¿Qué se esconde detrás de nuestra obsesión por mostrar fortaleza?
Foto de [link]Erik Gazi[/link] en Unsplash
«¿Cómo voy a decirle a mi congregación que tengo ansiedad? ¿Qué ejemplo de fe sería ese?». Esta es una confesión común entre muchos pastores. Me encantaría decir que, cuando se les explica que esa reacción es una de las muchas que hablan de desbordamiento crónico (estrés), lo entienden perfectamente, rebajan la intensidad y deciden hacerse vulnerables con otros de su entorno. Sin embargo, no es así. Muchos terminarán en depresión y, de ahí, a entrar en bucle, abandonar o querer desaparecer, simplemente. No hay mucha distancia entre lo uno y lo otro. No es un cuadro testimonial. Es altamente frecuente.
[ads_google]div-gpt-ad-1623832500134-0[/ads_google]
Evidentemente, el estigma asociado a hacerse vulnerable no se resuelve con grandes discursos sobre salud mental. No es un problema informativo, sino de concepto, y nuestra referencia en eso solo puede consistir en intentar ver la cuestión como Dios la ve. No queda de otra.
Modelo tenemos en Cristo, y también para esto. «Mi alma está muy triste, hasta la muerte; quedaos aquí y velad conmigo»1. Esto, dicho a un grupito de sus más cercanos, simples, torpes… y además en el momento más angustioso de su vida terrenal. Vulnerabilidad. Acompaña al relato el nada despreciable detalle de esa agonía con «sudor como grandes gotas de sangre»2. Ni siquiera en la más severa expresión de un ataque de pánico se ve algo como esto, y sin embargo el Señor ha querido que no solo a aquellos próximos, sino a nosotros, distantes en el tiempo, esos indicios nos lleguen. Señales de que, cuando ocultamos nuestra vulnerabilidad, no es a Cristo a quien imitamos, sino a nuestra imagen de lo que creemos que debería ser el Mesías victorioso. ¿A quiénes nos parecemos? ¿Será que a veces, incluso, caemos en el famoso síndrome del salvador y terminamos quemándonos, si no rompiéndonos?
Pablo era un buen imitador de Cristo, y su liderazgo era de vulnerabilidad también. Él y sus colaboradores, abrumados sobremanera más allá de sus fuerzas, nos muestran en 2 Corintios 1:8 que prácticamente perdieron la esperanza de conservar la vida. ¡Sí, ellos! ¡Casi perdieron la esperanza! Y también reconocieron estar atribulados en todo, en apuros, perseguidos, derribados3, él particularmente roto en lágrimas por los hermanos a los que se veía obligado a corregir por el bien de ellos4 y, sobre todo, por amor al nombre de Cristo. El mismo Señor que se había expuesto a llorar frente a la tumba de su amigo Lázaro5 le mostraba el camino al respecto. Mostró sed, hambre, tristeza, enojo, frustración… y en todo ello demostró que es una legítima experiencia humana, y que puede producirse –además de expresarse– sin pecar. Que nosotros hoy tengamos esa información al alcance es buena prueba de esto.
¿Qué se esconde detrás de nuestra obsesión por mostrar fortaleza? ¿Será que seguimos predicando más mensajes que suenan piadosos —como «No puede estar triste un corazón que tiene a Cristo»— pero que lejos de ser Biblia son más bien el producto de nuestra propia cultura evangélica? ¿Cuánta de esa última es también parte de aquello sobre lo que Pablo advierte cuando nos dice que no nos conformemos a este siglo, sino que renovemos nuestro entendimiento para ser transformados y comprobar cuál es la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta?6 A menudo, si queremos imitar al Señor en un buen liderazgo, tendremos que rechazar no solo la cultura del mundo, sino también la de nuestro estimado y no siempre afortunado mundo evangélico.
Piensa ahora por un momento en qué pasaría si, en tu comunidad de fe, el liderazgo empezara a nombrar sus límites en lugar de esconderlos. Reflexionemos, además, sobre qué tipo de personas estamos escogiendo como guías (¿cuánto se parecen al Maestro, en esto y en todo lo demás?). Pero déjame ir más lejos: cuando un líder modela vulnerabilidad y reconoce, en definitiva, que no es Dios, algo se libera en su comunidad. Al no hacerlo, nos perdemos mucho:
que otros se atrevan a hablar,
que el estigma pierda fuerza,
que se produzca el contexto en el que podemos llorar con los que lloran y reír con los que ríen7,
que nadie señale a otro por estas cosas, porque tendría que señalar también al liderazgo y al Señor mismo, con todo lo que eso conlleva,
que la vergüenza quede puesta en su justo lugar, dejando de gobernarnos.
