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Erudito, cazador de leones y constructor: Asurbanipal, rey de Asiria

Asurbanipal fue un rey guerrero que nunca pisó el campo de batalla, un cazador que se hacía retratar con un estilete de escriba en el cinturón y el creador de la biblioteca de Nínive, a la que debemos la Epopeya de Gilgamesh.

HUELLAS DEL PASADO AUTOR 1013/Arturo_Terrazas 19 DE OCTUBRE DE 2026 11:00 h
Asurbanipal caza leones desde su carro. Relieve del Palacio Norte de Nínive, h. 645-635 a. C.

También en días de Artajerjes escribieron Bislam, Mitrídates, Tabeel y sus compañeros, a Artajerjes rey de Persia; y la escritura y el lenguaje de la carta eran en arameo. Rehum canciller y Simsai secretario escribieron una carta contra Jerusalén al rey Artajerjes. En tal fecha escribieron Rehum canciller y Simsai secretario, y los demás compañeros suyos los jueces, gobernadores y oficiales, y los de Persia, de Erec, de Babilonia, de Susa, esto es, los elamitas, y de los demás pueblos que el grande y glorioso Asnapar transportó e hizo habitar en las ciudades de Samaria y las demás provincias del otro lado del río.



Esdras 4:7-10



 



El último gran rey de Asiria, erudito, cazador de leones y constructor, aparece de forma discreta en la Biblia. Los anales asirios citan a Manasés de Judá entre sus vasallos. Una exposición del British Museum que pasó por Madrid llega a Barcelona el 23 de noviembre.



Pocos lectores de la Biblia reconocerían su nombre, y sin embargo Asurbanipal (669-631 a. C.) gobernó el imperio más poderoso de su tiempo mientras en Jerusalén reinaba Manasés. Fue un rey guerrero que nunca pisó el campo de batalla, un cazador que se hacía retratar con un estilete de escriba en el cinturón y el creador de la biblioteca de Nínive, a la que debemos la Epopeya de Gilgamesh. Del 9 de abril de este año hasta el 4 de octubre, CaixaForum Madrid ha acogido la exposición Soy Asurbanipal, rey del mundo, rey de Asiria, organizada con el British Museum. Del 23 de noviembre de 2026 al 26 de marzo de 2027, esta exposición podrá verse en CaixaForum Barcelona.



 



Un rey asirio en las páginas de la Biblia



La única mención por nombre de Asurbanipal en la Biblia está en Esdras 4:10. Allí, la carta de los samaritanos contra la reconstrucción de Jerusalén recuerda a «los demás pueblos que el grande y glorioso Asnapar transportó e hizo habitar en las ciudades de Samaria». Asnapar (en arameo, Osnappar) es la forma deformada del nombre asirio Ashur-bani-apli, «el dios Asur ha creado un heredero». La mayoría de los comentaristas identifican así a Asurbanipal como el rey que asentó deportados en la antigua capital del reino del norte, añadiéndolos a los que habían llegado tras la caída de Samaria en el 722 a. C.



El segundo punto de contacto es indirecto: 2 Crónicas 33:11-13 cuenta que Dios trajo contra Manasés «los generales del ejército del rey de los asirios», que lo llevaron encadenado a Babilonia. Allí el rey de Judá se humilló, oró y fue restituido en Jerusalén. El cronista no da el nombre del rey asirio. Por fechas, sólo pueden ser Esar-hadón (680-669 a. C.) o su hijo Asurbanipal. Muchos historiadores se inclinan por este último, y relacionan el episodio con la rebelión de Babilonia (652-648 a. C.)



Lo que sí está documentado es la relación de vasallaje. Hay que subrayar que este dato no procede de la Biblia, sino de fuentes cuneiformes asirias. En sus anales (el llamado Prisma C), Asurbanipal enumera a los reyes de la costa mediterránea que le enviaron tributo y tropas para su primera campaña contra Egipto, hacia el 667 a. C. En esa lista figura Manasés, rey de Judá. Su padre Esar-hadón ya lo había mencionado entre los veintidós monarcas obligados a aportar materiales para sus obras en Nínive.



