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Harper Lee y la presencia hímnica en su obra

Un himno aparece en dos narraciones de Harper Lee, se trata de la pieza musical When They Ring the Golden Bells, también conocida como There is a Land Beyond the River.

KAIRóS Y CRONOS AUTOR 84/Carlos_Martinez_Garcia 15 DE FEBRERO DE 2026 17:45 h
Harper Lee en 1960, fotografía de Truman Capote.

Cuarenta y cinco kilos de sermones sobre la tolerancia, o una cantidad igual de invectivas que deploran la falta de ella, pesarán mucho menos en la balanza de la ilustración que apenas medio kilo de la nueva novela que lleva el título de Matar a un ruiseñor. The Washington Post, 3 de julio de 1960.



En Matar a un ruiseñor, novela publicada en 1960, Harper Lee describe con maestría el mundo sociorreligioso de Maycomb. El nombre ficticio del lugar sustituye al real, Monroeville, Alabama, y sus habitantes blancos eran metodistas o bautistas, y los afroamericanos de la First Purchase African Methodist Episcopal Church.



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El templo debía su nombre (First Purchase, primera compra) a que fue adquirido con las primeras ganancias de esclavos libertos asentados en Maycomb.



Maycomb/Monroeville lo describe Scout como “una población antigua y fatigada”, en días lluviosos las calles se convertían en tramos de barro rojizo.



En los días de calor, sobre todo en el verano, “un perro negro sufría” por las altas temperaturas y “unas mulas que estaban en los huesos, enganchadas a los carros Hoover, espantaban moscas a la sofocante sombra de las encinas de la plaza”.



La vida transcurría con lentitud, “el día tenía veinticuatro horas, pero parecía más largo. Nadie tenía prisa porque no había adonde ir, nada que comprar, ni dinero con que comprarlo, ni nada que ver fuera de los límites del condado de Maycomb”. El poblado tenía dos mil habitantes y para ellos ir a la iglesia “era el entretenimiento principal”.



El alter ego de Harper Lee en Matar a un ruiseñor es la niña Jean Louise Finch, apodada Scout, y en la novela son narrados acontecimientos sucedidos mientras ella tenía entre seis y casi diez años de edad.



Cuando Scout tenía nueve años, en 1935, la vida del pueblo se trastocó debido a que Tom Robinson, afroamericano, es acusado por la blanca Mayella Ewell de haberla violado.



Robinson era integrante de la misma iglesia en la que se congregaba Calpurnia, empleada doméstica en casa de la familia Finch, la First Purchase African Methodist Episcopal Church.



El templo debía su nombre (First Purchase, primera compra) a que fue adquirido con las primeras ganancias de esclavos libertos asentados en Maycomb.



Scout le pregunta a su padre porqué aceptó defender a Robinson, el abogado Atticus responde: “Todo lo que puedo decir es que cuando tú y Jem sean adultos, quizá vean todo esto con algo de compasión y cierto sentimiento de que yo no les decepcioné. Este caso, el caso de Tom Robinson, es algo que llega hasta la esencia misma de la conciencia de un hombre… Scout, yo no podría ir a la iglesia y adorar a Dios si no intentara ayudar a este hombre”.



En Matar a un ruiseñor la familia Finch era integrante de la Iglesia metodista. Harper Lee desde niña asistió a la Primera Iglesia Metodista Unida de Monroeville, la misma en que tuvo lugar el servicio fúnebre cuando ella murió en febrero de 2016.



Scout, su hermano Jem y Dill, amigo de ambos, logran entrar a la sala donde se desarrollaba el juicio contra Tom Robinson.



Debido a que la planta baja estaba totalmente llena, debieron subir al siguiente piso, a la sección destinada a la “gente de color”, pudiendo acceder a ella por intermediación del reverendo Sykes, pastor en la iglesia a la que pertenecían Calpurnia y Tom Robinson.



Scout y sus dos acompañantes son conducidos por el reverendo Sykes, “suavemente entre los negros de la galería. Cuatro hombres se levantaron y nos cedieron sus asientos de primera fila”.



En Matar a un ruiseñor Harper Lee narra, desde la óptica de Scout, los pormenores del juicio: testimonios de quienes acusan a Tom Robinson de violación, actuación del fiscal de distrito, reacciones del juez y el jurado (compuesto solamente de hombres blancos), y describe a los afroamericanos que se apiñaban “en la galería” esperando el veredicto, “los negros permanecían sentados o de pie a nuestro alrededor con una paciencia bíblica”.



