Las Escrituras, al narrar los acontecimientos de Israel, enseñan que Dios, aunque nunca abandonó a sus iglesias, a veces destruyó el orden político establecido en ellas. Por consiguiente, no creemos que él esté vinculado a las personas de tal modo que la Iglesia nunca sea derrotada, es decir, que las personas que la presiden no puedan apartarse de la verdad. Abusaron tiránicamente de su poder y corrompieron el modo de gobernar la Iglesia instituida por Dios. Lo que sucede bajo el papado muestra que en el reino de Cristo se cumple lo que aconteció bajo la ley, a saber, que a veces la Iglesia se cubre de miserias y permanece oculta sin esplendor ni forma.
Mientras tanto, allí aún está presente la Iglesia, es decir, Dios tiene allí su Iglesia, aunque oculta, y la conserva milagrosamente. Pero de eso no se debe deducir que sean dignos de alguna honra; por el contrario, son más detestables porque, debiendo engendrar hijos e hijas para Dios, lo hicieron para el diablo y los ídolos. Juan Calvino(citado por Zwinglio M. Dias)
Sin ánimo de excusarse, pero tampoco de cansar a los amables lectores con una denuncia panfletaria ni mucho menos, este columnista suspende un acercamiento más a la poesía para transmitir su
indignación, sin sorpresa ciertamente, pero también su simpatía y solidaridad con el grupo de siete pastores a quienes la Iglesia Nacional Presbiteriana de México (INPM) acaba de excomulgar y, por ende, expulsar de su seno, debido a su práctica y promoción del sacerdocio universal de las y los creyentes en favor de la ordenación de las mujeres a todos los ministerios eclesiásticos.
Es verdad que en cualquier discurso cristiano el lenguaje bélico debería ya ser cosa del pasado, especialmente en un país como México que vive circunstancias de violencia que no se habían visto durante décadas, pero resulta imposible dejar de mencionar que
lo sucedido ahora con estos amigos y colegas se enmarca en una nueva lucha en la que un poder eclesiástico transitorio (como todos) hace sentir su fuerza y autoridad legal en contra de las voces que, periódicamente, se levantan en busca de la renovación y el respeto por las acciones soberanas de Dios en medio de su pueblo.
La dirigencia de la INPM convocó para el miércoles 19 de septiembre a representantes de los 13 Sínodos de la misma (Chiapas, Península de Yucatán, Distrito Federal, Golfo de México, Israel, Lluvias de Gracia, Centro, Noreste, Primer Sínodo, Ch’ol, Tabasco, Tzeltal de Chiapas, Sureste de Chiapas) con el fin de constituirse en tribunal eclesiástico para tomar una determinación sobre el grupo, aunque sin referirse como tal al procedimiento, siendo esto mismo ya una irregularidad, pues
todo empezó después de que en el Concilio Teológico de agosto de 2011, una aplastante mayoría acordó rechazar la ordenación femenina y determinó que esta resolución era definitiva, pues era la tercera vez que se discutía el tema en la INPM.
Allí se advirtió (aunque decir
se amenazó, sería mejor) a los pastores que votaron a favor, y especialmente a los integrantes del Presbiterio Juan Calvino (fundado en 1989) que serían disciplinados de no someterse y continuar en rebelión debido a que varias integrantes de iglesias y congregaciones habían sido ordenadas a los oficios de Ancianas y Diaconisas, pasando por alto lo señalado en la Constitución de la iglesia, cuyo texto fue modificado recientemente para explicitar la prohibición del acceso de las mujeres a los ministerios.
Del pastorado, ni hablar, porque este cuerpo eclesiástico inició dos años atrás el procedimiento para ordenar como presbítera a la maestra en Divinidades (grado otorgado por la máxima casa de estudios del INPM) Amparo Lerín Cruz, quien fue una de las ponentes a favor de la ordenación en el Concilio Teológico.
Como consecuencia de lo anterior, la directiva en funciones del Presbiterio Juan Calvino y en abierta violación de su reglamento interno, se declaró “incompetente” para aplicar los acuerdos emanados del Concilio y canceló una reunión ordinaria, por lo que, conforme a derecho, y dentro del orden constitucional de la INPM, un grupo mayoritario del mismo la desconoció y eligió a una nueva mesa directiva que respetara e hiciera valer los acuerdos internos en favor del sacerdocio universal de las y los creyentes que se habían tomado previamente a la celebración del Concilio. Se trataba, así, de restablecer el orden y de encaminar a las comunidades a que se pronunciaran nuevamente en consultas soberanas acerca de si continuaban con la postura que había obtenido la mayoría en un par de oportunidades, al menos.
Lamentablemente,
la primera directiva, que siguió en funciones aunque ya deslegitimada por completo, entró en negociaciones con la INPM (pues el tesorero de la misma lo había sido de dicho presbiterio) y “ofreció la cabeza” de los siete pastores que continuaban en la defensa de los acuerdos originales. Una señal de esto fue que el secretario del Presbiterio aludido fue nombrado secretario del Sínodo del Distrito Federal, convirtiéndose en juez y parte al convocar a sus compañeros a reuniones donde se procedería a disciplinarlos. De esta manera, la cadena de irregularidades continuó y el Sínodo se convirtió en el brazo represor de la INPM para someter y “extirpar”, como siempre se piensa en estos casos, el “cáncer” de la promoción de los derechos de las mujeres al interior de la iglesia. Al frente del mismo está Abner López, antiguo compañero de luchas y esperanzas, director saliente de la Sociedad Bíblica de México, famoso por sus vaivenes ideológico-políticos. El 19 de septiembre, en ausencia de los siete acusados del delito de rebeldía, desacato y daño moral y espiritual a la INPM, el dudoso tribunal los condena a la excomunión, con la esperanza de que “algún día muestren arrepentimiento y contrición”.
