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Protestante Digital

 
 

‘Signos de Vida’, una revista abierta al diálogo: entrevista con Manuel Quintero

Manuel Quintero, ingeniero y periodista cubano, dirigió durante siete años la revista.

GINEBRA VIVA AUTOR 79/Leopoldo_CervantesOrtiz 03 DE ABRIL DE 2025 18:30 h
Manuel Quintero, con ejemplares de la revista.

Signos de Vida fue una revista patrocinada por el Consejo Latinoamericano de Iglesias (CLAI) entre 1996 y 2012, en su segunda época. Su énfasis era el acercamiento de las realidades eclesiales con el ámbito cultural, la literatura, el cine, la sociedad y la política, todo en un marco de diálogo y apertura. Luego de una breve primera etapa, Manuel Quintero, ingeniero y periodista cubano de larga trayectoria ecuménica, se hizo cargo de las publicaciones del CLAI y de la revista (con sede en Quito, Ecuador), la cual dirigió durante siete años. En remembranza de esos años y a propósito de un muro de Facebook que ha comenzado a recopilar todo lo relacionado con esa revista (www.facebook.com/profile.php?id=61573864565284), Quintero aceptó gentilmente responder las siguientes preguntas.



 



Hola, Manuel, qué gusto. Fuiste el primer director de Signos de Vida. ¿Cómo surgió ese proyecto editorial al interior del CLAI? Pero hubo una etapa previa a 1996, ¿cierto?



Hola, Leopoldo, desde ya muchas gracias por esta oportunidad para revivir un proyecto editorial que fue parte de mi desempeño como secretario de comunicaciones del Consejo Latinoamericano de Iglesias. Signos de Vida fue una iniciativa de Fernando Oshige, mi predecesor en la Secretaría de Comunicaciones del CLAI. Así que estamos hablando de una “segunda época” de la revista cuando aparece el primer número en julio de 1996.



Fernando y yo somos amigos y compañeros de lides ecuménicas en el ámbito latinoamericano y caribeño, él militando en la Unión Latinoamericana de Juventudes Evangélica (ULAJE), yo en la federación de movimientos estudiantiles cristianos (FUMEC). Habíamos colaborado estrechamente en la organización del encuentro latinoamericano de juventudes evangélicas que se celebró en Huampaní, Perú, en 1981.



 



La idea de poner en diálogo la fe y la vida de las iglesias latinoamericanas con la cultura venía de tiempo atrás. ¿Como se concretó al momento de decidir la publicación de la revista?



Hubo un esfuerzo editorial de extraordinario valor con La Nueva Democracia, esa revista mensual de orientación protestante publicada por el Comité de Cooperación en América Latina. Esa revista tuvo una vida excepcionalmente larga y prolífica desde su aparición en la década de 1920, y fue el espacio para abordar una amplia gama de temas religiosos, científicos, sociológicos y culturales. Su mayor gestor fue el filósofo, teólogo, escritor y periodista mexicano Alberto Rembao, que también se esforzó en la promoción y avances del ecumenismo.



Rembao fue el segundo director de La Nueva Democracia hasta su muerte en 1962 y su casa en Nueva York se convirtió en excepcional sitio de encuentro para una pléyade intelectuales, artistas y políticos: Alfonso Reyes, Rufino Tamayo, Jorge Mañach, Raúl Roa, Fernando Ortiz, Federico de Onís, Fernando de los Ríos, Germán Arciniegas, Mariano Picón Salas, Arturo Uslar Pietri, entre muchos otros. Eso da una idea del alcance y profundidad del diálogo que protagonizó Rembao con la cultura latinoamericana y caribeña de la época. Como un dato curioso, pero también ilustrativo de la amplitud de metas de la revista, caber señalar que en el número de abril de 1937 Albert Einstein publicó el artículo “Relatividad: restringida y generalizada”, en español. Por cierto, en el número 11 (marzo 1999) publicamos en artículo del investigador mexicano Alfredo Echegollen titulado “Alberto Rembao y la cultura del Evangelio”.



Aunque no tuve acceso a ejemplares de La Nueva Democracia, sí había escuchado de la revista y de Rembao, que fue profesor invitado en el Seminario Evangélico de Matanzas, Cuba. Pensamos entonces que Signos de Vida podría transitar con mucha humildad por la senda imperecedera que abrió La Nueva Democracia.



