El País ha publicado en su edición de este sábado un bochornoso artículo sobre el crecimiento de iglesias evangélicas en la zona de Carabanchel.
Nadie hubiera inventado una historia así: no sólo que Dios se hace hombre, sino que se hace un bebé.
Jaime Fernández nos invita a hacer un recorrido fresco por los evangelios. Cada semana, un nuevo vídeo.
Conocemos tanto de Jesús que da la impresión de que nada nos asombra. El esfuerzo más importante es leer los evangelios como si fuera la primera vez.
Ser santo es ser inmensamente feliz, porque así es Dios. ¡Lo opuesto a la santidad es la amargura!
En la vida cristiana todos estamos en la aventura de la competición para luchar y ganar.
Dios se ha especializado en usar a personas fracasadas, a los que han caído, a los que piensan que su vida no tiene valor.
Deberíamos tener una papelera de reciclaje en nuestro corazón para borrar todo lo que nos ha hecho daño: amargura, envidia, orgullo, palabras que otros nos han dicho, situaciones que nos hicieron daño, odio, malos pensamientos…
No nos engañemos, todos necesitamos afianzar nuestra lealtad. Todos necesitamos aprender a ser más fieles cada momento de nuestra vida.
La Alianza Evangélica Mundial se une al llamado a la oración realizado por las iglesias evangélicas en Francia.
El dolor humano se acerca al sufrimiento de Dios hasta un punto difícil de entender. Contra lo que algunos piensan, Dios no es insensible a nuestro mal.
Había ganado la medalla de oro en los 100 metros de atletismo en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 1984, pero la colocó en las manos de su padre cuando este fue enterrado en 1987.
A veces pienso que las personas se parecen al vino, los años hacen agrios a los malos y mejoran a los buenos.
En la nueva página se encuentran clips de vídeo realizados por el autor que sirven de introducción a cada uno de los capítulos del libro.
Tenemos que seguir renovando nuestro compromiso, decidir si queremos luchar, o simplemente ser espectadores.
Yo no sé qué “cara” te ha dado la vida, pero sí sé cual puede ser tu rostro ahora mismo.
Los plantadores de Iglesias deben resistir la tentación de asumir que las iglesias en crecimiento proporcionan modelos generalizables para la expansión en otros lugares, y que la aparente ausencia de éxito en el presente es un signo de que Dios no está trabajando.
Dios trabaja en nosotros cada día de nuestra vida. Déjale que lo haga, ¡es lo mejor que puede ocurrirte!
Cuando dejamos que la envidia llegue a nuestro corazón, estamos perdidos. Somos incapaces de disfrutar con nada ni de ir a ningún lugar o hacer algo que merezca la pena.
Debemos replantearnos a fondo nuestro concepto de plantación de iglesias si queremos romper la “falacia cuantitativa” que mide el éxito según los números, en vez de según la misión transformadora de Dios.
Al diablo le encanta imitar, porque debido a su orgullo y a su envidia es completamente incapaz de crear algo bueno.
Demasiado a menudo, los plantadores de iglesias se centran en las cosas que se pueden contar con facilidad, lo que les puede impedir ver medidas transformadoras más importantes que están estrechamente relacionadas con los conceptos bíblicos de arrepentimiento y discipulado.
Nadie puede perdonar a otros si no ha aprendido primero a perdonarse a sí mismo.
Si mi vida tiene sentido sólo cuando los demás aprecian lo que hago, voy a tener problemas.
Pocas veces nos paramos a pensar sobre lo que admiramos o lo que nos asombra.
Pocas veces aprovechamos la oportunidad de disfrutar de la vida, de mirar hacia arriba y saber que nuestro Padre en el cielo nos hizo para relacionarnos con Él.
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