Atticus elocuentemente presentó pruebas de la inocencia de Tom Robinson. La apretujada audiencia escuchó la sagacidad del abogado para evidenciar que los prejuicios raciales de los blancos encubrían la verdad de lo sucedido en el caso que sacudió a Maycomb.



Se cumplió lo que le dijo el reverendo Sykes al hermano de Scout, cuando esperaban el veredicto y ante la tardanza en las deliberaciones de los juzgadores, Jem externó que ningún jurado podría condenar a nadie “sobre la base de lo que hemos oído”.



A lo que el pastor, con desaliento, replicó: “No esté tan seguro, míster Jem, no he visto nunca a ningún jurado decidirse en favor de un negro pasando por encima de un blanco”. Robinson fue unánimemente declarado culpable.



Un himno aparece en dos narraciones de Harper Lee, se trata de la pieza musical When They Ring the Golden Bells, también conocida como There´s a Land Beyond the River.



El canto fue compuesto en 1887 por Daniel de Marbelle. A finales de 2025 comenzó a circular un volumen que reúne ocho cuentos inéditos de Harper Lee y ocho ensayos que sí fueron publicados en distintas revistas.



Uno de los cuentos “The Land of Sweet Forever”, que también da título al libro (cuya traducción al castellano La tierra del dulce porvenir, ha sido publicada por Vintage Español), fue escrito antes de Matar a un ruiseñor. En el cuento la joven Jean Louise regresa de Nueva York, donde residía, para visitar a su familia en Maycomb.



Como era habitual en ella, asiste a la “Iglesia metodista, donde iba cada domingo y cantaba los himnos a pleno pulmón”. Esto porque “no hay nada como un himno de los que te hielan la sangre en las venas para hacerte sentir como en casa”.



Al finalizar el culto, el director musical de la Iglesia metodista de Maycomb, Henry Hackett, hace una variación en la doxología tradicional, la entona según la liturgia de “la Iglesia de Inglaterra [anglicana]” y esto resulta en que Jean Louise entabla conversación para saber las razones del cambio.



Henry Hackett arguye que al asistir a un campamento el “instructor de música era de New Jersey. Dio un curso sobre las incorrecciones de la música eclesiástica sureña […] Dijo que la iglesia debería prohibir a Fanny Crosby por ley y que Roca de la eternidad [Rock of Ages] era una abominación contra el Señor”.



Además, había que agregar a la lista para evitar cantar el himno La cruz excelsa al contemplar, original en inglés lleva por nombre When I Survey the Wondrous Cross y lo compuso Isaac Watts en 1707.



El listado prohibicionista incluyó Firmes y adelante (Onward Christian Soldiers), letra de Sabine Baring-Gould y música de Arthur Sullivan. Otro compositor vetado era Henry Francis Lyte, autor, entre otros himnos de Abide with Me, cuya versión más conocida en español es Habita en mí.



El cuento que comento tiene un desarrollo posterior al diálogo entre Jean Louise y el director de música, desarrollo que no voy a reseñar aquí, solamente acotar que se trata de la charla entre Jean Louise y Talbert Wade, de veintiún años, quien, para agradable sorpresa de ella tenía una formación cultural a contracorriente de la que dominaba en Maycomb.



El himno There´s a Land Beyond the River aparece en el capítulo doce de Matar a un ruiseñor. La escena tiene lugar cuando Jean Louise tiene nueve años y Jem, su hermano, casi trece.



Calpurnia lleva a los dos a su iglesia de feligresía afroamericana. Los y las congregantes se asombran al ver entrar a los invitados de Calpurnia y cómo son conducidos por el pastor Sykes a la primera fila.



En la sencilla edificación, sin techo, una intrigada Jean Louise describe que “no había señal alguna de piano, órgano, himnarios, programas de iglesia… el equipamiento eclesiástico que nosotros veíamos cada domingo”.



El pastor anuncia que se van a destinar ese día, y tres domingos más, colectas especiales para ayudar a la familia de Tom Robinson, injustamente acusado de violar a la mujer blanca Mayella Ewell.