En los primeros meses de 1996 le hablé a Felipe Adolf, el secretario general del CLAI, de mi intención de retomar la publicación de la revista con un enfoque novedoso, buscando un diálogo entre el protestantismo ecuménico —que encarnaban el CLAI y sus iglesias— con la cultura del continente. Después de varias conversaciones y análisis, Felipe me dijo: “¡Métale!”, una expresión muy suya para decirte que tenía su visto bueno.



 



El CLAI tuvo mucha claridad al elaborar su plan de publicaciones para atender diversos aspectos: información, teología, vida eclesial... ¿En quiénes recayó la tarea de elaborar el perfil de Signos de Vida?



Cuando me eligen para ese cargo de secretario de comunicaciones en 1992, mi experiencia en el campo de las comunicaciones era bastante limitada. Así que me inscribí en la carrera de Comunicación Social en la Universidad Politécnica Salesiana de Quito. Podrás imaginar que yo era un ave rara en esas clases: tenía 43 años y la edad promedio de mis condiscípulos no pasaba de veinte. Fue una rica experiencia formativa y humana: me permitió apoderarme de herramientas teóricas de la comunicación social (Néstor García Canclini, Martín Barbero, Luis López Forero, Manuel Castells, Javier García Restrepo, Noam Chomsky, María Teresa Herrán, Fabián Garcés, Armand y Michèle Mattelart, Miguel Rodrigo Alsina, Armando Silva, Vicente Leñero, Carlos Marín, Robert Escarpit, Cándido Monzón…) y adentrarme en el universo cultural andino en su expresión ecuatoriana.



Después de esos estudios, pensaba que el CLAI necesitaba de una comunicación más acorde con la realidad continental y los desafíos que esa realidad planteaba a las iglesias y organismos ecuménicos. Las dos herramientas principales eran el boletín Rápidas —una creación del obispo episcopal Onell Soto que éste legó al CLAI— y Signos de Vida, que había tenido un perfil esencialmente andino. Las publicaciones del Consejo eran por regla general informes de sus programas y eventos.



Mi estrategia apuntaba en la dirección de modernizar el formato de Rápidas, lo que llevó, años después, a reemplazarla por el periódico Nuevo Siglo con un formato tipo tabloide; a retomar Signos de Vida como un espacio para el diálogo con la cultura; y a iniciar una serie de publicaciones de autores y autoras reconocidos del protestantismo continental. Así verían la luz: Evangelización protestante en América Latina, de Arturo Piedra; Religion: poesía del mundo venidero. Implicaciones teológicas en la obra de José Martí, de Reinerio Arce; De la Reforma Protestante a la pentecostalidad de la iglesia, de Bernardo Campos; Trípode homilético, de Carlos Emilio Ham-Stanard; La autoridad de la Biblia, de Gottfried Brakemeier; Jesús, ¡ese exagerado!, de Plutarco Bonilla; Jesús y las mujeres, de Elsa Tamez; Series de sueños. La teología ludo-erótico-poética de Rubem Alves, de Leopoldo Cervantes-Ortiz, entre otros títulos.



En un esfuerzo para vincular la oikoumene continental con la mundial, lanzaríamos Latin American Ecumenical News, un boletín en inglés en formato tabloide. Pero volviendo a Signos: después del visto bueno de Felipe, me tocó reflexionar con mayor detenimiento sobre los contenidos de la revista, y cómo estructurarlos. Pronto me percaté de que tener secciones fijas sobre temáticas particulares plantearía serios obstáculos a la hora de conseguir artículos pertinentes. Decidí entonces que Signos de Vida incluiría artículos y reportajes sobre una amplia gama de temas, ofreciendo contenidos que pudieran interesar a un público diverso dentro y fuera de las iglesias y los organismos ecuménicos. Ello se complementaría con un formato visualmente atractivo, con fotografías, ilustraciones y un estilo de redacción accesible.



