie quitaba a Don Quijote su convicción del encantamiento. Pero un loco no coordina las ideas con tanta perfección, sean equivocadas o ciertas.
El Dios que conoce los corazones, nos sigue y nos seguirá confrontando todos con nuestra forma de ser; y Él sabe hasta qué punto su preciosa obra ha calado en nuestros corazones.
Se cuenta el acometimiento de Don Quijote contra las figuras del retablo.
Lo importante, es servir humildemente al Señor y bajo su dirección y en su nombre, llevar palabras de fe, esperanza, amor y restauración a los necesitados.
La inteligencia fue concedida al ser humano para dudar.
El estudiar teología es tarea de todo verdadero creyente. Cada uno desde su original encuentro con Dios, tiene como máximo objetivo el conocerle a él, a través de la persona de su Hijo Jesucristo.
Uno de los mayores especialistas del Quijote, Diego Clemencín, dice al comentar el Quijote que la historia del rebuzno fue una bufonada de Cervantes.
El contexto religioso al cual la iglesia pertenece y en el cual se mueve, no puede servir de coartada para encubrir el delito.
Si el origen de la toda sabiduría es Dios y el principio que rige para poder adquirirla es “el temor del Señor” no tenemos más remedio que aplicarnos a esas realidades.
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