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The Change y la libertad que incomoda

El derecho a creer en público: una defensa cívica de The Change

CUADERNO DE BITáCORA AUTOR 514/Marcos_Zapata 06 DE MAYO DE 2026 12:00 h
The Change, 2026 Madrid Un momento de The Change 2026 en Madrid

El pasado fin de semana, el estadio Metropolitano de Madrid acogió a decenas de miles de personas convocadas por el evento The Change. Lo que para muchos fue una jornada de música, oración, testimonio y expresión pública de la fe cristiana, para otros se convirtió rápidamente en objeto de sospecha, burla y ataque.



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En cuestión de horas, el evento pasó de ser una concentración religiosa multitudinaria a ocupar titulares, tertulias televisivas y comentarios encendidos en redes sociales.



Es legítimo que un acontecimiento de esta magnitud sea analizado. Es legítimo que se cuestione su organización, su estética, sus mensajes, sus invitados o sus formas de comunicación.



En una sociedad libre, la crítica forma parte del debate público, pero lo que resulta preocupante es que buena parte de las reacciones no se han limitado a evaluar el evento, sino que han derivado en una descalificación general de quienes participaron en él, en una caricaturización de la fe evangélica y, en algunos casos, en un desprecio evidente hacia una expresión religiosa minoritaria y hacia una parte significativa de la población migrante que forma parte de ella.



Por eso este artículo no pretende hacer una defensa espiritual o teológica de The Change. No se trata aquí de valorar sus canciones, sus predicaciones, sus prácticas de oración o su sensibilidad carismática. Tampoco se trata de pedir que todos compartan lo que allí se vivió.



La cuestión de fondo es otra: ¿tienen los ciudadanos evangélicos el mismo derecho que otros colectivos a expresarse públicamente, reunirse pacíficamente, celebrar su fe, su ideario de vida, sus creencias y ocupar legítimamente un espacio visible en la sociedad?



La respuesta, desde una perspectiva democrática y constitucional, debe ser inequívoca: sí.



La libertad religiosa no es solo el derecho a creer en privado. Es también el derecho a manifestar públicamente la propia fe, a reunirse, a cantar, a predicar, a orar, a invitar a otros y a participar en la vida social desde las propias convicciones.



Una sociedad plural no es aquella que encierra lo religioso en la intimidad, sino aquella que permite que distintas cosmovisiones, religiosas o no, se expresen bajo las mismas reglas.



The Change puede y debe ser discutido, como cualquier otro acto público. Pero no debería ser tratado como una anomalía democrática por el simple hecho de ser evangélico, multitudinario y visible.



Si aceptamos que el espacio público pertenece a todos, entonces también pertenece a quienes creen, oran y celebran su fe de forma abierta.



El verdadero debate no es si a todos nos gusta The Change, el verdadero debate es si estamos dispuestos a defender las libertades cuando quienes las ejercen no se parecen a nosotros, no hablan como nosotros, no oran como nosotros o no expresan la fe de la manera que nos resulta familiar.



Desde esa convicción, propongo una reflexión serena sobre lo ocurrido: una defensa no confesional, sino cívica; no basada en la adhesión religiosa al evento, sino en los principios de libertad, pluralismo, igualdad y respeto que sostienen una sociedad verdaderamente democrática.



 



1. La libertad religiosa no es solo privada



La Constitución Española no protege únicamente la creencia íntima o doméstica. El artículo 16 garantiza la libertad ideológica, religiosa y de culto “de los individuos y las comunidades”, también en sus manifestaciones públicas, con el único límite del orden público protegido por la ley. 



Por tanto, quienes sostienen que la religión puede existir “mientras no salga a la calle” están defendiendo una concepción empobrecida de la libertad religiosa.



La libertad religiosa incluye culto, reunión, enseñanza, expresión pública, divulgación de creencias y actos comunitarios.



Además, la Ley Orgánica de Libertad Religiosa reconoce expresamente el derecho a reunirse o manifestarse públicamente con fines religiosos, así como a divulgar y propagar el propio credo. 



Defender The Change es defender que los evangélicos tienen el mismo derecho a la presencia pública que cualquier otro colectivo cultural, político, sindical, artístico, deportivo o ideológico.



 



2. El espacio público no pertenece solo a las ideologías seculares



Madrid puede acoger manifestaciones políticas, conciertos, cabalgatas, celebraciones deportivas, marchas feministas, actos sindicales, procesiones católicas, eventos LGTBIQ+, festivales musicales, reivindicaciones vecinales y también un evento evangélico.



El pluralismo democrático no consiste en que desaparezcan del espacio público las convicciones que incomodan a una parte de la sociedad. Consiste en que puedan expresarse muchas convicciones distintas bajo las mismas reglas.



