Hace falta que haya solamente un impío en el poder, para que todo un pueblo experimente las amargas consecuencias de su gobierno.
Aquel gobernante comenzó su andadura en los caminos de Dios, por lo que se empleó a fondo para quitar de su reino todo lo que tuviera que ver con las abominaciones que sus antecesores habían sostenido y propagado. Lo más fácil hubiera sido dejarse llevar por la inercia del seguimiento, porque romper con lo malo supone siempre un arduo esfuerzo, mientras que continuar con lo malo establecido no requiere ninguno. Pero a pesar de que su padre, su abuelo y su bisabuelo habían caminado por sendas tenebrosas, él cambió totalmente de dirección, ejerciendo su influencia para que su pueblo también siguiera en esa línea. En consecuencia, lo que se produjo fue una vuelta a Dios, que comenzó en su persona y se extendió a muchas otras.
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Pero el hecho de renunciar a lo malo y seguir lo bueno, no exime de que vengan pruebas y adversidades. Y así fue como se presentó una grave amenaza para su nación, porque un descomunal ejército enemigo vino para atacar. Todo parecía sentenciado, porque la diferencia numérica era de dos a uno, a favor del enemigo. Sin embargo, este dirigente no puso su vista en lo que sus sentidos le indicaban, sino que miró a Dios, como fuente suficiente de victoria, frente a cualquier contingencia. Y, contra todo pronóstico lógico y humano, obtuvo la victoria, porque Dios honró la confianza que este hombre había puesto en él.
Aquel triunfo tuvo repercusiones añadidas, en el camino que ya se había emprendido, porque hubo un afianzamiento y profundización en la buena dirección. Era evidente que tenían el agrado de Dios, quien había derramado su bendición sobre la nación, por lo cual la figura y la influencia de aquel gobernante se agigantaron, hasta el punto de que efectuó un gran pacto con su pueblo, para que todos buscaran a Dios de todo corazón. No era una imposición legislativa, en la que desde las instancias del poder se dictaba lo que había que hacer, sino que era una deliberada decisión colectiva, que refrendaba lo que el gobernante impulsaba.
La fiesta y la alegría se apoderaron de las calles, porque hacer la voluntad de Dios, cuando el corazón es recto, es motivo de regocijo. La voluntad de Dios es gravosa para el corazón torcido, porque supone su condenación, pero es un deleite cuando se anda en la luz. De este modo, el sonido de las trompetas y de los cuernos de carnero que retumbaron en las calles fue la expresión externa de aquella efusión espiritual.
Pasaron los años, hasta veintiséis, y otro peligro militar se presentó ante la nación. No era comparable al de años atrás, por lo que todo indicaría que si entonces una victoria imposible había sido posible, ahora, con mucha más razón, se obtendría. Mas, sorprendentemente, aquel gobernante que entonces buscó a Dios, ahora buscó el apoyo humano, en una fuerza militar extranjera pagada con el tesoro del templo de Dios. Su plan tuvo éxito y el enemigo se retiró. Todo aparentaba ser correcto y estar bien. Pero la realidad era muy distinta, porque aunque parecía que se había ganado, en verdad se había perdido. Y se había perdido lo más importante, que era el favor de Dios. Y esto es lo que alguien vino a hacerle saber a aquel gobernante. A partir de ahora, todo daría un vuelco, al haberle sido retirada la bendición.
La reacción del gobernante, al oír aquellas palabras, no se hizo esperar, pues dominado por la cólera, encarceló al mensajero. ¡Qué cambio se había producido en este hombre! De ser un siervo de Dios a ser un enemigo del siervo de Dios, y, por tanto, de Dios mismo. Pero su hostilidad no se quedó limitada solamente a esto, sino que parte del pueblo también sufrió las consecuencias de su malvado cambio, lo que enseña que cuando alguien se vuelve contra Dios, indefectiblemente se volverá contra el prójimo. Quien es enemigo de Dios, será enemigo del prójimo.
Hay un tweet de Dios que dice lo siguiente: ‘Cuando los justos dominan, el pueblo se alegra; mas cuando domina el impío, el pueblo gime.’ (Proverbios 29:2). El texto contiene dos partes contrapuestas, en las que la palabra dominio es común a ambas en nuestra traducción. Sin embargo, la palabra que se ha traducido como “dominio” en la primera parte es en realidad “aumento”, de modo que la traducción literal sería: ‘Cuando los justos aumentan, el pueblo se alegra.’ Eso es lo que ocurrió en la primera etapa del reinado de aquel gobernante, que el crecimiento numérico de los justos, tuvo como fruto la alegría de todo el pueblo, ya que su predominio fue beneficioso sobre el conjunto total.
Mientras que la primera parte del texto está en plural, al hablar de los justos, la segunda parte está en singular, al hablar del impío. Y llama la atención el hecho de que hace falta que haya solamente uno de esa calaña en el poder, para que todo un pueblo experimente las amargas consecuencias de su gobierno, como ocurrió en la segunda parte del mandato de aquel dirigente.
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La verdad de este tweet de Dios, sigue tan vigente hoy como cuando fue escrito.
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