El País ha publicado en su edición de este sábado un bochornoso artículo sobre el crecimiento de iglesias evangélicas en la zona de Carabanchel.
Durante la Revolución Francesa, tuvo lugar la mayor ola de protesta anticlerical que ha conocido Europa.
El agnóstico no niega a Dios, como lo hace el ateo, sino que lo imagina incapaz de ser concebido por la mente finita del hombre, por muy desarrollada que esté.
Historiadores del ateísmo han establecido sus orígenes en los antiguos filósofos griegos, en torno a los siglos V y VI antes de Cristo, considerando a Diágoras de Melo como el primer ateo, lo que le dio bastante mala fama.
El ateísmo niega todo lo que el cristianismo afirma.
La teoría de la evolución no ha logrado explicar hasta el día de hoy esas grandes diferencias entre el hombre y el mono.
Los poetas y los filósofos que han aprendido de la Biblia se unen para decirnos que en Dios no hay finitud alguna, en Él todo es infinito, como lo es su mismo ser.
La justicia de Dios en la Biblia se extiende a toda la raza humana. No hay que entenderla de modo teórico, sino como una realidad que se aplica a personas de todas las edades y de todas las naciones.
Para aquellos que aceptan la Biblia como Palabra de Dios la inmortalidad no es una esperanza, es una seguridad, algo tan real como la propia respiración cuando hay vida.
Después de Nietzsche, un grupo de teólogos se apunta a la idea de matar a Dios.
Cuando el ateísmo niega a Dios, ¿qué entiende por Dios? Cuando se niega a Dios, sin más, en principio se da por supuesto que Dios existe.
El misterio es declarado real por todas las religiones, aunque pugnen por definirlo en palabras que escapan a toda definición ante la grandeza de Dios.
La razón vital, que representa el problema de la existencia, y la razón histórica, que nos remite a las primeras páginas de la Biblia se unen para decirnos que el Creador fue antes que la criatura.
La autora, Sara Donado, tenía 10 años al escribir esta historia. Es un libro de misterios, algo de romanticismo y muchas aventuras muy bien llevadas en el cerebro de una niña de tan solo 10 años.
Sabedlo, señores ateos; si Dios es simple idea, hacia esa idea debéis emprender viaje desde el interior de vuestra alma.
En la actualidad, dos tercios de los ocho mil millones de habitantes que tiene la tierra cree en la existencia de Dios.
En los mares de la falsedad sólo existen pescados muertos. Pero la falsedad no oscurece la luz de la verdad que ilumina el pensamiento de Dios.
Según Biedma, Monroy quiso demostrar que la fe evangélica no empobrece la cultura, sino que la enriquece al abrirla al horizonte de lo trascendente.
Las falsedades sobre Dios continúan siendo de actualidad en pleno siglo XXI.
Todo lo grande es eterno. Tan grandes hechos como los protagonizados por Don Quijote en vida no desaparecieron para siempre en la fosa. Aún vivimos en ellos. Aún morimos con ellos.
La proximidad de la muerte hace sumamente útil pensar en el destino del alma.
En el obligado acabamiento de todo lo terreno y temporal, Don Quijote, Alonso Quijano, muere sereno, puesto el pensamiento en la inmortalidad.
A estas alturas de la ficción no sabemos si Don Quijote buscaba aventuras o las aventuras le buscaban a él.
Don Quijote, dice Menéndez y Pelayo, oscila entre la razón y la locura. Su derrota no es más que aparente. Su aspiración permanece íntegra.
Unamuno comentó: cuando es vencido el invicto caballero de la Fe, es el amor lo que en él vence.
A Don Quijote no le fue bien en Barcelona. Un grupo de catalanes distinguidos, liderados por un tal Antonio Moreno le somete a toda clase de escarnios, ridiculización y burlas.
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