Debo destacar aquí el papel de Iván Balarezo, responsable del diseño gráfico de la revista. Si la memoria no me falla, conseguimos una donación de alguna agencia que apoyaba al CLAI para adquirir el más reciente Adobe Photoshop para la Macintosh del Departamento de Comunicaciones. Con esa herramienta, Iván pudo liberar su creatividad excepcional y regalarnos con portadas y composiciones muy atractivas. Asimismo, el minucioso desempeño en la revisión de los textos de Alejandro Querejeta, periodista y escritor cubano radicado en Quito, nos salvó de más de una errata.





El Comité editorial de la revista incluyó inicialmente a renombrados autores. ¿Cuáles fueron los criterios para su participación?



Un criterio básico fue que los miembros del comité pudieran aportar en razón de sus trayectorias y vivencias de fe particulares —evangélica, protestante, católico-romana— e incluso desde una postura de escepticismo de cara a las creencias religiosas. El primer comité lo formaron Cláudio Molz, teólogo brasileño, pastor de la Iglesia Evangélica de Confesión Luterana de Brasil; Lauren Fernández, sacerdote de la congregación del Verbo Divino; Plutarco Bonilla, teólogo y biblista, asesor de traducciones de las Sociedades Bíblicas Unida; Víctor Rey, sociólogo y comunicador social; y Susana Cordero, ensayista y catedrática universitaria, además de ser la primera mujer al frente de la Academia Ecuatoriana de la Lengua. Felipe y yo completamos la nómina, y tuvimos un comité asesor de lujo con destacados pensadores y pensadoras protestantes como Elsa Támez, Luis Rivera Pagán y Walter Altmann.



Ese grupo fue el principal responsable de la elaboración del perfil de la revista y se mantuvo invariable hasta el número 11, de marzo de 1999, cuando Felipe fue sustituido por el pastor Israel Batista, nuevo secretario general del CLAI, y la teóloga luterana brasileña Wanda Deifelt se sumó al comité.



A partir del número 15 (marzo 2000) hay nuevos cambios en el comité: salen Cláudio Molz, Lauren Fernández y Víctor Rey y entran la filósofa y politóloga Lilia Solano y el teólogo Luis Rivera Pagán. Ese grupo se mantiene invariable hasta el número 26 (diciembre 2002). Entonces salen Wanda Deifelt y Lilia Solano y entran el sacerdote Christian Tauchner, del Verbo Divino y, recomendado por Luis Rivera Pagán, un tal Leopoldo Cervantes-Ortiz, escritor, editor y teólogo mexicano. Ese comité continuaría su labor hasta el número 30 (diciembre 2003). Para entonces había terminado mi trabajo en la secretaría de Comunicaciones del CLAI.



 



La revista evolucionó rápido en tamaño y variedad temática. ¿Cómo se fueron articulando las propuestas de textos que llegaban al Comité?



Esta amable intención tuya de rescatar la historia de Signos de Vida en su segunda época me ha obligado a echar mano a los tres volúmenes encuadernados que atesoran esos 30 números en mi biblioteca. A la distancia de veinte años, me ha regocijado redescubrir lo mucho que abarcamos y la sostenida calidad de ese esfuerzo editorial. Una de mis tareas más exigentes era identificar a autores/as y artículos que “encajaban” dentro del amplio perfil de la revista. El grueso de esos artículos era examinado por el comité en cada reunión anual y se proponían otros para complementar y enriquecer cada entrega.



Esas reuniones del comité editorial fueron para mí una fiesta del espíritu y del intelecto. Al margen de las discusiones sobre contenidos y calidad literaria de los artículos —algunos fueron rechazados por no estar a la altura de nuestros parámetros editoriales— cada reunión era una oportunidad para intercambiar conocimientos, anécdotas y experiencias personales. Recuerdo las discusiones respetuosas y fraternales entre Plutarco y Susana: él señalando la necesidad de una sabia experimentación lingüística, ella defendiendo la pureza y la unidad de la lengua. Tengo una deuda de gratitud con esos hermanos y hermanas que fueron entusiastas colaboradores de la revista y contribuyeron decisivamente a su realización.



 



En algún momento se pensó en publicar una antología de textos de la revista, pero solo se dio a conocer una recopilación de artículos de Luis Rivera -Pagán. ¿Consideras que sería bueno retomar ese plan? Podrían ser varios volúmenes...