Si un estadio puede llenarse para un concierto, un mitin, una final o un festival, también puede llenarse para un encuentro religioso.



Lo decisivo no es si el contenido es religioso o no; lo decisivo es si se cumplen la ley, la seguridad, la contratación del espacio y el respeto a los derechos de los demás.



 



3. Reírse de una religión también es libertad; despreciar a sus creyentes ya es otra cosa



Los medios y los ciudadanos tienen derecho a criticar, ironizar y hasta satirizar un evento religioso. La libertad de expresión protege también opiniones duras, incómodas o irreverentes.



La propia Constitución reconoce el derecho a expresar y difundir pensamientos, ideas y opiniones por cualquier medio. 



Pero hay una diferencia entre crítica y desprecio identitario. Es legítimo decir: “No comparto esas prácticas”, “me preocupa esa teología”, “no me gusta que Dani Alves participara” o “me parece excesiva la puesta en escena”.



No es legítimo, en términos de convivencia democrática, convertir a miles de ciudadanos en caricatura, tratarlos como atrasados, fanáticos, extranjeros indeseables o personas inferiores por ser evangélicos, latinos o creyentes.



La libertad de expresión ampara la crítica al evento. Pero la libertad religiosa y la igualdad ante la ley también obligan a no convertir la burla en estigmatización de una minoría religiosa.



La Constitución prohíbe la discriminación por razón de religión, opinión o cualquier otra condición personal o social. 



 



4. Que el evento fuera evangélico no lo hace sospechoso



Una parte del tratamiento mediático parece sorprenderse de que haya tantos evangélicos en Madrid o de que muchos sean latinoamericanos. Pero eso no debería presentarse como amenaza. Es, sencillamente, pluralidad social.



España ya no es religiosamente monolítica. Hay católicos, evangélicos, ortodoxos, musulmanes, judíos, budistas, personas sin religión y muchas otras realidades.



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La visibilidad evangélica no es una anomalía democrática; es una consecuencia normal de una sociedad plural.



De hecho, si miles de ciudadanos migrantes o hijos de migrantes encuentran comunidad, pertenencia, música, acompañamiento y redes sociales en iglesias evangélicas, eso no debería leerse automáticamente como problema. También puede ser una forma de integración, apoyo mutuo y participación cívica.



 



5. Dani Alves: se puede criticar la decisión sin negar el derecho al evento



La presencia de Dani Alves es, probablemente, el punto más delicado y discutible del evento. No conviene esquivarlo ni resolverlo con frases piadosas.



Es legítimo que muchas personas, especialmente quienes tienen una sensibilidad particular ante la violencia sexual y el dolor de las víctimas, hayan sentido rechazo, incomodidad o preocupación al verlo ocupar un lugar visible en una convocatoria cristiana multitudinaria.



Aunque Dani Alves haya sido absuelto judicialmente, eso no elimina automáticamente la necesidad de prudencia pastoral, responsabilidad comunicativa y sensibilidad pública.



El Estado de derecho determina responsabilidades penales; pero una organización cristiana debe preguntarse también por la oportunidad, el mensaje que transmite y el efecto que puede producir en quienes han sufrido abuso, violencia o situaciones de poder mal ejercido.



Además, desde una perspectiva cristiana básica, resulta problemático otorgar protagonismo público a alguien que, por su propia trayectoria reciente de fe, debe ser considerado un neófito.



Una cosa es celebrar que una persona afirme haber encontrado a Cristo, y otra muy distinta es convertirla de inmediato en referente, testigo central o símbolo visible ante miles de personas.



La fe recién nacida necesita acompañamiento, discipulado, carácter probado y tiempo. No todo testimonio impactante está preparado para ser expuesto en una plataforma masiva.



La tradición cristiana ha sido sabia al advertir contra la elevación precipitada de quienes acaban de comenzar el camino. No por desprecio hacia ellos, sino precisamente por cuidado: cuidado de la propia persona que está comenzando en el Señor, cuidado de la comunidad, cuidado del mensaje público y de quienes pueden sentirse heridos por esa exposición.



La conversión no debería instrumentalizarse, ni la restauración espiritual convertirse en una estrategia de impacto mediático.



Ahora bien, una cosa es cuestionar esa decisión concreta y otra muy distinta es usarla para deslegitimar a 40.000 asistentes, caricaturizar a los evangélicos o negar el derecho de una comunidad religiosa a reunirse públicamente.



El posible error de criterio en una invitación no anula la libertad religiosa. La imprudencia de una plataforma no convierte en ilegítimo el derecho de miles de ciudadanos a cantar, orar y expresar su fe.



En un Estado de derecho, una persona absuelta por un tribunal no queda civilmente expulsada del espacio público de por vida, salvo que exista una resolución judicial que limite sus derechos.



