El espíritu de la unidad promovido por ese Concilio remoto puede alentar nuevos diálogos y acercamientos en el seno de una cristiandad múltiple, plural, tan extensamente repartida a nivel global.
Encuentro en Nicea de dirigentes cristianos por el 1700 aniversario del Concilio.
Sabe, por tanto, oh Augusto amado de Dios, que esto está anunciado desde toda la eternidad, que los Padres que se han reunido en Nicea han confesado precisamente esta fe y que todas las Iglesias desparramadas por el mundo entero le han prestado su conformidad; las Iglesias de España, de Bretaña, de las Galias, las Iglesias de toda Italia, de Da1macia, de Dacia, de Misia, de Macedonia, de Grecia entera y de África, de Cerdeña, de Chipre, de Creta, de Panfilia, de Licia, de Isauria, de Egipto, de Libia, del Ponto y de Capadocia; las de nuestros alrededores y las Iglesias de Oriente, excepto un reducido número que eran arrianas... Toda la Oikoumene persiste en la fe apostólica.[1]
Atanasio de Alejandría
El segundo evento reciente en el que participó el jefe del Estado Vaticano, Robert F. Prevost, fue la conmemoración final de los 1700 años del Concilio ecuménico de Nicea (1325), el primero con ese rango, el 28 de noviembre pasado, un Encuentro Ecuménico de Oración. Vatican News registró que el Obispo de Roma estuvo presente en Íznik, Turquía, como parte del primer viaje que realizó fuera de esa ciudad. El lugar, que estuvo durante un tiempo bajo el lago cercano, ha sido ubicado con precisión: “En 2014, el arqueólogo Mustafa Şahin, de la Universidad de Bursa Uludağ, identificó, a través del análisis de las tomas aéreas del lago, la forma regular de una basílica de tres naves, a unos cincuenta metros de la orilla y a pocos metros bajo la superficie. El edificio, erigido alrededor del año 390 d.C., se alzaba en el lugar asociado al martirio de San Neófito, ejecutado en 303 durante las persecuciones dioclecianas. Presenta una planta de tres naves, orientada este-oeste, con una longitud de 41,32 metros y una anchura de 18.61 metros; el ábside es semicircular en el interior y angular en el exterior, según una tipología difundida en la Antigüedad tardía”.[2]
Allí, Prevost fue recibido por el Patriarca Ecuménico Bartolomé I, y estuvo acompañado por el Dr. Jerry Pillay, secretario general del Consejo Mundial de Iglesias (CMI), y de más de 20 dirigentes de iglesias (ortodoxas, luterana, anabautista, anglicana, bautista, pentecostales, etcétera), en una procesión hasta llegar a las orillas del lago en donde se encuentran las ruinas de la basílica de San Neófito. El medio vaticano oficial transmitió en directo las incidencias del acto simbólico en el que las dos alocuciones principales estuvieron a cargo de Bartolomé I y de Prevost. En su turno, el primero afirmó:
Estamos aquí para dar testimonio vivo de la misma fe expresada por los Padres de Nicea. Regresamos a esta fuente de la fe cristiana para avanzar. Nos refrescamos en estas aguas de reposo (cf. Salmo 22[23].2), para fortalecernos ante las tareas que nos aguardan. El poder de este lugar no reside en lo pasajero, sino en lo que perdura para siempre. En Nicea, la historia dio testimonio de la eternidad, de que nuestro Señor y Salvador Jesucristo es verdadero Dios de Dios verdadero, consustancial con el Padre (ὁμοούσιος τῷ Πατρί). Consagradas en el Credo Niceno, estas expresiones condensan y presentan a todos la fe de los Apóstoles.[3]
[photo_footer]El Dr Jerry Pillay en la primera fila de la procesión en Íznik.[/photo_footer]
Prevost, en un mensaje mucho más difundido, señaló:
En una época dramática en muchos aspectos, en la que las personas se ven sometidas a innumerables amenazas a su propia dignidad, el 1700 aniversario del Primer Concilio de Nicea es una valiosa ocasión para preguntarnos quién es Jesucristo en la vida de las mujeres y los hombres de hoy, quién es para cada uno de nosotros. […]