En efecto, hay suficiente material para varias antologías enfocadas en temáticas particulares. En esos treinta números bajo mi dirección editorial encontré treinta y dos artículos que podrían aparecer en una antología enfocada en temas bíblicos. Entre los que contribuyeron destaco al teólogo y biblista argentino Ariel Álvarez, que aportó ocho artículos en ese periodo. En los números subsiguientes de la revista bajo la dirección de Nilton Giese, mi sucesor en la secretaría de comunicaciones, habrá otros tantos artículos factibles de ser antologados. 



Los artículos sobre películas que publicamos en Signos también honrarían una antología y probablemente una muy original: Pablo Legget: “Hombre muerto caminando”, “La guerra de las galaxias”, “Las brujas de Salem”; Iván Balarezo: “Las historias del Titanic”; Christian Tauchner: “El abogado del Diablo: el drama de la libertad”, “La falsedad de un cuerpo”; Dolores Graña: “Expedientes X”; Montse Hormigos Vaquero: “El cine a las puertas del siglo XXI”; Manuel Quintero: “Estigma: fruto prohibido”, “Gladiador: un eco de eternidad”; Paulo Botas: “¿Quién tiene miedo de los chocolates?”; George McCartney: “Una mente brillante deformada”; José de Segovia: “La mitología de Star Wars”; “Matrix: ilusión y verdad”; Leopoldo Cervantes-Ortiz: “Blade Runner”; y Francisco Rodés: “Suite Habana: un reto teológico”.



 



Como director fundador de la revista, ¿qué puedes decir sobre la proyección y el alcance que tuvo dentro y fuera de los espacios eclesiales?



Por razones económicas, Signos de Vida tuvo siempre una tirada y una circulación limitadas, lo que nos obligó a dar prioridad en su distribución a las iglesias y organismos miembros del CLAI, así como a instituciones de educación cristiana, seminarios de teología y revistas y periódicos cristianos. Unos pocos ejemplares fueron enviados a organizaciones de la sociedad civil. Mi sueño, nunca realizado, fue que Signos pudiera colocarse y venderse en librerías y puntos de venta seculares, como cualquier otra revista.



A pesar de esa limitación objetiva, la retroalimentación que recibimos de lectores y lectoras a lo largo de esos años, fuera por correspondencia o vía correo electrónico, confirmó nuestras hipótesis iniciales de que una revista de ese perfil llenaría un vacío de información y análisis en el mundo de las iglesias evangélicas y protestantes de vocación ecuménica.



A partir del primer número de Signos incluimos la sección “A vuelta de correo” para recibir comentarios de lectores y lectoras de la revista. Aquí te incluyo un muestrario de los mensajes que recibimos, casi en su totalidad elogiosos, si bien uno que otro artículo generó las críticas de lectores que no se identificaron con el contenido, como fue el artículo que abordó críticamente al Opus Dei.



Ya en el segundo número tuvimos un mensaje de Luis Enrique Odell, líder ecuménico de fecunda trayectoria, secretario de la Junta Latinoamericana de Iglesia y Sociedad, a la sazón retirado en España: “La verdad no sé cuándo he tenido en mis manos una revista evangélica tan bien hecha e indicada para el promedio del elemento laico de nuestras iglesias. Dios quiera que este esfuerzo no vaya a malograrse por falta de fondos, como ha ocurrido con tantas otras en el pasado…”. Justo González, distinguido historiador, teólogo y escritor también envió una felicitación.



Andrés Cañizález, periodista venezolano, escribió: “Si bien en contenidos la encuentro muy completa y balanceada, es en realidad el formato lo que más me atrae… con cada portada he quedado más enganchado que con la anterior, siendo a mi modo de ver el diseño de la misma y su colorido algo realmente impactante, que creo sirve de puerta de entrada para la conexión con nuevos lectores y amigos”.



Un lector costarricense, Luis Alberto Alfaro, calificó a Signos de Vida como “una verdadera lámpara en la oscuridad de nuestro tiempo”. Alexaner Steffanell, un lector colombiano: “Diariamente doy gracias a Dios por permitirnos tener Signos de Vida, esta magnífica y digna revista para la unidad de la iglesia universal”. Arturo Arango, escritor cubano, que se califica a sí mismo como “ateo de tercera generación”: “Uno suele recibir toneladas de papel inútil, en los que apenas hay nada que buscar. Me ocurre exactamente lo contrario con Signos de Vida, siempre hay algo que leer, y sobre todo puntos de vista estimulantes”. Rebecca Pinto, lectora ecuatoriana: “Nunca había encontrado una revista de tanta calidad literaria que pueda combinar tantos temas diversos de reflexión y a la vez ausentes en otro tipo de literatura cristiana”.