La Biblia y los anales coinciden así en el fondo: durante medio siglo, Judá fue un pequeño reino tributario a la sombra de Nínive. Lo que la Biblia añade es la lectura teológica. La cadena asiria fue para Manasés el camino del arrepentimiento (2 Crónicas 33:12-20).



 



Una vida entre el trono y la intriga



Asurbanipal era nieto de Senaquerib (705-680 a.C.), el rey que sitió Jerusalén en tiempos de Ezequías (2 Reyes 18-19; 2 Crónicas 32; Isaías 36-37), e hijo de Esar-hadón (2 Reyes 19:37; Esdras 4:2; Isaías 37:38). Como recuerda Sébastien Rey, conservador del British Museum y comisario de la exposición, Soy Asurbanipal: rey del Mundo, rey de Asiria, su dinastía se caracterizó por violentas luchas sucesorias. Senaquerib murió asesinado (el episodio también lo recoge 2 Reyes 19:37) y Esar-hadón tuvo que imponerse a sus hermanos por las armas.



Asurbanipal no estaba destinado a reinar. El heredero, Sin-nadin-apli, murió poco después de ser designado, y Esar-hadón prefirió a Asurbanipal antes que, a su hermano mayor, Shamash-shum-ukin. Para evitar conflictos, en el 672 a. C. los declaró «hermanos en igualdad»: Asurbanipal heredaría Asiria y Shamash-shum-ukin, Babilonia. Hay dos estelas que muestran a ambos reyes restaurando templos, en una imagen de concordia que no duraría mucho tiempo.



El reinado de Asurbanipal empezó con éxitos. Este rey asirio culminó la conquista de Egipto, derrotó al faraón Taharqo (el Tirhaca de 2 Reyes 19:9) y saqueó Tebas en el 663 a. C. Según Selena Wisnom, gobernó durante cuatro décadas un imperio que iba de Irán a Egipto y parte de Turquía. Fue «el último gran rey de Asiria» y quizá el más poderoso de todos. Aplastó a Elam en la batalla de Til-Tuba (653 a. C.) y venció la rebelión de su hermano Shamash-shum-ukin, que terminó con el asedio y saqueo de Babilonia en el 648 a. C.



Eckart Frahm ofrece un juicio matizado: Asurbanipal llevó la literatura y el arte asirios «a cotas sin precedentes», pero su estilo político, personal y poco convencional, contribuyó a la crisis que acabó con el imperio. Sébastien Rey subraya que, a diferencia de sus predecesores, Asurbanipal nunca dirigió personalmente a su ejército, aunque se presentara como un guerrero invencible.



El final de Asurbanipal es un misterio. Sus últimas inscripciones datan del 638 a. C. Frahm sitúa su muerte en el 631 a. C., quizá por vejez, mientras que Rey deja abierta la posibilidad de que abdicara o fuera depuesto entre el 631 y el 627 a. C. Le sucedió su hijo Ashur-etel-ilani, que según Frahm fue poco más que un títere del eunuco Sin-shumu-lishir. Después reinó Sin-shar-ishkun, el último rey que gobernó desde Nínive. En el 626 a. C., Nabopolasar se proclamó rey de Babilonia. Catorce años después, en el 612 a. C., Nínive caía ante babilonios y medos.



 



El rey erudito



Asurbanipal mostró desde joven un amor por la lectura y la escritura, lo cual refleja en una de sus tablillas:



Aprendí el oficio del sabio Adapa, el saber secreto y oculto de todas las artes de los escribas. Sé reconocer los presagios celestes y terrestres y discutirlos en una asamblea de sabios. […] He leído textos ingeniosamente escritos en oscuro sumerio y acadio, difíciles de interpretar. He examinado con atención inscripciones en piedra de antes del Diluvio.



