Jesús, el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.
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¿Sabes lo que es un altar? Es una estructura construida para conmemorar un lugar o sobre la cual se ofrecerá un sacrificio.
¿Sabes lo que es un sacrificio? Algo que una parte ofrece a otra para complacerla. Es algo que se da en beneficio de la otra parte incluso cuando resulta en perjuicio de quien lo ofrece.
¿Sabes lo que es una ofrenda? “Ofrenda” proviene del hebreo “Corbán” (Marcos 7:11) y del griego “frosfora” y significa “acercar a Dios” o “regalo”.
Las reglas que rigen los sacrificios y las ofrendas se ven reflejadas en los primeros 7 capítulos del libro de Levítico:
El capítulo 1 trata sobre las ofrendas de Ascensión, es decir, los holocaustos o sacrificios quemados. Representaban la entrega del oferente a Dios siendo aceptados por Él. Se mataba el animal, el sacerdote tomaba la piel y todo lo demás era quemado para el Señor. Jesús fue la ofrenda a Dios (Efesios 5:2), lo que hace que tengamos la fragancia de Cristo (2ª Corintios 2:14-16).
El capítulo 2 trata sobre las oblaciones, es decir, las ofrendas de cereales, una ofrenda que representaba la inclinación del oferente ante Dios, una reverencia al devolverle los regalos de Dios a modo de tributo u homenaje. La traducción al castellano dice “flor de harina” ya que eso es lo que se usaba. La flor de harina se podía cocinar de diversas maneras. De hecho, había 6 ofrendas diferentes de flor de harina. Luego se dividía, una porción recordatoria (la porción conmemorativa) sube a Dios, y el sacerdote come la otra parte. Los que aportaban la ofrenda no comía su propia ofrenda. La parte conmemorativa se colocaba encima del holocausto. Jesús es nuestra ofrenda de flor de harina ya que usó el partimiento del pan, la flor de harina, en otras palabras, para instituir la cena del Señor. Compara “la cual partirás en piezas” (Levítico 2:6) con el partimiento del pan durante la Última Cena (1ª Corintios 10 y 11, especialmente los versículos 17-34), tal y como lo vemos en Mateo 26, Marcos 14, Lucas 22, Juan 13:1-30. la primera imagen concerniente al partimiento del pan está registrado en Génesis 14:18, donde Melquisedec, rey de Salem y sacerdote del Dios Altísimo, sacó pan y vino durante su encuentro con Abraham. El siguiente es el maná, que significa "¿qué es esto?" (Éxodo 16:15).
El capítulo 3 trata sobre la ofrenda de sacrificio de paz, es decir, cuando se mataba animales y el oferente recibía parte de la carne para comer. Se mataba al animal, se extraía la grasa (la mejor parte), que era ofrecida al Señor, tras lo cual se entregaba el pecho y el muslo al sacerdote. Después, el oferente, su familia y cualquier otra persona podían comerse el resto. Era como comer con Dios.
El capítulo 4 trata sobre los sacrificios de expiación por los pecados cometidos en ignorancia. La sangre de del sacrificio por el pecado actuaba a modo de detergente o quitamanchas, pues lavaba la suciedad (1ª Juan 1:9, Salmo 32:5). Jesús es nuestro sacrificio de expiación por nuestro pecado (Romanos 8:3).
El capítulo 5 trata sobre las expiaciones por el pecado de transgresión. Se trataba de pecados graves por haber quebrantado La ley de Dios. Este sacrificio reduciría los pecados intencionales al nivel de pecados cometidos en ignorancia, que a su vez eran eliminados mediante una ofrenda por el pecado (algo que vemos ilustrado en Job 1:5). Jesús es el sacrificio por nuestras transgresiones (Hebreos 10:8-9, que citan Salmo 40:6-7). Dichos versículos dicen: “Diciendo primero: Sacrificio y ofrenda y holocaustos y expiaciones por el pecado no quisiste, ni te agradaron (las cuales cosas se ofrecen según la ley), y diciendo luego: He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad”. En el idioma original, Las ofrendas enumeradas son las primeras 4 como acabamos de describir anteriormente, pero no menciona la expiación por el pecado de transgresión. Eso es lo que fue Jesús por nosotros, Él limpia de todo pecado, incluidos los pecados intencionales.
Sin duda Isaías podría escribir: “Venid luego, dice Jehová, y estemos a cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana” (Isaías 1:18). El sacrificio por la culpa tenía que ser un cordero, y Jesús es el Cordero de Dios: “El siguiente día vio Juan a Jesús que venía a él, y dijo: He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Juan 1:29). El sacrificio por el pecado podría tratarse de un toro (si uno era sacerdote), de un macho cabrío (si uno era líder de una congregación), de una cabra o cordera (si uno era rico), o de tórtolas, palomas o harina (si uno era pobre).
Pero Jesús no es llamado el Toro de Dios, o la Cabra de Dios. Cuando Hebreos afirma que es imposible que la sangre de toros y machos cabríos quite el pecado (comparado con Levítico 5:5-6), está señalando la gravedad del pecado humano y nuestra necesidad del Cordero de Dios, nuestro sacrificio por la culpa (Juan 1:29, Juan 1:36, Isaías 53:7).
La secuencia teológica de las ofrendas:
Los sacrificios por transgresión tratan de pecados realmente graves, es la reparación para volver al punto de partida. Esto sería por las transgresiones, del griego “parabasis”, que significa “pecado de rebelión”, conocidos también como pecados intencionales.
Una vez en el punto de partida, es necesario quitar la suciedad del pecado con un sacrificio por el pecado, la sangre te limpia para que puedas tener comunión con Dios. Para que eso suceda, el sacrificio por el pecado debe ofrecerse y rociarse la sangre. Este es el único sacrificio que los sacerdotes no podían comer. Luego se quemaba el sacrificio fuera del campamento (Jesús es nuestra ofrenda por el pecado y murió fuera como lo señala Hebreos 13:10-13).
Una vez en la presencia del Señor, uno ofrecía el holocausto (la ofrenda de ascensión para entregarse a Dios), con una ofrenda de flor de harina encima del holocausto para rendir homenaje a Dios. Entonces, la ofrenda de paz permitía tener comunión con Dios.
Todo eso está muy bien, pero ¿qué tiene todo ello que ver conmigo ahora?
Las ofrendas representan el Evangelio:
El sacrificio por transgresión indica que El oferente es consciente de que es pecador. El sacrificio por el pecado es el equivalente a la justificación del pecador. El holocausto representa la santificación progresiva, a medida que ascendemos, nos volvemos más parecidos a Dios. El comer la ofrenda de paz nos permite tener paz con Dios y disfrutar de la cena de las bodas del Cordero (Apocalipsis 19:9).
¿Estás en paz con Dios?
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