El País ha publicado en su edición de este sábado un bochornoso artículo sobre el crecimiento de iglesias evangélicas en la zona de Carabanchel.
Aplicar la IA en la iglesia no consiste en abrazar sin reparos todo lo disponible ni en rechazarlo en bloque. Consiste en someter cada uso a una pregunta profundamente teológica: ¿sirve esto al avance del Reino de Dios o solo a la eficiencia?
La teología es, para el teólogo que ahora celebramos su centenario, J. I. Packer (1926-2020), un verbo, no un nombre. Viene de un conocimiento experimental.
Los sistemas artificiales comienzan a emular el habla, el razonamiento y el comportamiento propiamente humanos. ¿Qué es, en definitiva, lo que nos hace humanos?
El cristianismo está lleno de realidades paradójicas: un Dios que es uno en tres Personas; Jesucristo como Dios verdadero y auténtico hombre; pero también la soberanía de Dios y la responsabilidad del hombre.
Ofrecen una espiritualidad seductora, adornada con símbolos medievales y rituales orientales. Pero detrás de esta fachada se esconde un rechazo a la revelación bíblica, a la gracia soberana y a la soberanía de Cristo.
Más que ofrecernos un listado de aplicaciones autorizadas, la Biblia nos presenta el perfil de la persona llamada a actuar con integridad en este contexto.
Packer se refiere tanto a la santidad, no porque viera simplemente falta de ella, sino porque creía que había un concepto equivocado de la misma.
La Biblia enseña una espiritualidad viva y equilibrada.
“Así como los payasos aspiran representar a Hamlet, yo he deseado escribir un tratado sobre Dios”, decía el autor británico del que ahora celebramos su centenario, J. I. Packer (1926-2020), al comienzo del prólogo de su libro más conocido.
Las herramientas más poderosas de la historia humana siempre han tenido dos caras. Con la IA no es diferente, y por eso debemos ser conscientes de su impacto en el ámbito espiritual.
La Alianza Evangélica Italiana animó a los cristianos a dar testimonio bíblico “en tiempos de crisis cultural”. También se presentaron proyectos educativos y de plantación de iglesias.
Quien piense que la IA es solo una amenaza se está quedando con la mitad del cuadro.
Para Manuel Martínez, rector de la facultad de teología, la firma es “una muestra de cooperación cristiana, que trasciende culturas e idiomas y se funda en un compromiso común con las Escrituras”.
El tema religioso atraviesa todas las composiciones y expresa la forma en que Cardenal identificó su tarea con los postulados de la teología de la liberación.
Nuestra tarea es asegurar que, mientras construimos máquinas más inteligentes, no olvidemos lo que nos hace verdaderamente humanos: nuestra dependencia total de la gracia de Dios y nuestra obediencia a Su voluntad revelada.
El primer capítulo del libro es un excelente resumen del origen de la teología de la liberación latinoamericana (TL) pues rastrea sus inicios en los ambientes católicos y protestantes.
Caminar sabiamente en esta era no implica renunciar a las herramientas que Dios pone en nuestras manos. Significa usarlas con intención, con discernimiento, con preguntas constantes sobre para qué sirven y a quién sirven.
Muchos cristianos miran a ChatGPT, Gemini, Grok y Claude, entre otras, con la misma mezcla de fascinación y recelo. Pero el miedo a lo desconocido nunca ha sido un buen consejero.
¿Hemos creado ídolos ideológicos disfrazados de doctrinas bíblicas, que terminan alejándonos de la esencia del evangelio?
No esperamos una liberación que nos aleje de la tierra hacia un destino etéreo y sin forma. Al contrario, aguardamos la restauración de todas las cosas.
Debemos hacernos la pregunta más punzante de nuestra existencia: ¿Qué quedará cuando mi cuerpo vuelva al polvo?
La segunda muerte es la separación eterna y consciente del ser humano de la presencia bondadosa y la gracia de Dios.
La sombra de la muerte que cubre Occidente es un problema profundamente espiritual. Europa ha elegido vivir como si Dios no existiera y ahora debe afrontar la realidad de tener que rendir cuentas.
La Biblia menciona dos tipos de dinosaurios, y otras leyendas urbanas sobre la Biblia.
A veces estas historias nacen de información totalmente falsa, pero a menudo surgen de verdades incompletas o sin contexto. Y con la Biblia pasa lo mismo.
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