¿Cómo será capaz, esta institución, de manejar los múltiples desafíos a los que se enfrenta? Una pregunta aun más radical, ¿permanecerá todavía inmóvil dentro de cien años? Si la respuesta no es afirmativa, ¿cuán diferente será comparada con sus perspectivas actuales?
A estas interesantes preguntas el corresponsal de la CNN en el Vaticano John L. Allen ha obtenido algunas respuestas todavía más intrigantes en su libro
The Future Church. How Ten Trends are Revolutionizing the Catholic Church (La Iglesia del Futuro. Cómo diez tendencias están revolucionando la Iglesia Católica) (New York: Doubleday, 2009). Allen escribe en su calidad de periodista y sociólogo de religión que observa lo que está pasando en el universo de la RC dentro del contexto de una rápida globalización. Sus lectores inmediatos serán norteamericanos pero lo que escribe lo ha reunido durante años de periodismo internacional y va encaminado a hacer un retrato de posibles situaciones globales.
Pidiendo a los lectores que estrujen su “imaginación” (1), Allen argumenta que hay al menos diez tendencias que están causando impacto en la ICR y que cada vez, con más frecuencia, estarán en su agenda. Damos esta lista a continuación:
1.
Una Iglesia Mundial
2.
El Catolicismo Evangélico
3.
El Islam
4.
La nueva demografía
5.
La ampliación del papel de los seglares
6.
La revolución biotecnológica
7.
La globalización
8.
La ecología
9.
El multipolarismo
10.
El pentecostalismo
Es suficiente hacer un breve comentario sobre cada tendencia, pero nos detendremos un poco más en los que repercuten más estrechamente en el
evangelicalismo (o sea, el catolicismo evangélico y el pentecostalismo).
1.- UNA IGLESIA MUNDIAL
El centro de gravedad está evolucionando desde el Norte hacia el Sur. En 2050 las naciones más grandes con mayoría RC serán Brasil, Méjico, Filipinas, USA, Congo y Uganda.
La historia global del catolicismo hoy en día es el crecimiento, no la decadencia (19). Su necesidad más apremiante es administrar la expansión, no la contracción.
Hablando en términos generales, el catolicismo del Sur es juvenil, moralmente conservador y políticamente liberal, abierto a lo sobrenatural, más interesado en los retos misioneros
ad extra que en los temas tradicionales
ad intra (como las discusiones doctrinales y los debates sobre la ley del canon) y presenta una nueva serie de cuestiones (p.e. la poligamia, la brujería, la influencia de la mujer, etc.). Cuando la ICR “llegue a ser habitualmente menos occidental, menos blanca y menos adinerada” (432), el tiempo para un papa del Sur habrá llegado.
2.- EL CATOLICISMO EVANGÉLICO
El “tema de la identidad” es lo que está en juego en el catolicismo evangélico. Para Alles, en este caso, el significado de la palabra evangélico tiene poco que ver con la comprensión protestante-bíblica de la misma palabra. Es, más bien, “una psicología religiosa subyacente”(57) que encarna un “anhelo de identidad” en una cultura secular desarraigada.
El catolicismo evangélico lucha por el conservadurismo litúrgico, la educación católica, la distinción del orden entre el sacerdocio y los seglares y la claridad teológica en la Cristología y la eclesiología.
El adalid de este tipo de catolicismo evangélico es el documento Dominus Iesusdel año 2000, que insiste en la mentalidad tradicional según la cual la ICR es el único organismo debidamente ordenado que disfruta de la gracia divina en su máxima medida. Del mismo modo, para Allen, tanto Juan Pablo II como Benedicto XVI son católicos evangélicos, al igual que figuras eclesiásticas como el Cardenal Jean-Marie Lustiger de París (57), escritores como George Weigel quien anima a los cristianos a tener “el coraje de ser católico (453), movimientos eclesiásticos como “Comunión y Liberación” (empresarial, aunque más papista y mariano), y acontecimientos como el “Día Mundial de la Juventud”.
Allen interpreta la palabra “evangélico” con el significado de reafirmación de la identidad católico-romana en sus caracteres básicos e inflexibles, no en el sentido de implicar una apertura a la renovación según el Evangelio. Para él “evangélico” es una categoría sociológica que expresa la búsqueda de la identidad antes que la teológica basada en la transformación por el Evangelio.
3.- EL ISLAM
El Islam es otro actor global del siglo XXI y la ICR intenta desplegar relaciones cordiales mientras trata a la vez de de evitar el conflicto de choque de mentalidad en cuanto al tipo de concepto de civilización, absteniéndose de abiertos esfuerzos misioneros y construyendo una alianza moral basada en la ley natural y en los sentimientos religiosos elementales.
