El País ha publicado en su edición de este sábado un bochornoso artículo sobre el crecimiento de iglesias evangélicas en la zona de Carabanchel.
Nuestros pecados han sido perdonados, y ya no están más. Nuestro Sacerdote intercede siempre por nosotros. Somos su Cuerpo, del que nadie será dañado ni partido.
A través de su muerte redentora y su retorno a la vida al tercer día, se establece un camino abierto entre el cielo y la tierra para darnos vida eterna a quienes hemos creído en él de todo corazón.
Morir no es caer en la nada, es caer en sus manos; confiar en Él, ya no es sólo fe; es descanso seguro. Hoy no celebramos un recuerdo, celebramos una victoria eterna.
Su muerte vicaria nos redime de la esclavitud moral del pecado y nos otorga libertad para poder vivir una vida nueva y plena aquí en la tierra y nos concede el impagable don de la vida eterna por medio de la fe.
Es en la cruz donde la belleza del carácter de Cristo alcanza su máximo esplendor. En la hora de la mayor oscuridad, sus palabras brillan como oro refulgente.
La sangre del Señor nos ha limpiado de nuestro pecado por la fe en Él. El regocijo al que somos convocados se basa en el anuncio de la realidad de esa salvación sobrenatural.
Hay condiciones para entrar en el reino de Dios; y nosotros no tenemos derecho de negarlas y/o removerlas tratando de ignorarlas, como si no estuvieran en las Escrituras.
Jesucristo ha sido el artífice de nuestra salvación y muchos celebramos con gran gozo que nos ha devuelto al Paraíso perdido en su versión mejorada.
Los predicadores y todos los que testificamos del Señor Jesús a otras personas, hemos de tener en cuenta el nivel de experiencia de cada uno.
“La oración del pecador” no es sino un resumen de lo que significa haber entendido el Evangelio, haberse reconocido pecador necesitado de la salvación y haber reconocido que Jesucristo es el Señor y Salvador.
Recordemos lo evidente: que ningún redimido puede asumir que su obra es meritoria, o que supone un apoyo o ayuda a la de Cristo. Ninguno. Ninguna.
Te elijo a ti siempre y siempre te elegiré a ti, porque tú eres mi elección natural.
A pesar de lo que vemos, y en parte padecemos, la puerta de la gracia siempre estará abierta a la posibilidad de cambio.
Quien se sienta a comer con Él jamás se levanta igual. Tú y yo, no importa lo que hayamos hecho, siempre tenemos un sitio disponible si deseamos vivir una vida basada en el arrepentimiento.
Cuando miro hacia atrás, veo tu mano amarrando con fuerza mi ser débil a tu lado, y recuerdo tantas cosas, que solo puedo decir que viví sostenida por tu mano.
Como Dios, Cristo nos da el “sí” divino; y como ser humano, Cristo es nuestro “amén”, la más excelente respuesta que pudiéramos haber dado a la iniciativa del amor de Dios.
Hagas lo que hagas, por favor, no dejes de buscar en el establo donde está ese Niño de la promesa. Es allí donde la esperanza desafía la oscuridad, la bondad rompe el miedo, y el amor se convierte en fuerza indestructible.
Si bien la revelación natural nos lleva a saber de la existencia de un Dios Creador, la revelación especial nos lleva al conocimiento de un Dios salvador y redentor manifestado en la persona de su Hijo Jesucristo.
La vulnerabilidad del Señor, así como su debilidad, no le restaron integridad en modo alguno. Es más, es en esa asumida fragilidad como vino a ser nuestro Salvador.
Jesús nos abre la puerta de la esperanza con estas reveladoras palabras: “Yo he venido para que tengáis vida y vida en abundancia”.
Tenga cuidado porque muchos tienen este mapa pero no encuentran el Tesoro. Hay que leer el mapa y obedecerlo, no simplemente leerlo.
¿Qué decimos exactamente como protestantes cuando hablamos de la justificación? Más importante aún, ¿qué dice la Biblia sobre el tema?
¿Cuál es el don de Dios, la salvación por gracia, la fe del creyente o las dos cosas?
Él y solamente El, es nuestra única esperanza de un mañana mejor, Jesús es el Único Camino a Dios el Padre, la Verdad suprema y la Vida verdadera.
Pensaban estar bien con Dios sinceramente, pero no eran sino ignorantes sinceros.
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