El primero de los dos libros aquí fichados, de Raúl Zaldivar, es un estudio del pensamiento teológico protestante desde la perspectiva hispanoamericana en la que se mueve el autor.
El otro, de León Morris, se limita a una exposición teológica del Evangelio de San Juan, que gira de forma central en torno a la divinidad de Cristo.
Zaldivar, según lo presenta Editorial Clie, es un reputado teólogo protestante nacido en Honduras. Es Doctor en Derecho por la Universidad de Barcelona y Catedrático de Teología sistemática en el Seminario Teológico de Honduras.
Morris es teólogo norteamericano, también protestante, más conocido en el mundo anglosajón que en el castellano. Es autor de comentarios al Apocalipsis y a epístolas de Pablo. También ha escrito “¿POR QUÉ MURIÓ JESÚS?”, “CREO EN LA REVELACIÓN” y “EL SALARIO DEL PECADO”.
Otro teólogo protestante de renombre, el guatemalteco Emilio Antonio Núñez, dice que “la teología del Dr. Zaldivar aspira a ser evangélica, y lo es; pero también desea ser latinoamericana”.
A Núñez, hombre sabio, honrado, incansable trabajador cristiano en el continente que habla su idioma, lo tengo como amigo y me merece mucho respeto. Pero aquí he de consignar mi perplejidad y desacuerdo con el contenido de esa frase suya que he citado. El concepto se repite en libros y más libros. Se habla y se escribe de una teología norteamericana, una teología europea, una teología africana, una teología latinoamericana, etc. A mi entender, la teología que emana de la Biblia es una sola, teología única. Otra cosa es cómo se ha de aplicar esa teología en países diferentes, en culturas separadas, en pueblos cuyas circunstancias históricas, culturales, sociológicas y religiosas son desiguales.
Una simple ojeada al índice de temas que desarrolla Zaldivar, todos ellos fundamentales para el conocimiento de la teología bíblica, anima a continuar la lectura sin cerrar páginas. Desde su Introducción al Estudio de la Teología en el inicio del libro hasta la persona y la obra del Espíritu Santo en los párrafos finales, el trabajo de Zaldivar, en palabras de Núñez, “es valiosísimo, especialmente en el estudio del desarrollo histórico de la teología en la Biblia misma”.
Desde el siglo XVIII, fecha de nacimiento de la teología bíblica como ciencia autónoma, esta disciplina ha pasado por tres momentos fundamentales: La aparición de la corriente religionista, el descubrimiento de la Biblia como historia de la salvación y el esfuerzo para llegar a una teoría de la existencia.
El libro de Raúl Zaldivar profundiza en estos tres temas, los tres candentes y actuales.
A
León Morris interesa sobremanera reafirmar que Jesús es el Hijo de Dios. Fiel a sus intenciones, escribe 10 breves capítulos argumentados en el cuarto Evangelio. Para Morris, el fin que se impone el apóstol al escribir el Evangelio que lleva su nombre no es entretener al lector con la narración de hechos prodigiosos, ni simplemente enriquecer su cultura, sino robustecer y enraizar en él la fe en Cristo, el Mesías prometido, el Hijo de Dios. Este es el pensamiento central del Evangelio, resumido en el penúltimo capítulo: “Hizo además Jesús muchas otras señales en presencia de sus discípulos, las cuales no están escritas en este libro. Pero éstas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre (Juan 20:30-31).
Morris se fija en un elemento significativo de este cuarto Evangelio, la serie de expresiones que Jesús utiliza con énfasis para introducir enseñanzas importantes sobre su persona: “YO SOY”.
No encontramos parecidos en otros libros del Nuevo Testamento. Juan utiliza la expresión para insistir sobre el hecho de que Jesús es uno con el Padre, que su naturaleza divina es la misma y que aparece en el Génesis cuando la tierra era sólo caos. El Verbo coexistía desde el principio de los tiempos. El Verbo, esto es, el Hijo, era con Dios, era Dios.
Desde que en el siglo XVIII aparecieron las biografías de Jesús escritas por racionalistas como Harnack, Rousseau, Renan y otros, la figura de Jesús ha sido estudiada intensamente, a menudo expuesta en libros baratos, falsarios y farsantes, más interesados en desvirtuar su condición humana que en profundizar en su divinidad. José Canón Aznar, catedrático y crítico de arte, corregía el argumento de Descartes, “Dios es perfecto, luego tiene que existir”, con este otro argumento: “Dios es perfecto, luego tiene que morir. Esto explica a Jesucristo”.
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