Pero, al mismo tiempo, una absolución no obliga a una organización cristiana a conceder protagonismo público inmediato ni exime de evaluar el impacto pastoral y social de esa decisión.



Por tanto, la conclusión debe ser doble y honesta: The Change tenía pleno derecho a celebrarse; la participación de Dani Alves fue, como mínimo, pastoralmente discutible y comunicativamente imprudente. 



Pero esa discusión no justifica atacar la libertad religiosa, ridiculizar a todo un colectivo ni convertir a miles de creyentes en sospechosos por el simple hecho de haberse reunido públicamente.



 



6. La oración pública por gobernantes no es una amenaza política



También se ha presentado como llamativo que los organizadores hablen de orar por los gobernantes, sea Pedro Sánchez, Ayuso, el Rey o España. Pero, desde una perspectiva civil, orar por autoridades no equivale a tomar el poder, imponer una teocracia ni colonizar instituciones.



En democracia, los grupos sociales expresan deseos, valores y preocupaciones sobre la vida pública. Unos lo hacen mediante manifiestos, otros mediante canciones, otros mediante huelgas, otros mediante pancartas, otros mediante oración.



Mientras no haya coacción, financiación irregular, amenazas o vulneración de derechos, la expresión pública de una convicción religiosa sobre el bien común entra dentro de la libertad de expresión y de reunión.



 



7. La vara de medir debe ser igual para todos



El principio democrático básico es este: lo que se permite a unos no debe prohibirse a otros por razón de religión.



Si una administración permite actos culturales, conciertos, manifestaciones o eventos ideológicos en espacios públicos o privados abiertos al público, no puede considerar sospechoso un acto solo porque sea evangélico.



La Constitución reconoce el derecho de reunión pacífica y sin armas, y solo permite prohibir reuniones en espacios públicos cuando haya razones fundadas de alteración del orden público con peligro para personas o bienes. 



No basta con que a alguien le parezca raro, excesivo, emocional, latino, evangélico o incómodo. La incomodidad cultural no es una causa legítima para restringir derechos fundamentales.



 



The Change y la prueba democrática de la libertad religiosa



The Change Madrid puede gustar más o menos. Defender The Change no exige compartir su teología, sus formas litúrgicas ni todas sus decisiones organizativas.



Se puede debatir su estilo, su teología, su organización o la presencia de determinados invitados. Se puede defender, sencillamente, porque una sociedad libre debe proteger el derecho de sus ciudadanos a reunirse, expresarse, cantar, predicar, orar, celebrar públicamente su fe como ellos estimen y ocupar legítimamente el espacio público, siempre que lo hagan de forma pacífica y conforme a la ley. 



Concluyo y repito: la cuestión democrática no es “¿me gusta este evento?”. La cuestión democrática es: “¿tienen derecho a hacerlo?”. Y la respuesta, definitivamente, en un Estado constitucional, es SÍ. 



El pluralismo democrático no consiste en silenciar lo religioso, sino en garantizar que todas las convicciones puedan expresarse bajo las mismas reglas.



Y de nuevo enfatizo: criticar el evento es legítimo. Despreciar a sus asistentes por ser evangélicos, latinos o creyentes no lo es. Una democracia madura no teme que distintas voces se expresen; teme, más bien, que solo algunas tengan permiso cultural para hacerlo.



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12
COMENTARIOS

    Si quieres comentar o

 

quim
11/05/2026
10:02 h
12
 
Respuesta a Ana: Estimada Ana,no suelo estar de acuerdo con usted,pero le haré 1 confesión,uno de mis mejores amigos es católico prácticante (y toda su vida del PSOE y UGT),con los años ha profundizado más en su fe,siempre me refiero a él cariñosamente como mi amigohermano y hasta le he acompañado a misa alguna vez y hemos tomado algún refrigerio juntos con el párroco de su barrio,mi amigohermano,ha venido también alguna vez a mi Iglesia.Eso es ecumenismo desde abajo.Que Dios le bendiga.
 

Josefa
11/05/2026
07:42 h
8
 
Según la IA ChatGPT El acto evangélico “The Change” en el estadio del Atlético de Madrid financió principalmente uno 700 mil euros mediante: donaciones, patrocinadores privados y aportaciones de iglesias evangélicas, y colaboraciones de particulares y empresas. El organizador principal fue el pastor portugués Antonio Rodrigues Pereira, vinculado a la Asociación Rodrigues Pereira y a la iglesia Kingdom Culture. ¿alguno de ustedes sabe si es correcto? Gracias.
 
