El País ha publicado en su edición de este sábado un bochornoso artículo sobre el crecimiento de iglesias evangélicas en la zona de Carabanchel.
La excelencia de la fe consiste en dar firme asentimiento a verdades reveladas por Dios en Su Palabra. La incredulidad no es otra cosa más que la falta de fe.
Los últimos datos que he logrado reunir dicen que Estados Unidos ha reducido la ayuda económica a las iglesias evangélicas de Europa, lo que también afecta a España, en un 50%.
En Gibraltar, plaza de gran importancia en el inicio de la segunda Reforma, se instalaron hombres que habían llegado huyendo de la intolerancia y persecución religiosa.
En vez de darnos una luz, la del Evangelio, para que con ella nos abriésemos por nosotros mismos nuestro sendero a través de la senda del mundo, se nos lleva en él, dando tumbos, por caminos que no conocemos y a oscuras.
El cristianismo no está agotado. Cristo sigue siendo irreemplazable. La estrella que apareció en Belén y que regocijó al mundo con su ráfaga de luz no ha palidecido todavía.
Son necesarias para informar a la Iglesia acerca de su trabajo y de su economía. Pero prepararlas bien con antelación y rogar al Dios de la paz que no falte durante el tiempo que dura la reunión.
Poseemos suficiente religión para afirmar que somos hermanos, pero no la necesaria para identificarnos como amigos.
Queden los agoreros profetas de apocalipsis, visionarios de la negrura luciferina en sus predicciones catastróficas y vivamos nosotros confiados en las promesas de Dios.
¿Qué motivó el espectacular crecimiento de la Iglesia en Jerusalén?
Las ideas religiosas de Shakespeare, sus convicciones espirituales, su fe en el más allá forman en conjunto un tema que la mayoría de sus biógrafos eluden.
Para Cervantes, todo cuanto la Biblia dice es verdad, y en esa verdad descansaba su fe y su conciencia religiosa.
La imaginación de Cervantes transforma a un aldeano hidalgo, Alonso Quijano, en Don Quijote, hombre que del mucho leer libros de caballería se declara a sí mismo caballero andante.
Concluyo la presentación de 41 líderes evangélicos que nos precedieron hablando sobre Gabino Fernández, Federico Fliedner, Félix Moreno, Ramón Taibo, Juan Gili.
En este artículo escribo sobre Emilio Martínez, William Barber.
Hoy recordamos a Samuel Vila, Bernardo Sánchez, Antonio Martínez y Joaquín Serra.
Hoy recordaremos a José Grau y a Luis Ruiz Poveda.
En este artículo escribo sobre Francisco Palomares, Antonio Vallespinosa, José Alhama, Pedro Sala.
En este artículo hablo de José Flores, Manuel Gutiérrez Marín, José Solé.
En este artículo hablo de Ernesto Trenchard, José Martínez, Emiliano Acosta.
En este artículo hablo de Ambrosio Celma, Mariano San León, Santos Molina.
En este artículo hablo de José María Martínez, José Cardona.
En este artículo hablo de Antonio Carrasco, Agustín Arenales, Lorenzo Lucena, Miguel Trigo.
En este artículo hablo de Atilano Coco, Samuel Palomeque, Pedro Rubio y Cipriano Tornos.
Recuerdos sobre la vida y ministerio de Alberto Araujo, Carlos Araujo y Adolfo Araujo.
Inauguro una nueva sección en Protestante Digital para recordar a los grandes líderes evangélicos que nos precedieron y cuyos nombres están olvidados o casi.
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