El País ha publicado en su edición de este sábado un bochornoso artículo sobre el crecimiento de iglesias evangélicas en la zona de Carabanchel.
Gente cuyas palabras no cuentan pero cuyo número aumenta y para las cuentas de ingreso interesan.
Vivía como propios aquellos dramas que parecían eternos, sin soluciones, con la ventaja de no tener que salir de casa.
En mi opinión no existen dones naturales y dones divinos, para mí todo don proviene de Dios.
Hay evangelizadores obsesionados con alargar su lista de personas convertidas gracias a ellos, sin que ellos mismos estén luchando por convertirse un poco más todos los días.
A pesar de compartir vecindad, nadie conoce a nadie. Los saludos brillan por su ausencia.
Si uno participa, aunque sólo sea como oyente, en las conversaciones que genera esa enfermedad llamada envidia, se expone gravemente al contagio de tomar partido.
¡Cuánta falta hacen los que nos llevan ante Jesús cuando más lo necesitamos! Amigos y amigas que saben de nuestro padecimiento y nos ayudan.
Hacer buenas obras pensando en la recompensa, es no haber entendido el sentido de la fe.
Diciembre, el último de la fila, el postre, la guinda del pastel, final de ciclo, the end, ha dado paso a Enero que se ha abierto nuevo, limpio, con treinta y un días a estrenar.
Cuando todo esto empiece a hacerse presente en nuestras vidas gracias a la obra del Espíritu Santo y a nuestra voluntad de querer servirle, entonces disfrutaremos al proclamar a voz en grito: ¡Feliz Novedad!
A los seres humanos, toda creación desarrollada con amor nos hace avanzar, experimentar un nuevo génesis, cambiar nuestra vida, nuestras costumbres, hacernos personas nuevas.
Poco pueden hacer si esa iglesia, esos pastores y creyentes, se siente bien a gusto, viviendo entre las dos eses: lo Santo y lo sucio.
Somos las niñas que en el recreo tomaban leche en polvo en jarrillos de lata y, las privilegiadas, almorzábamos en comedores del auxilio social.
Doy gracias al Señor por todo lo que no veo de su obra, pues ocurren hermosuras que están presentes y no distingo.
Es necesario reconocer en nosotros, en ti y en mí, esos gestos, decisiones, ayudas de cualquier tipo, palabras que han hecho bien a otros y a la vez hacen que nos sintamos mejor.
Si vivimos según el amor de Dios los años que nos han sido regalados, el avance es más certero en el camino.
Creer en Jesús es ir a él y beber. Para querer beber hay que sentir sed. Jesús nos llama a gritos y nos dice que Él es la fuente de aguas vivas.
El fruto es reconocido por otros. Lo disfrutan y lo comparten los otros. No es alimento para la propia planta que lo produce.
El reto suele presentarse como la oportunidad de esforzarnos para conseguir llevar a cabo una creación alucinante.
Sentía que su interior se estaba renovando. Su espíritu comenzó a abrirse para llenarse del cambio.
La gente que le aconsejó presentarse para el puesto tuvo el candidato perfecto.
No hay perfección en el ser humano. Por eso hemos de apostar por esos padres que cumplen con su responsabilidad para hacer de su descendencia verdaderas personas de paz y bien.
El hecho de nacer mujer supone un grave peligro en cualquier lugar del mundo debido a la denominada violencia machista..
Algunos de los que van visitando iglesias se creen con la obligación de entrar creando ambiente, por supuesto, el que ellos quieren.
No hay que ofender a nadie. Se trata de transmitir al prójimo el amor que recibimos del Señor.
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