En sus relieves aparece con un estilete de junco en el cinturón, incluso mientras atraviesa leones con su lanza. Selena Wisnom observa que es «como si los instrumentos de la escritura le fueran tan necesarios como los de la guerra». Sébastien Rey añade que, para Asurbanipal, controlar el imperio también significaba controlar el conocimiento.



 



El cazador de leones



Los relieves de la caza de los leones, procedentes de su Palacio Norte, están entre las obras maestras del arte antiguo. No eran escenas de ocio. El rey actuaba como representante de los dioses y, al matar a la fiera más peligrosa de su tierra, derrotaba simbólicamente a las fuerzas del caos. El sello real asirio mostraba al rey apuñalando a un león rampante.



Frahm reconstruye cómo era el espectáculo. Se soltaban los leones de una jaula en un recinto cerrado de Nínive y el rey los abatía desde su carro mientras la población miraba desde una colina. Una inscripción presume de haber dominado «la furia de dieciocho leones» en menos de una hora tras el alba. Frahm señala que Nínive tenía entonces dieciocho puertas. Cada león abatido habría simbolizado una salida de la capital asegurada para su pueblo.





[photo_footer]El rey, a pie, atraviesa con su espada a un león herido. Relieve del Palacio Norte de Nínive, h. 645-635 a. C. British Museum. Foto: Wikimedia Commons.[/photo_footer]



 



El constructor



Asurbanipal gobernó durante años desde el «Palacio sin rival» de su abuelo Senaquerib, hasta que levantó su propio Palacio Norte en Nínive. A este palacio se le describe construido con adobe enlucido y vigas de cedro del Líbano, con estancias decoradas con relieves pintados de vivos colores. Asurbanipal restauró templos en Babilonia y Borsippa. En una estela se le muestra cargando sobre la cabeza el cesto de tierra para moldear el primer ladrillo, como un humilde obrero al servicio de los dioses.





[photo_footer]Asurbanipal carga el cesto de tierra para el primer ladrillo de un templo. Estela de Borsippa, 668-655 a. C. British Museum, expuesta en «Soy Asurbanipal» (CaixaForum). Foto: Arturo Terrazas.[/photo_footer]



 



Nínive, “ciudad grande en extremo”



El libro de Jonás llama a Nínive «ciudad grande en extremo, de tres días de camino» (Jonás 3:3). En tiempos de Asurbanipal era probablemente la mayor ciudad del mundo. Senaquerib la había transformado en una capital cuyo tamaño y esplendor, de acuerdo con Sébastien Rey, «asombraron a todo el Oriente Medio antiguo». Las entradas de su palacio estaban custodiadas por lamassu, colosales toros alados con cabeza humana.



Para abastecer de agua a la ciudad y a sus jardines escalonados, Senaquerib construyó entre el 702 y el 688 a. C. unos 150 kilómetros de canales, acueductos, túneles y presas. Algunos investigadores creen que estos jardines están en el origen de la leyenda de los «jardines colgantes», atribuidos tradicionalmente a Babilonia. Los parques de Nínive, llenos de plantas y animales de todo el imperio, eran también el escenario de las cacerías reales.





[photo_footer]Así imaginaban en el siglo XIX la grandeza de las capitales asirias. Reconstrucción de los palacios de Nimrud (Kalhu) por James Fergusson, publicada por A. H. Layard en «The Monuments of Nineveh» (1853). Dominio público.[/photo_footer]



 



La primera gran biblioteca de la historia



Frahm no tiene dudas: si hay un logro de Asurbanipal cuya importancia no se puede discutir, es su biblioteca. En realidad, fueron varias colecciones, repartidas entre el Palacio Norte, el Palacio Suroeste y los templos de Nabu e Ishtar. Según Selena Wisnom, el rey quiso «reunir todo el saber de su tiempo bajo un mismo techo». Mel rey mandó copiar textos de los templos en tiempo de paz y confiscó bibliotecas privadas en tiempo de guerra.



