El País ha publicado en su edición de este sábado un bochornoso artículo sobre el crecimiento de iglesias evangélicas en la zona de Carabanchel.
El ahora centenario Truman Capote (1924-1984) descubrió en Kansas algo de sí mismo, que le hundió en un pozo del que ya nunca pudo salir.
Dios no es una empresa de la que usted se hace socio a través de inversiones.
El glamur de una vida de fiesta en fiesta en la Gran Manzana se muestra especialmente en su novela de 1958, Desayuno en Tiffany´s.
Hay un vacío, un hambre, que no se puede llenar ni satisfacer. Es algo que sabes que te falta, pero no sabes qué es. De ello habla Jesús en este capítulo.
El mayor regalo que recibió Capote la última Navidad con Sook fue “el gran descubrimiento” que hizo ella aquellas fiestas.
¿A qué se debe este protagonismo angelical con respecto al nacimiento de Jesús?
Siendo humano, Dios se vuelve “torturable”, y se le puede seguir u oponer, amar u odiar, abrazar o escupir, morir por Él o matarlo.
¡Cuán equivocados estamos respecto al sentido de la vida que nos trae Jesús! ¡Esperamos tantas cosas sin esperarlo a él!
Este texto nos proporciona el marco por excelencia para un gobierno que se orienta a la Biblia, es decir, un Estado que se limita a lo esencial: seguridad ciudadana, el castigo del crimen y el cobro de impuestos por servicios prestados.
El diagnóstico bíblico no es fácil de aceptar, ya que nadie quiere asumir su culpa. Para escapar de ello, se busca, como en las novelas de Golding, un chivo expiatorio para nuestra maldad.
¿Cuál es el baremo para considerar algo verdadero o cierto? Esta pregunta está presente en el capítulo que abordamos de la buena noticia según Juan.
Hemingway buscaba ese amor liberador, que todos ansiamos. El problema es que como él, no nos atrevemos a dejar todo y perseguirlo, porque nos mostraría lo que somos en realidad.
Si termino creyendo que es mi compasión, mi insistencia, mi puesta en escena, mis maneras, lo que hace que se compadezca y cumpla con sus deberes, no he entendido nada de su mensaje.
El ejemplo de Bonhoeffer nos confronta con una pregunta fundamental: ¿hasta dónde llega la obediencia a la autoridad?
He aprendido mucho de Samuel, pero lo que más me ha impresionado siempre de él es su sencillez. Una de las cosas que más me ha sorprendido en la vida, es que los mayores hombres de Dios que he conocido son también los más humildes.
Al final del camino, nos pueden faltar respuestas. Pero cuando se llega a la edad de Samuel Escobar, uno ve la vida con otra perspectiva. Así llegamos al final de estos programas especiales, dirigidos por José de Segovia.
Reconocemos el diagnostico que hace la Biblia de nuestra triste realidad. Pero hay una esperanza de salvación, que no viene de nosotros, sino de Aquel cuya sangre nos limpia de todo pecado.
La identidad es lo que más preocupa en nuestro mundo. Escobar se acercó a esta cuestión y profundizó en qué significa ser evangélico.
“Su meticulosa labor como revisora de textos bíblicos ha sido fundamental para que innumerables personas puedan acceder hoy a la Palabra de Dios con precisión y claridad”, expresan desde Sociedad Bíblica, donde sirvió durante muchos años.
En una mujer se piensa con mucho ahínco si ha dejado de dar todo lo que el hombre estaba acostumbrado a recibir.
Como cristianos, nuestra lealtad última no pertenece a ningún estado o nación, sino al Reino eterno de Dios, un reino de justicia y paz que jamás será destruido.
Álvaro Pombo, el nuevo Premio Cervantes, es académico de la lengua, un autor popular, ganador de diversos premios, pero que escribe siempre a contracorriente.
Ante la realidad de la vejez, Samuel reflexiona cómo se enfrenta al paso de los años y la debilidad.
Si confiamos en “los príncipes de este mundo”, nuestra bondad e ideales, cometeremos el error de creer haber encontrado en alguien una integridad que no hay en ningún ser humano.
Al llegar a una edad avanzada, Escobar mira no solo al pasado, sino también a los desafíos que percibe para la generación actual y la próxima.
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