César Dergarabedian, jefe de redacción de El Puente (Argentina), elogió “la alta calidad del material, tanto el contenido como el diseño gráfico”, y la calificó de “aporte valioso para el pueblo de Dios en América Latina”. Yolanda Bertozzi, directora de Alfalilt Latinoamericana felicitó a Signos por su excelente material. Norma Falchetti, directora de la revista Encuentro y Fe (Argentina) señaló que Signos de Vida “es verdaderamente excelente”. Oscar Villagrán, del Instituto Crandon (Uruguay): “Creo firmemente que Signos de Vida y el nuevo Rápidas constituyen lo mejor que está circulando por nuestros países. Cuando llega algún número atrasado de Signos de Vida a través de Juan Damián, hago fotocopias para hacerlo llegar a profesores, hermanos de la iglesia y público en general”.



Marta Begué, de la Editorial CLIE (por el volumen de títulos la mayor casa editora en el mundo de libros cristianos en español): “He de decirles que la revista me ha parecido realmente interesante con unos contenidos de reflexión altísimos. Solo con la selección temática he tenido suficiente para ‘engancharme’ a la lectura y empezar a recomendar a los que tengo a mi alrededor la lectura de tal o cual artículo. Me ha encantado el tratamiento abierto y contrastado de todos y cada uno de los temas. La verdad es que hoy en día en nuestro mundo cristiano cuesta encontrar publicaciones profundas y a la vez atractivas, actuales y abiertas de pensamiento. ¡Bravo por su trabajo, hermanos!”.



Las respuestas confirmaban que la revista era leída y apreciada en la iglesia Presbiteriana de Colombia; en la Iglesia de Dios en Cristo Jesús y el Centro Cristiano de Reflexión y Diálogo, en Cuba; en el Centro Inter eclesial de Estudios Teológicos y Sociales (CIETTS) de Nicaragua; en el Seminario Evangélico de Lima; en el Equipo Maíz, en San Salvador; en la Iglesia Evangélica del Río de la Plata; en la Universidad Bíblica Latinoamericana, en Costa Rica; en la Iglesia Presbiteriana de Chile; en Sociedades Bíblicas Unidas del Perú; en el Instituto Evangélico de Educación Superior en Buenos Aires; en la Asociación Mundial para la Comunicación Cristiana; en la Iglesia Luterana de Bolivia; en el Consejo Evangélico de Venezuela; en el Instituto Superior de Estudios Bíblicos y Teológicos en La Habana…



El director del Centro de Estudios de Población y Desarrollo Social (CEPAR) de Ecuador escribió: “Deseo que este medio se mantenga, pues significa un espacio alternativo al vacío periodístico que existe en los grandes medios”. Víctor Bachetta, editor de Guía del Mundo, solicitó incluir artículos sobre teología feminista en la Guía de las Mujeres Latinoamericanas y del Caribe.



 



Tu labor como periodista se complementó con algunas colaboraciones de otro tipo en la revista. ¿Influyó eso en tu labor actual de narrador?



Asumí la responsabilidad de escribir un editorial para cada número. En algunos casos, ese editorial llamaba la atención a artículos salientes de la entrega. En otros casos, abordaba un tema de actualidad. También edité entrevistas, escribí sobre cine y lugares de interés cultural del continente (Cartagena de Indias,) sobre Santa Evita, la novela de Tomás Eloy Martínez, y un artículo que tuvo un eco muy favorable: “Siglo20 cambalache. Gente que dejó su huella en este siglo”, en el número 14. Fue un ejercicio periodístico desafiante y, sin dudas, contribuyó a mi formación como narrador.



