El no tender la mano de ayuda y servicio como creyentes a los migrantes de la tierra, sería como faltar a la práctica de la misericordia, a la búsqueda de la justicia para con los colectivos oprimidos.
Sí. Puede sonar extraño el término cultos molestos. Me pongo a comentar este tipo de cultos después de observar y reflexionar sobre los temas proféticos y sobre la situación actual de los migrantes del mundo, de los injustamente tratados, de los pobres y de los excluidos de la tierra.
Entremos, pues, en esta reflexión en torno a estos colectivos, en especial los migrantes del mundo, antes de entrar en el tema de los cultos molestos. Es necesario. Primero hablo de los injustamente tratados, luego de los cultos molestos que están vinculados a esto.
Hoy en día se ha puesto sobre la escena, tanto religiosa como política, un tema bíblico de primera línea: El trato a los extranjeros migrantes que pueden llegar a ser abusados, oprimidos, maltratados, mal pagados en los trabajos que algunos pueden acceder y, en otros casos, expulsados de los países en los que han entrado para buscarse la vida con dignidad.
Se dice como si se estuvieran justificando que es que muchos de ellos son ilegales. Yo me apego a esa frase de los movimientos sociales que dicen que “ningún ser humano es ilegal”.
Toda esta radical puesta en escena de la situación de los migrantes de la tierra se ha aumentado en parte por el cambio político en los Estados Unidos, aunque en España, quizás en menor medida, tenemos también estas problemáticas que, para más asombro, son agitadas por movimientos políticos o sociales extremos.
De todos es conocido que en el mundo hoy hay colectivos que repiten continuamente la cantinela de que muchos inmigrantes son violadores, ladrones y personas non gratas que perjudican nuestras culturas y formas de vida.
Es la asimilación del término “inmigrante” al de “delincuente”. Una de las injusticias de la vida que se dan contra un colectivo que, sin duda y por necesidad de nuestros países, está coadyuvando a la buena marcha de la economía de los “enriquecidos”, muchos de ellos injustamente enriquecidos que no simplemente ricos.
Vamos ya entrando en las líneas bíblicas en relación con el culto. Iniciamos diciendo que todo esto se da por la abundancia de valores antibíblicos en torno a uno de los colectivos amparados por el texto bíblico, se da porque hay una disfunción en la forma de vivir la espiritualidad cristiana.
Esta disfunción consiste en que a lo largo de la historia del cristianismo se ha tenido la tendencia a considerar como esencial y prioritario ciertos elementos rituales del culto, con olvido o, en su caso, puesta en lugar secundario, de otros valores bíblicos importantísimos que hemos marginado.
Así, en muchas ocasiones, se nos han enseñado líneas mutiladas sobre la vivencia de la espiritualidad cristiana en la línea que nos marca la Biblia.
Para que no se dieran esas disfunciones se debería hacer mucha más pedagogía en torno a los temas proféticos y en el presentar a Dios como defensor de huérfanos, viudas y extranjeros.
Para que no se den estas situaciones negativas y pecaminosas, hay que abundar mucho más en temas bíblicos tan importantes como lo son la búsqueda de justicia y la práctica de misericordia para con los débiles y oprimidos de la historia.
El no tender la mano como creyentes a colectivos como los migrantes de la tierra, mano de ayuda y servicio, sería como faltar a la práctica de la misericordia, faltar a la búsqueda de la justicia para con los colectivos oprimidos.
Cuidado porque fuera de estas líneas de misericordia y justicia para con estos colectivos excluidos o, si se quiere, fuera de justicia misericordiosa, el culto a Dios es imposible, es un culto molesto al que Dios cierra sus oídos. Cultos molestos.
Los hombres que no practican la justicia y la misericordia contra este colectivo de extranjeros, contra los migrantes de la tierra —lógicamente junto a otros colectivos oprimidos y marginados—, aunque se rodeen de todos los líderes evangélicos más reconocidos, aunque se desgasten las rodillas de arrodillarse y hacer largas oraciones, aunque hagan cilicio y ceniza, no vale para nada.
Es un culto molesto a Dios y esas oraciones no pasan del techo de la iglesia o del lugar donde estén. Esas oraciones de espaldas al dolor de los hombres son borradas del libro de la vida. Como si no existieran.
Es la gran relación y compleción que hay entre el culto, la alabanza, las fiestas solemnes, las ofrendas, las oraciones y cualquier otro ritual, con la práctica de la misericordia y la búsqueda de justicia para el hermano oprimido. Son líneas evangélicas coimplicadas e imposibles de separar en el culto a Dios.
No existe una teología primera basada en la alabanza y la oración y una teología segunda, casi olvidada, en relación con el servicio, la entrega, el amor al prójimo en dificultad social y económica, en relación con el hermano oprimido, el extranjero maltratado.
En tiempo de los profetas Dios tiene que hablarles para que griten a su pueblo acerca de el error de pensar que lo importante son las oraciones, ayunos, cilicios, cenizas y celebrar fiestas cúlticas en estas líneas, mientras que se da la espalda al dolor de los hombres. Son errores por ser el Evangelio mutilado, alicortado.
Todo ritual cúltico es vano si no se pone en la misma línea del culto a Altísimo la alabanza, oraciones y ofrendas la búsqueda de la justicia con la práctica de la misericordia para con el prójimo injustamente tratado.
Para muchos religiosos estos últimos temas de práctica de la justicia misericordiosa eran elementos secundarios que se mantenían al margen de las líneas de adoración a un Dios solidario y que ama y protege a los extranjeros marginados y oprimidos.
No se pueden hacer cultos ante Dios si se está de espaldas a los gritos de los marginados de la tierra, de espaldas al grito de los extranjeros, los huérfanos y las viudas que, realmente, están representando a todo colectivo marginado y oprimido de la tierra. Serían cultos vanos, cultos molestos.
El buscar justicia para los oprimidos, el hacer misericordia para con los abusados por los poderes económicos y sociales, el trabajar por la ayuda al prójimo, en este caso que estamos hablando al prójimo extranjero que está dentro de nuestras puertas, a los migrantes de la tierra, impide el auténtico culto a Dios y la auténtica vivencia de la espiritualidad cristiana.
“No me hagáis cultos vanos, me son molestia, no los puedo aguantar”, grita Dios contra los cultos que se hacen de espaldas a los aspectos solidarios del cristianismo con los extranjeros migrantes y en necesidad, con los pobres, los abusados y oprimidos y, además, contra los que siguen siendo sordos a los aspectos éticos que afectan a nuestra conducta en relación con el prójimo.
Pues bien, esos cultos no solamente eran vanos, no solamente son inútiles, sino que también eran, y aún son, molestos a los oídos de Dios, aunque hicieran cilicio, ceniza, ayunos y rituales sin fin. Cultos molestos. Molestos para el mismísimo Dios. Leed aunque solo sea el capítulo primero del libro de Isaías.
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