La colección incluía manuales de adivinación, medicina (de la odontología a la ginecología), rituales, himnos, oraciones, diccionarios bilingües y cartas de Estado. En 1850, Austen Henry Layard encontró la primera de estas salas con tablillas apiladas hasta un pie de altura. Hoy la Colección Kuyunjik del British Museum guarda unas 30.000 tablillas y fragmentos. Sébastien Rey recuerda una paradoja: el incendio que destruyó Nínive en el 612 a. C. coció la arcilla de las tablillas y las preservó durante milenios.





[photo_footer]Traslado de un toro alado (lamassu) durante las excavaciones de Austen Henry Layard. Grabado coloreado de mediados del siglo XIX. Dominio público.[/photo_footer]



 



Gilgamesh y el relato del Diluvio



Entre esas tablillas estaba la versión más completa de la Epopeya de Gilgamesh, la gran obra literaria de Mesopotamia. Narra la amistad del rey de Uruk con Enkidu, el dolor por su muerte y la búsqueda inútil de la inmortalidad. En 1872, George Smith, del British Museum, descifró la tablilla XI y descubrió el relato de Utnapishtim. Este sobreviviente de un diluvio construye una embarcación, salva a su familia y a los animales y suelta aves para comprobar si las aguas han bajado.





[photo_footer]La «tablilla del Diluvio»: tablilla XI de la «Epopeya de Gilgamesh», de la biblioteca de Asurbanipal en Nínive. British Museum (K 3375). Foto: Wikimedia Commons.[/photo_footer]



El hallazgo causó sensación en la Inglaterra victoriana por sus paralelos con Génesis 6-9. Para el lector bíblico, estos paralelos son una invitación a leer con más atención. Ambos textos comparten un mundo de recuerdos comunes. Las diferencias son reveladoras: frente a dioses caprichosos que se arrepienten de haber desatado el caos, Génesis presenta a un Dios justo que juzga el mal y hace un pacto de gracia con toda la creación.



 



«¿Eres tú mejor que Tebas?»: Asurbanipal y los profetas



Los relieves de Asurbanipal también muestran a elamitas y babilonios masacrados y ciudades arrasadas. Uno de ellos, conocido como el banquete del jardín, representa al rey y a la reina Libbali-sharrat brindando bajo una parra. De un árbol cercano cuelga la cabeza cortada del rey elamita Teumman. No es de extrañar que profetas como Isaías, Jonás y Nahúm denunciaran la arrogancia y la crueldad de Asiria.



El saqueo de Tebas en el 663 a. C. ofrece un vínculo directo con la Biblia. El profeta Nahúm se dirige a Nínive con estas palabras: «¿Eres tú mejor que Tebas, que estaba asentada junto al Nilo?» (Nahúm 3:8). La ciudad que Asurbanipal había humillado se convierte en el anuncio del destino de su propia capital. Sofonías, que profetizó en los años siguientes, describe a Nínive como «la ciudad alegre que estaba confiada» y que acabaría convertida en «majada de fieras» (Sofonías 2:15).



Menos de veinte años después de la muerte de Asurbanipal, Nínive ardía. El rey que se proclamaba «rey del mundo» no pudo asegurar ni la sucesión de su trono. Mientras tanto, Manasés, aquel vasallo menor de una lista de tributarios, es recordado por la Biblia como el rey que aprendió en la humillación «que Jehová era Dios» (2 Crónicas 33:13).



Visitar la exposición de Asurbanipal en Barcelona es una buena ocasión para poner rostro y contexto al mundo de los profetas. También permite ver de cerca las tablillas que conservaron la literatura más antigua de la humanidad.



 



Para saber más





  • Frahm, Eckart. Assyria: The Rise and Fall of the World’s First Empire. Nueva York: Basic Books, 2023.




  • Wisnom, Selena. The Library of Ancient Wisdom: Mesopotamia and the Making of History. Londres: Allen Lane, 2025.




  • Rey, Sébastien y Nancy Highcock. Soy Asurbanipal, rey del mundo, rey de Asiria. Catálogo de la exposición. Barcelona: Fundación «la Caixa», 2026. ISBN 978-84-9900-362-7.




 

 


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