Hay momentos que nos impactan para siempre; todos recordamos cómo vivimos el 23-F, el 11-S o el 11-M, qué estábamos haciendo cuando recibimos la noticia y cuál fue nuestra reacción. Cuando pasen años y tengamos que contar esos acontecimientos, tendremos un relato que explicará qué sucedió, cómo lo vivimos, cómo lo interpretamos y qué cambió en nuestra sociedad.
Hablamos de un relato elaborado, porque no es lo mismo escribir crónicas que escribir historia –algo que aún no comprenden algunos hermanos que pretenden escribir historia–. En Hch 7 Esteban convierte la crónica de Israel en un discurso histórico que analiza los acontecimientos, los alinea en una interpretación coherente y propone conclusiones pertinentes. Si Esteban hubiese relatado una crónica, no habría despertado mucha reacción en sus oponentes, pero al construir un discurso histórico,
“oyendo estas cosas, se enfurecían en sus corazones, y […]dando grandes voces, se taparon los oídos, y arremetieron a una contra él”1.
Se ha escrito mucho sobre el 11-M, pero la sociedad española como tal no ha completado un relato elaborado sobre él, un relato que describa realistamente lo que sucedió, que coloque a sus sujetos en su sitio, que analice relaciones, causas y consecuencias, que construya un discurso coherente para ser integrado en la memoria colectiva. Sucede algo parecido con la guerra civil: se recuerda el dolor y se quiere tapar la memoria sin haber acabado de analizarla e integrarla.
Pongamos un par de ejemplos: En el relato que se construyó en aquellos momentos y que perdura en la memoria colectiva, los terroristas islamistas dejaron protagonismo al gobierno; el objetivo de la ira se redirigió desde los integristas hacia el gobierno. No hay duda de que este hizo méritos sobrados, con lo que parece que fue una ocultación de datos en espera de completar la jornada electoral, pero no es menos cierto que el centro de la culpa quedó desenfocado, y así sigue hoy. No ha quedado una descripción nítida de quiénes fueron los que realmente nos agredieron, ni de su desprecio hacia todos nosotros, ni de sus valores que contrapusieron a los de nuestra sociedad democrática.
Como consecuencia,
el relato construido sitúa las causas en la alineación de España con las tesis de EEUU; aceptarlo, supone exculpar en parte a los agresores. Esto pudo haber sido un pretexto para los autores del atentado, pero nunca la causa: la causa reside en una confrontación de valores y el 11-M se inscribe en la agenda política del fascismo islamista, incapaz de convivir con las libertades del sistema democrático occidental. Sus líderes, no otros, fueron quienes diseñaron el atentado.
Tampoco ha aflorado un discurso integrador de la diversidad de nuestra sociedad; fue en este sentido una oportunidad tristemente perdida. Por una parte, la elaboración del relato estuvo ciega a la diversidad religiosa de las víctimas y de la propia sociedad, y como consecuencia de este análisis se impuso un funeral católico de estado;
como evangélicos nos hemos sentido insultantemente excluidos en la elaboración del discurso de la realidad social que se construyó sobre aquel suceso. Por otra parte, se echó en falta una más visible y contundente condena por parte del colectivo islámico de inmigrantes, y tenían una espléndida oportunidad para hacerlo porque varias víctimas pertenecían a ese grupo, pero parece que dentro de ese colectivo no había una decidida unanimidad en la condena.
Este relato inconcluso y desenfocado nos ha dejado sin un análisis riguroso y no nos permite sacar conclusiones pertinentes; nos deja indefensos ante otra posible agresión. Hubo una respuesta increíble de personas y organizaciones, una maravillosa conjunción de solidaridad y compartición del dolor, pero no se elaboró un relato concluyente y coherente.
La respuesta colectiva fue y sigue siendo de desconcierto, en contraste con la que hubo ante el 11-S en EEUU o ante el 7-J en el Reino Unido. Sólo algunos hicieron entonces difusas peticiones de paz, pero la paz es la consecuencia de la reconciliación, y ésta se asienta en un análisis realista de las agresiones, sus causas y sus protagonistas, en un análisis de los valores defendidos a uno y otro lado, en un reconocimiento de culpa y un otorgamiento de perdón, en la construcción de un discurso sólido, no en difusas propuestas de buenos deseos.
Cinco meses antes del 11-M, uno de los autores de este artículo anunció en este mismo periódico que iba a haber un atentado en Europa
2; no suponía que iba a ser en Madrid. Al leer ese escrito encontrarán instrumentos útiles de análisis del 11-M. Fue el fruto de una visión, pero no de un éxtasis, sino de la visión que nace del análisis y la construcción de un relato coherente de la realidad histórica; es el tipo de relato que hoy se debe acabar de construir.
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