La reconciliación es hoy un llamamiento que surge de toda la humanidad afligida por los conflictos y la violencia. El deseo de plena comunión entre todos los creyentes en Jesucristo va siempre acompañado de la búsqueda de la fraternidad entre todos los seres humanos. En el Credo Niceno profesamos nuestra fe «en un solo Dios Padre»; sin embargo, no sería posible invocar a Dios como Padre si nos negáramos a reconocer como hermanos y hermanas a los demás hombres y mujeres, también ellos creados a imagen de Dios (cf. Conc. Ecum. Vat. II, Decl. Nostra aetate, 5). Existe una hermandad universal, independientemente de la etnia, la nacionalidad, la religión o la opinión. Las religiones, por su naturaleza, son depositarias de esta verdad y deberían animar a las personas, a los grupos humanos y a los pueblos a reconocerla y practicarla (cf. Discurso Encuentro Internacional por la Paz, 28 octubre 2025). El uso de la religión para justificar la guerra y la violencia, como cualquier forma de fundamentalismo y fanatismo, debe ser rechazado con firmeza, mientras que los caminos a seguir son los del encuentro fraternal, el diálogo y la colaboración.[4]
Al Dr. Pillay correspondió hacer la lectura del Evangelio de Juan cap. 17, los versículos en donde aparece la oración del Señor sobre la unidad de la iglesia: “Para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros (v. 21a)”.[5] En su sitio web, el CMI refiere que Prevost y Bartolomé I firmaron una declaración conjunta en la que expresaron: “Estamos convencidos de que la conmemoración de este importante aniversario puede inspirar nuevos y valientes pasos en el camino hacia la unidad. […] La meta de la unidad cristiana incluye el objetivo de contribuir de manera fundamental y vivificante a la paz entre todos los pueblos. […] Aunque estamos profundamente alarmados por la situación internacional actual, no perdemos la esperanza […] Dios no abandonará a la humanidad”.[6] Asimismo, unos días antes, el obispo de Roma dio a conocer la carta apostólica In Unitate Fidei, a propósito de los 1700 años del Concilio de Nicea en la que se sostiene:
5. Los Padres del Concilio dieron testimonio de su fidelidad a la Sagrada Escritura y a la Tradición apostólica, tal como se profesaba durante el bautismo según el mandato de Jesús: “Vayan, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo” (Mt 28.19). En Occidente existían diversas fórmulas, entre ellas el llamado Credo de los Apóstoles. También en Oriente existían muchas profesiones bautismales, semejantes entre sí en su estructura. No se trataba de un lenguaje erudito y complicado, sino más bien —como se dijo después— del lenguaje sencillo comprendido por los pescadores del mar de Galilea.[7]
[photo_footer]Ruinas de la basílica de san Neófito y reconstrucción.[/photo_footer]
Y luego de una sucinta revisión histórica y teológica de los entretelones del Concilio, en el párrafo 12, añade, refiriéndose al horizonte ecuménico desarrollado con el paso del tiempo y el diálogo entre las diversas iglesias:
Finalmente, el Concilio de Nicea es actual por su altísimo valor ecuménico. A este propósito, la consecución de la unidad de todos los cristianos fue uno de los objetivos principales del último Concilio, el Vaticano II. […] Así, con la gran conmemoración del primer Concilio de Nicea, celebramos también el aniversario de la primera encíclica ecuménica. Ella puede considerarse como un manifiesto que ha actualizado aquellas mismas bases ecuménicas puestas por el Concilio de Nicea.
Gracias a Dios el movimiento ecuménico ha alcanzado bastantes resultados en los últimos sesenta años. Aunque la plena unidad visible con las Iglesias ortodoxas y ortodoxas orientales y con las Comunidades eclesiales nacidas de la Reforma aún no nos ha sido dada, el diálogo ecuménico nos ha llevado, sobre la base del único bautismo y del Credo niceno-constantinopolitano, a reconocer a nuestros hermanos y hermanas en Jesucristo en los hermanos y hermanas de las otras Iglesias y Comunidades eclesiales y a redescubrir la única y universal Comunidad de los discípulos de Cristo en todo el mundo. […] De este modo, en un mundo dividido y desgarrado por muchos conflictos, la única Comunidad cristiana universal puede ser signo de paz e instrumento de reconciliación, contribuyendo de modo decisivo a un compromiso mundial por la paz.