Hacia 1998 estaba terminando los estudios en la Politécnica Salesiana y me sentí atraído por el periodismo de investigación. De ese interés resultaron dos ensayos: El Papa en Cuba: la lectura (des)interesada de la prensa (CLAI, 1998) y El derecho a la información veraz (Quito, 2002) sobre el golpe de Estado contra Chávez en Venezuela. Mi tesis para la licenciatura, ¿Tribunas de la verdad?: El Telégrafo en la crisis bancaria de 1999 (Quito, La Oveja Perdida, 2005), está parcialmente inspirada en Los guardianes de la libertad, de Noam Chomsky y Edward S. Herman. Como sabes, después ese periodismo de investigación estuvo en la base de las biografías de Emilio Castro y Federico Pagura que escribimos a cuatro manos con Carlos Sintado.



Después de esa etapa de periodismo de investigación sentí que había llegado el momento de dedicarme a la ficción. Con la jubilación tenía tiempo suficiente a mi disposición para entregarme a la escritura. En cuanto a la influencia que señalas, es indudable que algunas destrezas periodísticas pueden ser útiles para convertirse en narrador. Una es la capacidad de investigación y verificación de datos; algo invaluable y una condición sine qua non para escribir no ficción. Pero también para escribir ficción, especialmente dentro del género policiaco, en el que debes presentar el proceso de investigación y resolución de crímenes de manera lógica y detallada, y ambientarlos en escenarios urbanos o rurales donde las circunstancias sociales, políticas y culturales deben presentarse de manera auténtica para fortalecer una sensación de verosimilitud.



Se supone que en el ejercicio del periodismo aprendes a crear narrativas convincentes con un número de palabras limitado. Ello debería ayudarte a escribir una prosa concisa y precisa en tu literatura de ficción. En mi caso, todavía estoy luchando con un estilo que a veces se vuelve casi barroco, un lenguaje rebuscado y detallista en exceso.



 



Finalmente, ¿qué le dirías a quienes desean poner en marcha proyectos editoriales similares al de Signos de Vida? ¿Crees que en esta época aún puede funcionar una revista así? Gracias.



Hoy por hoy se leen menos revistas que hace diez o veinte años. En muchos países, la circulación de revistas físicas ha disminuido, lo cual se ha visto reflejado en la baja de ventas y en la reducción de la publicidad en este tipo de medios. Las revistas impresas requieren costos de producción más altos (impresión, distribución), lo que ha llevado a que muchas cierren o reduzcan su frecuencia de publicación. Esta tendencia está relacionada con cambios tecnológicos y sociales, a saber, el auge de internet y las redes sociales. La expansión de internet y el acceso a la información en línea ha reducido la necesidad de recurrir a medios impresos tradicionales como las revistas. Hoy en día, muchos de los contenidos que antes se publicaban en revistas están disponibles de forma instantánea en sitios web, blogs, y plataformas sociales. Esto ha desplazado, en gran parte, la lectura de revistas físicas o incluso digitales.



En segundo lugar, al cambio en los hábitos de consumo de medios, que se ha vuelto más inmediato y fragmentado, gracias a plataformas como YouTube, Instagram, TikTok o Twitter, donde los usuarios pueden acceder a contenidos cortos y visuales de manera constante. Las revistas, que tradicionalmente ofrecían artículos más largos y profundos, no siempre se ajustan a los gustos actuales que prefieren contenidos más rápidos y directos. Aunque hay una creciente digitalización de revistas, muchas personas prefieren leer artículos en sitios web gratuitos o aplicaciones que ofrecen noticias de forma instantánea.



Por último, el cambio generacional implica que las generaciones más jóvenes tiendan a consumir más contenidos a través de sus dispositivos móviles y computadoras, y no están acostumbradas a la tradición de la revista impresa. Aunque todavía existe un público específico que aprecia la experiencia de leer revistas físicas (los que nacimos en los años 50 del siglo pasado), este segmento es cada vez más reducido por razones biológicas obvias.



Habría que investigar si un proyecto como el de Signos de Vida tendría su razón de ser para un nicho particular, una audiencia “cautiva” (cristianos y cristianas de vocación ecuménica), y producirse tanto en formato digital como impreso.



Signos de Vida fue un proyecto totalmente subsidiado por fondos de iglesias y agencias de cooperación. Si entiendo bien la cooperación ecuménica en esta tercera década del siglo 21 ha disminuido drásticamente, por lo que dudo que sería posible conseguir ese tipo de apoyo financiero fuera del continente para un proyecto de esta naturaleza.


 

 


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