Semejante atropello de la libertad y la dignidad de las personas, ciudadanas de este país y con garantías individuales expresamente afirmadas en la Constitución Política, legaliza una conducta infamante y fuera de toda legitimidad, pues nunca existió un juicio que siguiera los pasos marcados por la propia Disciplina de la iglesia. Porque más allá de los detalles legales, nuevamente una institución religiosa, en pleno siglo XXI, y dentro del previsible comportamiento que muchos estudiosos han señalado (véase: Ariel Corpus, “
Rebeldes, violentos y cismáticos: categorías del antagonismo presbiteriano”, impone el peso de su poder para castigar a quienes piensan diferente y se niega a dialogar con sus posturas, calificándolas de inconvenientes y heréticas, y escudándose en una también muy dudosa interpretación de las Sagradas Escrituras.
Quien esto escribe (ponente también en aquel Concilio) y la comunidad adonde desempeña actualmente su labor decidieron (dentro del orden eclesiástico marcado) no esperar el arribo de la represión y salir por su propio pie de la INPM, pues la afirmación de la evolución de los principios y doctrinas reformados se puede realizar en espacios más grandes, pero no por ello más fáciles o grato, está claro, que permitan la creatividad y, sobre todo, el ejercicio de la libertad cristiana, único principio absoluto emanado de las Escrituras y de la más genuina tradición protestante desde su orígenes, pues la consigna de Martín Lutero vuelve a brillar en toda su intensidad: únicamente con base en ellas puede haber una retractación que no menoscabe la soberanía de las acciones transformadoras del Espíritu divino en el mundo.
Saludamos a nuestros hermanos/as y los recibimos con los brazos abiertos para buscar juntos los horizontes de libertad y cambio que Dios tiene preparados. Compartimos con ellos y sus familias (porque los inquisidores y, sobre todo, los que alguna vez navegaron con bandera de “progresistas”, nunca piensan en ellas) el profundo dolor que experimentan en esta hora de dogmatismo, traición y autoritarismo. Nos sumamos a la tarea de construir, humildemente, nuevos escenarios donde la paz, el diálogo y la inclusividad sean las consignas dominantes.
El desafío que se tiene por delante ya fue esbozado en 1983, hace casi 30 años, por el doctor Zwinglio M. Dias al salir de circunstancias parecidas en una iglesia hermana de Brasil en el extraordinario documento “
De la separación necesaria a la unidad imprescindible”:
El peregrinaje iniciado en 1978 para la edificación de una Iglesia Presbiteriana que entre nosotros sea fiel a sus orígenes y, al mismo tiempo, represente las aspiraciones, los deseos, las necesidades y los sueños de nuestro pueblo, implica, a mi modo de ver, una doble tarea: por un lado, reexaminar con honestidad nuestra herencia en las prácticas, ideas y valores y, por otro, articular todo eso a la luz de la realidad histórica nacional de la que necesariamente somos parte.
La realización de esta tarea debe ser, por lo tanto, un esfuerzo común de todos/as. Tenemos que comenzar a pensar en nuestra identidad teológica, eclesial y pastoral o misionera a la luz de las diversas coyunturas nacionales que hemos de enfrentar al lado de nuestro pueblo.
Para lograr eso necesitamos relativizar nuestra importancia como institución. Si pretendemos ser ecuménicos asumiendo de hecho el valor de la comunión intereclesial, la legitimidad eclesial de otros cuerpos eclesiásticos, debemos asumir también la necesidad de una real convergencia eclesiástica entre nosotros en beneficio de nuestro pueblo. Hacer eso implica un esfuerzo para determinar el perfil de nuestra identidad eclesial. No basta con subrayar que somos calvinistas, presbiterianos auténticos, abiertos, progresistas, ecuménicos o lo que sea. Nuestra práctica eclesial, es decir, lo que hacemos en cuanto comunidades locales, debe responder de alguna forma a esa propuesta teórica que nos hemos dado.Si creemos en el valor de nuestra herencia, y si ésta forma parte de nuestra contribución al diálogo intereclesial, necesitamos conocerla en profundidad, además de tener el valor de hacerle correcciones en nuestro curso histórico y la humildad para reconocer sus límites, asumiendo los valores de otras tradiciones igualmente válidas y tan significativas como la nuestra. (Énfasis agregado.)
Este nuevo peregrinaje que ahora desafortunadamente se reedita (pues no es la primera vez que surge otra iglesia del seno de la INPM, en los años 30 del siglo pasado lo hicieron quienes formaron la actual Iglesia Presbiteriana Reformada y, más recientemente incluso, la Iglesia Presbiteriana Conservadora, además de otros grupos aislados, como en Chiapas) abre las puertas para una nueva posibilidad de desarrollo de la visión reformada del mundo, la Iglesia y la sociedad, especialmente ante los enormes problemas que enfrenta nuestro país.
Si la INPM desea seguir en su camino poco contextual ante estas realidades y de control y sumisión indigna de más de la mitad de su feligresía, ésta misma y el Señor de la Iglesia se lo demandarán en su momento. Mientras tanto, ya en la espesura del camino libre, será posible respirar los aires siempre nuevos del Espíritu.
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Carlos Martínez García se ocupó de este asunto en
“#Yosoy8”, en Magacín, de Protestante Digital, 5 de agosto de 2012, El martes 24 de septiembre, a las 9 de la noche (hora central de México),
el programa "Religiones del Mundo" de Radio Red estará dedicado a la situación de los pastores excomulgados.
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