Dejaríamos, además, de premiar actitudes que no reflejan a Cristo en este tema,
abandonaríamos el activismo constante como signo de espiritualidad
y valoraríamos a quien descansa, no como «perezoso», o «tibio espiritual», sino como verdadero imitador de Cristo en su debilidad.
El tema de la salud mental, emocional o física pasaría de ser un asunto tabú a un tema pastoral (¡tan necesario!)
y la iglesia empezaría a ser lo que siempre debió: una comunidad de gracia y no de juicio.
Jesús vivía despacio. No tenía prisa porque nunca llegaba tarde. No solo el Sabbath, sino el descanso sabio era prioritario para Él, y no solo «se daba el permiso» para ello: nos muestra que detenerse es adoración.
No hay otra forma de hacerlo: para y adora. ¿Será que pensamos que hemos perdido el «permiso teológico» para detenernos? Tal vez tenemos mucho que releer y repensar…
[ads_google]div-gpt-ad-1623832402041-0[/ads_google]
Podríamos usar ese descanso para responder esta pregunta:
¿Qué tiene que cambiar en nuestras iglesias para que un líder pueda decir «No estoy bien», ser acompañado y parar, sin sentir que está fallando a Dios?
El Encuentro Nacional de Lausana España 2026 tendrá lugar del 20 al 21 de noviembre en Guadarrama. Como anticipo de los temas que se van a tratar, publicamos esta serie de reflexiones sobre el carácter del liderazgo. Puedes tener más información sobre el encuentro y el Movimiento de Lausana aquí.
Notas
1 Mateo 26:38
2 Lucas 22:44
3 2 Corintios 4:8-10
4 2 Corintios 2:4; Hechos 20:19
5 Juan 11:35
6 Romanos 12:2
7 Romanos 12:15
La década en resumen: teología, con José Hutter
La conmemoración de la Reforma, las tensiones en torno a la interpretación bíblica de la sexualidad o el crecimiento de las iglesias en Asia o África son algunos de los temas de la década que analizamos.
Intervalos: Disfruten de la luz
Estudiamos el fenómeno de la luz partiendo de varios detalles del milagro de la vista en Marcos 8:24, en el que Jesús nos ayuda a comprender nuestra necesidad de ver la realidad claramente.
2020, año del Brexit
Causas del triunfo de Boris Johnson y del Brexit; y sus consecuencias para la Unión Europea y la agenda globalista. Una entrevista a César Vidal.
7 Días 1x08: Irak, aborto el LatAm y el evangelio en el trabajo
Analizamos las noticias más relevantes de la semana.
Min19: Infancia, familia e iglesias
Algunas imágenes del primer congreso protestante sobre ministerios con la infancia y la familia, celebrado en Madrid.
X Encuentro de Literatura Cristiana
Algunas fotos de la entrega del Premio Jorge Borrow 2019 y de este encuentro de referencia, celebrado el sábado en la Facultad de Filología y en el Ayuntamiento de Salamanca. Fotos de MGala.
Idea2019, en fotos
Instantáneas del fin de semana de la Alianza Evangélica Española en Murcia, donde se desarrolló el programa con el lema ‘El poder transformador de lo pequeño’.
Héroes: un padre extraordinario
José era alguien de una gran lealtad, la cual demostró con su actitud y acciones.
Programa especial de Navidad en TVE
Celebración de Navidad evangélica, desde la Iglesia Evangélica Bautista Buen Pastor, en Madrid.
Primer Congreso sobre infancia y familia, primera ponencia
Madrid acoge el min19, donde ministerios evangélicos de toda España conversan sobre los desafíos de la infancia en el mundo actual.
Las opiniones vertidas por nuestros colaboradores se realizan a nivel personal, pudiendo coincidir o no con la postura de la dirección de Protestante Digital.
Si quieres comentar o