[photo_footer]León XIV escucha a Bartolomé I.[/photo_footer]
Otra sección destacable del documento es la siguiente: “Es precisamente en virtud de su encarnación que encontramos al Señor en nuestros hermanos y hermanas necesitados: “Les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo” (Mt 25,40). El Credo niceno no nos habla, por tanto, de un Dios lejano, inalcanzable, inmóvil, que descansa en sí mismo, sino de un Dios que está cerca de nosotros, que nos acompaña en nuestro camino por las sendas del mundo y en los lugares más oscuros de la tierra. Su inmensidad se manifiesta en el hecho de que se hace pequeño, se despoja de su infinita majestad haciéndose nuestro prójimo en los pequeños y en los pobres. Esto revoluciona las concepciones paganas y filosóficas de Dios” (párr. 7).[8]
En una entrevista posterior al suceso, el metropolitano Job de Pisidia del Patriarcado Ecuménico, copresidente de la Comisión Mixta Internacional para el Diálogo Teológico entre la Iglesia Católica Romana y la Iglesia Ortodoxa, y vicemoderador de la Comisión de Fe y Constitución del CMI, reflexionó sobre los alcances del Concilio y sus resonancias para el mundo actual. A pregunta expresa, dijo:
Creo que lo más destacado de esos días fue la celebración conjunta del 1700º aniversario del Primer Concilio Ecuménico de Nicea en el mismo lugar donde sucedió. Aparte de la presencia de Su Santidad el papa de Roma y de la Iglesia Ortodoxa, representada por los primados y las delegaciones oficiales de los cuatro antiguos patriarcados ortodoxos (Constantinopla, Alejandría, Antioquía y Jerusalén), todas las iglesias ortodoxas orientales y las comuniones cristianas mundiales estuvieron presentes. Se trató de una presencia significativa: demostró una vez más que la fe nicena es el denominador común de todas las iglesias cristianas y la base sobre la que debe sustentarse la unidad visible.
Conviene recordar que, en la primera conferencia del Movimiento de Fe y Constitución en Lausana en 1927, este símbolo de la fe fue reconocido como un símbolo ecuménico. Con posterioridad, el documento de estudio de Fe y Constitución titulado “Confesar la Fe Común” afirmó claramente que “el Credo Niceno es un credo conciliar que, gracias a su amplia recepción, se convirtió en el símbolo ecuménico de la unidad de la iglesia en la fe”.[9]
[photo_footer]León XIV y Bartolomé I en Íznik, Turquía.[/photo_footer]
Por su parte, la Comunión Mundial de Iglesias Reformadas (CMIR) dio a conocer en su 27ª Concilio General reunido a fines de octubre en Tailandia, el volumen colectivo Receiving Nicae today. Global voices from Reformed perspectives (Recibiendo a Nicea hoy. Voces globales desde perspectivas reformadas. Leipzig, Evangelische Verlagsanstalt), editado por Hanss Lessing y Daniel Rathnakara Sadananda, con la colaboración de seis personas más, en el que se abordan diversos enfoques acerca del Concilio, desde la hermenéutica reformada y la autoridad de los credos, y la crítica del Imperio, hasta los aspectos escriturales y hermenéuticos del Credo Niceno, y la influencia nicena en la sinodalidad reformada y el gobierno eclesial, sin olvidar el testimonio actual de las confesiones, así como su impacto en el culto, la enseñanza y la misión. Puede descargarse gratuitamente aquí.
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Como se puede apreciar, el espíritu de la unidad promovido por ese Concilio remoto (con todo y sus contradicciones internas, tan señaladas por los especialistas) puede alentar nuevos diálogos y acercamientos en el seno de una cristiandad múltiple, plural, tan extensamente repartida a nivel global, y a veces a expensas de los intereses de gobiernos o ideologías que siguen intentando manipular a las comunidades de fe. Pero Nicea marcó una ruta teológica y comunitaria que no se debería abandonar, 1700 años después.
Notas
[1] Atanasio, Ep. ad Iovianum Imperatorum, 2:·PG. 26, 816s, cit, por Hans Küng, Estructuras de la iglesia. Barcelona, Estela, 1965, pp. 58-59.
[2] Maria Milvia Morciano, “La basílica en el lago: Íznik entre memoria y revelación”, en Vatican News.
[3] “Welcome by His All-Holiness Ecumenical Patriarch Bartholomew at the Ecumenical Service in Nicaea (November 28th, 2025)”, en Ecumenical Patriarcate, 28 de noviembre de 2025,Versión propia.
[4] “Discurso del Santo Padre”, en La Santa Sede.
[5] “Dirigentes religiosos de diversas confesiones cristianas dan un testimonio vivo de la fe expresada en Nicea hace 1700 años”, en Oikoumene, Consejo Mundial de Iglesias, 2 de diciembre de 2025.
[6] Ídem.
[7] León XIV, “Carta apostólica In Unitate Fidei, en el 1700 aniversario del Concilio de Nicea”, 23 de noviembre de 2025, aquí.
[8] Arturo López, “Lo que Nicea nos dejó y León XIV nos heredó”, en Vatican News.
[9] “Su Eminencia el metropolitano Job de Pisidia: ‘La fe nicena es la base sobre la que debe sustentarse la unidad visible’”, en Consejo Mundial de Iglesias, 9 de diciembre de 2025.
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