El País ha publicado en su edición de este sábado un bochornoso artículo sobre el crecimiento de iglesias evangélicas en la zona de Carabanchel.
Ciertamente son muchas las veces en las que posponemos lo urgente dándole cabida a lo banal, prescindiendo de lo elemental.
El tiempo en la Biblia es la historia de las intervenciones de Dios y el gran regalo de Dios al hombre.
Debería ser obvio que debemos expresar la verdad no solo con sabiduría, sino también con gracia.
Las prisas lo quieren todo ya. La diligencia trabaja y actúa con paciencia y constancia, sabedora de que las cosas que merecen la pena tardan en conseguirse.
La frenética actividad humana ha venido contribuyendo a trasladar especies desde un extremo a otro del mundo.
La manera común que tenemos de entender el tiempo en la vida cotidiana es solamente una ilusión de nuestros sentidos.
No podemos llegar tarde para orientar y empoderar a la generación del relevo que debe liderar a la Iglesia.
Que el Señor nos ayude a vivir nuestro tiempo como espacio creativo, de actividad lúdica y, lógicamente, en el servicio como seguidores que somos de un Maestro que nos da ejemplo de ello.
Atrévete a hacer lo que tienes pendiente de hacer, no lo postergues más.
Hay un nuevo mundo que descubrir tras las primeras luces del alba, que espera paciente a ser conquistado.
La muerte no solo nos enfrenta a la vanidad de la vida, sino también a su carácter efímero y breve.
A veces pensamos que si ignoramos el momento del final podemos disfrutar más, sin preocuparnos por lo que pueda suceder, pero realmente lo que ocurre es todo lo contrario.
A veces, parece que el ser humano es único en generar sus propios problemas y desarrollar después unas expectativas que no se corresponden en absoluto con la gravedad de la situación.
Nos disponemos a “aprovechar bien el tiempo, porque los días son declaradamente malos”.
Nosotros también tenemos que realizar nuestras primarias, pero en clave bíblica como una comunidad responsable que le entrega a la nueva generación lo mejor de sí misma.
No estamos aquí para siempre. El envejecimiento nos enfrenta a nuestra mortalidad. Demuestra no sólo “la vanidad” de la vida.
Estamos ya en medio de uno de estos cambios de época que cambiarán este mundo profundamente. Pero cada crisis es una oportunidad.
La queja puede fortalecernos, moldear nuestro carácter y, a su vez, formar el carácter de una nación.
Vivimos en un mundo esclavizante que no nos permite descansar ¡y mucho menos meditar! La tiranía de lo instantáneo nos ha absorbido por completo.
Aunque es uno el corazón, sus pensamientos se cuentan por cientos y miles, de manera que dilucidar cuál es el mejor, el bueno o el correcto es ardua tarea.
¿Ha desaparecido Dios de nuestros esquemas de pensamiento a la hora de considerar el mundo y los asuntos de esta vida?
Dios tiene sus tiempos y cuando interviene es inapelable.
La palabra eternidad es la que nos va a ayudar a dar contexto al concepto de “un poco de tiempo”.
Hemos caído en la trampa de creer que lo que merece la pena son los objetivos, los números, las actividades...
No cualquier tiempo cronológico es adecuado para una determinada acción.
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