4.- LA NUEVA DEMOGRAFÍA
Las tendencias demográficas globales animan a la ICR a apoyar las políticas de fertilidad y de pro-vida, así como los movimientos de emigración mundiales. Desde el punto de vista ecuménico, las iglesias ortodoxas orientales serán menos atrayentes que las pentecostales debido a la demografía en decadencia que hay en la mayoría de los países ortodoxos del Este.
5.- AMPLIACIÓN DEL PAPEL DE LOS SEGLARES
Los últimos cien años han visto la aparición de más de 120 movimientos laicos (p.e. L’Arche, Focolare, etc). Son una fuerza poderosa que ha provocado una “democratización de la conversación católica” (209). Tanto el ministerio laico como el femenino expandirán sus fronteras, pero no a expensas de superar la tradicional forma de actuar del ministerio sacerdotal (masculino).
6.- LA REVOLUCIÓN BIOTECNOLÓGICA
Con la revolución biotecnológica la ICR se ha puesto a la defensiva. Enfrentada a los nuevos retos, un reavivamiento de la ley natural le permitirá construir puentes con las religiones del mundo, que la considerarán como el portavoz global de la bioética conservadora basada en la naturaleza.
En este sentido Allen parece infravalorar el potencial de esta tendencia para los desarrollos inter-religiosos futuros. Además, la ICR del futuro reclamará ser la representante de toda la humanidad.
7.- LA GLOBALIZACIÓN
La globalización ha empujado a la ICR a extender sus enseñanzas sociales sobre la solidaridad, el bien común, la subsidiariedad y el humanismo integral.
Se convertirá en el único actor diplomático global que puede abarcar tanto a los ricos como a los pobres, el Norte y el Sur, el apoyo al capital y al trabajo y el interés por la justicia social y el desarrollo económico.
8.- LA ECOLOGÍA
El calentamiento global y el cambio climático, junto con la escasez de agua y la deforestación fomentarán la tendencia hacia la teología natural, dando a la ICR la oportunidad de dar forma tanto a la ecología como a la teología.
9.- EL MULTIPOLARISMO
En el siglo XXI se verá “la interacción de múltiples puntos de influencia” (340) con las naciones BRIC (Brasil, Rusia, India y China), que elevarán su perfil. En esta nueva escena global, la ICR es la única institución religiosa que ya es multipolar y tiene la cultura y la estructura diplomática para hacerles frente.
10.- EL PENTECOSTALISMO
Harvie Cox ha denominado al Pentecostalismo “Catolicismo sin sacerdotes”, lo que significa una expresión de la espiritualidad popular sin el sistema jurídico romano o la complicada teología erudita (382).
Después del Vaticano II la ICR ha encontrado espacio para la espiritualidad pentecostal dentro de los límites de su estructura teológica.
En algunas regiones (p.e. Latinoamérica) la explosión pentecostal ha dado lugar a una actitud anti-pentecostal por parte de algunos delegados de la ICR. Sin embargo, el pentecostalismo está ganando la partida, tanto dentro como fuera de la ICR.
“El pentecostalismo”, no la ortodoxia, será el principal “otro” cristiano para mucha gente de la Iglesia Católica del siglo XXI (361). Se desarrollarán nuevas formas de “ecumenismo horizontal” e iniciativas desde abajo (401).
La gente estará menos afectada por la precisión teológica y más interesada en intercambiar las experiencias espirituales. Allen llega hasta el punto de argumentar que la vía interna de conflicto del siglo XXI será entre el catolicismo pentecostal y el catolicismo no pentecostal.
La extensa imagen que emerge del libro de Allen es compleja y multifacética. Las características eclesiológicas de
la Iglesia (“única, santa, católica y apostólica”) se transformarán en cuatro calificaciones sociológicas: “global, inflexible, pentecostal y extravertida” (432).
Muchas de las tendencias sociológicas que destaca podrían ser fácilmente aplicadas al
evangelicalismo global y encajarían con naturalidad. No obstante, hay una diferencia que da a la ICR una aportación extra cuando se enfrenta a nuevas fases y desafíos: “el espíritu histórico del catolicismo es su pasión por la síntesis, por “la ambigüedad en las soluciones” (449).
Piensa la ICR que el futuro traerá tensiones y conflictos, pero la institución que está mejor equipada para equilibrarse y acomodarse a las diferentes exigencias, intereses y preocupaciones es ella misma, ya que fue capaz de sobrevivir al proyecto de modernidad sin tener que vender su alma y será capaz de navegar por las aguas de la más dura globalización.
Este es el don teológico de la ICR que ha demostrado durante siglos. Esta es una parte esencial del sistema de la ICR y será la herramienta principal para encarar el futuro. La ICR continuará reclamando y actuando como si fuera el sacramento de la unidad de la familia humana. Esta es su misión y continuará siéndolo.
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