Llegado el momento de los cantos Jean Louise pregunta a Calpurnia sobre por qué no hay himnarios para la congregación, la niña creía que la carencia tenía que ver con falta de recursos para comprarlos, sonriendo Calpurnia le aclaró que la razón era otra: a excepción de cuatro personas, los restantes casi cien que formaban la feligresía no sabían leer.



Era el resultado de un sistema que negaba acceso a las escuelas a la población afroamericana.



Uno de los que sí sabían leer era Zeebo, hijo mayor de Calpurnia y recolector de basura en Maycomb. Era el director de los cantos en la First Purchase African Methodist Episcopal Church.



Él, cuando llega el momento se pone de pie, “llevaba un desgastado himnario y dijo: cantemos el número 273”. Jean Louise inquiere a Calpurnia: “¿cómo vamos a cantarlo si no tenemos himnario?”.



A continuación Zeebo lee la primera línea, “Hay una tierra más allá del río”. Maravillada, Jean Louise atestigua cómo “milagrosamente afinadas, cien voces cantaron las palabras de Zeebo. La última sílaba, sostenida en un ronco tarareo, fue seguida por las palabras de Zeebo: Que llamamos la dicha eterna”.



Continúa la cautivante narración: “De nuevo nos rodeó la música; la última nota quedó en el aire y Zeebo la unió con la siguiente línea: Y solo llegamos a esa orilla por la ley de la fe. La congregación vaciló, Zeebo repitió la línea con cuidado y la cantaron.



En el coro Zeebo cerró el libro, que era una señal para que la congregación siguiera adelante sin su ayuda. Después de las últimas notas de ‘Jubileo’, Zeebo dijo: En esa lejana dicha eterna, más allá del brillante río.



Línea a línea, siguieron voces en una sencilla armonía hasta que el himno terminó con un murmullo de melancolía”. Entonces Jean Louise observó a su hermano Jem, “quien estaba mirando a Zeebo con el rabillo del ojo. Yo tampoco lo creía, pero los dos lo habíamos oído”.



Lo presenciado por Jean Louise y Jem fue la vitalidad y profundo sentimiento con que son entonados los himnos y cantos en las iglesias afroamericanas.



En el caso de There´s a Land Beyond the River no se trataba de una pieza escapista del mundo, sino de visualizar con esperanza una realidad muy distinta a la vivida por quienes cantaban, denunciando así el régimen vejatorio padecido cotidianamente, régimen que les negaba sus derechos como personas creadas a la imagen y semejanza de Dios.



Pongo aquí el himno resaltado por Harper Lee en Matar a un ruiseñor. A mí me gusta la versión de Marie Knight. También reproduzco la letra de la primera estrofa y coro en inglés, seguida de su adaptación en español:



1. There’s a land beyond the river,

That we call the sweet forever,

And we only reach that shore by faith’s decree;

One by one we’ll gain the portals,

There to dwell with the immortals,

When they ring the golden bells for you and me.



Chorus:

Don’t you hear the bells now ringing.

Don’t you hear the angels singing?

’Tis the glory hallelujah

Jubilee.

In that far off sweet forever,

Just beyond the shining river,

When they ring the golden bells for you and me.



1. Hay una tierra más allá del río,

que llamamos la dulce eternidad,

y solo alcanzamos esa orilla por decreto de la fe;

uno a uno ganaremos los portales,

para morar allí con los inmortales,

cuando suenen las campanas doradas para ti y para mí.



Coro:

¿No oyes las campanas repicar?

¿No oyes a los ángeles cantar?

Es la gloria, aleluya,

Jubileo.

En esa lejana y dulce eternidad,

justo más allá del río resplandeciente,

cuando tañen las campanas doradas para ti y para mí.



En el servicio memorial de Harper Lee, donde su amigo el historiador Wayne Flynt fue el único orador por solicitud de la escritora, Flynt relató que, con el sentido del humor que caracterizó a Lee, ella le dijo: “Eres demasiado inteligente para ser bautista”.



También confió a la audiencia que la voluntad de su amiga, de haber fallecido en Nueva York, era ser cremada allí y que sus cenizas “fueran esparcidas en las cuatro esquinas de Manhattan”.



La escritora murió en donde nació, en Monroeville, Alabama, tuvo lugar un servicio de cuerpo presente en la Primera Iglesia Metodista Unida, y la sepultaron en el cementerio de la misma.



Me pregunto si entre los himnos cantados en su servicio formó parte del programa There´s a Land Beyond the River.



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