Respondiendo a Josefa

Disidente
11/05/2026
09:18 h
9
 
La visita del papa León XIV a España se estima que costará al menos 15 millones de euros, con dinero privado y del contribuyente. Como es una visita de Estado (el Papa es Jefe de Estado del Vaticano), las administraciones asumen el despliegue de seguridad, movilidad y emergencias, además de otras contribuciones. Algunos hablan de dinero solamente cuando se menciona a los evangélicos, cuando sufragan sus propios gastos, y no hablan de los que pagamos todos sin ser miembros de la ICAR.
 

Ascalon
09/05/2026
09:08 h
7
 
Continuación... Mientras no tengamos un mínimo de filtro, fundamento y coherencia bíblica, los evangélicos seguiremos siendo carne de meme. El siguiente texto bíblico bien puede reflejar nuestra situación actual: "Y le dijeron: Mujer, ¿por qué lloras? Les dijo: Porque se han llevado a mi Señor, y no sé dónde le han puesto" (Juan 20:13).
 

Ascalon
09/05/2026
09:05 h
6
 
Evangelical hits del momento: Rosalía y su "Dios es un stalker" (ojiplático estoy); LODVG y su "Yo creo en Dios, a mi manera" (pura poesía cristiana); Dani Alves afirma "haber hecho un pacto con Dios" (cualquiera que tenga un fondo bíblico mediocre sabrá que esto no solo es imposible, sino que suena a herejía). No creo que la cuestión sea tanto de libertades, derechos o democracias. No se trata de espiritualidad, sino de Cristo y Su Palabra...
 

X. Manuel Suárez Xesús Manuel
06/05/2026
18:09 h
2
 
El meollo del artículo es clave. Es momento de levantar la voz y reclamar derechos inalienables, que hasta aquí llegamos, que es inaceptable que, como en la granja de Orwell, "unos sean más iguales que otros".
 
Respondiendo a X. Manuel Suárez Xesús Manuel

Disidente
11/05/2026
09:22 h
10
 
Ana, Pablo reclamó sus derechos como ciudadano romano (Hechos 16). Resulta irónico que hable de no reclamar derechos, cuando la ICAR es un ente político-religioso que reclama los suyos, es financiada por todos (creyentes o no), firma concordatos exclusivos y tiene tratos de privilegio que ninguna otra confesión en España tiene, tras siglos de imposición a sangre y fuego.
 
Respondiendo a Disidente

Ana cristiana católica por la gracia de Dios
07/05/2026
21:59 h
5
 
¡Si Cristo hubiera reclamado sus “derechos divinos”, hasta aquí habríamos llegado nosotros! Pero decidió no hacerlo… y menos mal, porque el que era Dios no vino a imponer, sino a entregarse. ¡Gloria a Dios por eso!
 
Respondiendo a Ana cristiana católica por la gracia de Dios

quim
07/05/2026
09:49 h
3
 
Estimado Manuel, aceptando y haciendo mío lo que planteas como derechos inalienables, es preocupante la deriva autoritaria y de nacionalevangelicalismo que experimenta una gran parte del movimiento evangélico y da miedo ver que nuestros "hermanos", sólo adquiriendo un poco de influencia y poder políticosocial (en términos de Gramsci de "hegemonía") no tendrían reparo alguno en querer legislar y negar derechos a los que no fueran de su cuerda. Un afectuoso saludo.
 

quim
06/05/2026
16:11 h
1
 
Los primeros que nos caricaturizamos somos los propios evangélicos cuando damos por buenos determinados planteamientos fuera de lugar, por cierto los evangélicos de nuevo cuño que tanto defienden la libertad religiosa, son luego los primeros en censurar, despreciar y hasta enviar al infierno a quien no comparte su fe, o no tiene ninguna (hablo con conocimiento de causa)menos victimismo y más autocrítica constructiva que uno ya no sabe si somos de los nuestros
 
Respondiendo a quim

Disidente
11/05/2026
09:34 h
11
 
Quim, ambas cosas son ciertas y las recoge el artículo. Hay que hacer autocrítica, pero no discurso de odio estigmatizante para negar derechos. ¿Conoce el poema de Niemöller "cuando vinieron a por los judíos, yo no protesté ya que no era judío..."? Quien atenta contra la libertad de unos, vendrán luego a por usted. No se engañe. Siempre habrá algún loco en casa para ridiculizarnos a todos. Pero ahora toca defender la libertad. No nos atacan por ser ridículos, nos ridiculizan para atacarnos.
 
Respondiendo a Disidente

Ana cristiana católica por la gracia de Dios
07/05/2026
21:50 h
4
 
Primera vez que puedo estar totalmente de acuerdo con usted hermano (aunque quizas usted no me considere hermana por ser católica romana y eso trambién es una caricatura). Que la paz de Dios esté con usted
 



 
 
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