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La grandeza de Dios en Paul Helm

Como consecuencia de su robusta doctrina de la providencia de Dios, Paul Helm sostiene “el compatibilismo divino”: Dios es completamente Soberano y, al mismo tiempo, sus criaturas son plenamente responsables de lo que hacen.

ATISBOS TEOLóGICOS AUTOR 765/Jose_Moreno_Berrocal 23 DE ENERO DE 2026 12:10 h
Paul Helm (1940-2025).

Hace unos días, concretamente el pasado 29 de diciembre, moría en su casa en Gloucestershire, el gran filósofo y teólogo evangélico Paul Helm. Había nacido en Blackpool, Inglaterra, en 1940. En esta ciudad, sus padres asistían a un iglesia evangélica conocida como el Tabernáculo Bautista. Allí conoció a su primera mujer, Judith, con la que tuvo cuatro hijos: Anne, John, Philip y Ben.



Helm estudió filosofía, política y economía en Oxford, y trabajó en la Universidad de Liverpool, en el Departamento de Filosofía durante casi treinta años. De allí pasó a ser profesor de Historia y Filosofía de la Religión cristiana en el King's College de Londres. Esta es una de las tres cátedras de Filosofía de la Religión en Inglaterra (las otras se encuentran en Oxford y Cambridge). Posteriormente, impartió docencia en el Regent College de Vancouver en Canadá inaugurando la Cátedra J. I. Packer de Teología entre 2001 y 2005. También fue profesor de Teología en el Highland Theological College (Escocia) entre 2007 y 2010. En 1989, la tragedia golpeó a la familia con el fallecimiento de Judith de cáncer. En 1994 se casó con Ángela con la que tuvo una hija, Alice.



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Paul Helm fue un prolífico escritor, autor de muchos libros y de cientos de artículos, algunos de ellos publicados en el prestigioso periódico británico The Guardian. Fue también un destacado polemista, no solo por medio de sus libros, sino también en debates con autores como Richard Dawkins. Es legendario el que tuvo con él en la BBC, en 1996, y que duró cuatro episodios, en el contexto del programa The Brains Trust.



Su partida no debe pasar desapercibida entre nosotros puesto que, desde hace varios años, contamos en castellano con la que, posiblemente, sea su mejor obra, La Providencia de Dios. Escrita en Londres, fue publicada originalmente por IVP. En castellano, la presentó la editorial Andamio en la colección titulada Biblioteca José María Martínez. Es un libro que leí en Inglaterra cuando estudiaba para el ministerio cristiano, aconsejado por mi mentor y maestro Bob Sheehan. No he dejado de consultarla una y otra vez desde entonces.



Esta es una obra que contiene uno de los mejores tratamientos de la doctrina de la providencia, del hecho de que, como dice La Confesión de Fe de 1689: “Dios, el buen creador de todo, en su poder y sabiduría infinita, sostiene, dirige, dispone y gobierna a todas las criaturas y cosas, desde la más grande hasta la más pequeña”. Paul Helm mantiene que la providencia de Dios es un misterio: “Pero lo que es imposible que hagamos es proporcionar una respuesta intelectualmente satisfactoria a la pregunta ‘¿Por qué?’. Formular esta pregunta solo puede suscitar la respuesta: ‘Porque Dios ha decidido que sea así’. Para la pregunta posterior ‘¿Por qué Dios ha decidido que sea así?’ no hay respuesta iluminadora. Este es uno de los motivos por los que el patrón de la providencia divina será siempre un misterio, al menos en esta vida”, dice nuestro autor en esta obra. Como dice otro teólogo, el neerlandés Herman Bavinck, la providencia de Dios debe ser aceptada por fe, es una confesión de fe en un Padre que ama a su pueblo en nuestro Señor y Salvador Jesucristo. Como lo enseña nuestro Señor mismo: “ ¿No se venden dos pajarillos por un cuarto? Con todo, ni uno de ellos cae a tierra sin vuestro Padre. Pues aun vuestros cabellos están todos contados. Así que, no temáis; más valéis vosotros que muchos pajarillos”, Mateo 10.29-31.



Como consecuencia de su robusta doctrina de la providencia de Dios, Paul Helm sostiene lo que el denomina “el compatibilismo divino”. Básicamente, esta expresión se refiere al hecho bíblico de que Dios es completamente Soberano y, al mismo tiempo, sus criaturas son plenamente responsables de lo que hacen. Así en la Biblia, encontramos textos como “Nuestro Dios está en los cielos. Todo lo que quiso ha hecho”, Salmo 115.3 o “Todos los habitantes de la tierra son considerados como nada; y él hace según su voluntad en el ejército del cielo, y en los habitantes de la tierra, y no hay quien detenga su mano, y le diga: ¿Qué haces?”, Daniel 4.35, al lado de otros como “El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios. Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas. Mas el que practica la verdad viene a la luz, para que sea manifiesto que sus obras son hechas en Dios”, Juan 3.18-21 o “Porque es justo delante de Dios pagar con tribulación a los que os atribulan, y a vosotros que sois atribulados, daros reposo con nosotros, cuando se manifieste el Señor Jesús desde el cielo con los ángeles de su poder, en llama de fuego, para dar retribución a los que no conocieron a Dios, ni obedecen al evangelio de nuestro Señor Jesucristo; los cuales sufrirán pena de eterna perdición, excluidos de la presencia del Señor y de la gloria de su poder, cuando venga en aquel día para ser glorificado en sus santos y ser admirado en todos los que creyeron (por cuanto nuestro testimonio ha sido creído entre vosotros)”, 2ª Tesalonicenses 1.6-10.



El entendimiento de la verdad que está detrás de ambos tipos de textos se fundamenta, a modo ilustración, en la idea de J.I. Packer (al que Helm admiraba sobremanera) de que hemos de concebir la providencia de Dios como una antinomia. Esta se puede definir, según Packer, como "una apariencia de contradicción entre conclusiones que parecen igualmente lógicas, razonables o necesarias". Packer ilustraba esta verdad con referencia a la naturaleza de la luz que, según la Física, aparece como ondas o como partículas. Ambas son ciertas, aunque nuestra mente las vea incompatibles. Esta era también la idea que nos inculcó mi profesor en el Seminario, Bob Sheehan, y que aparece expuesta en otro excelente libro que tenemos en castellano, Responsables ante un Dios soberano, publicado por la Editorial Peregrino.



Una de las razones por las que nos cuesta entender la providencia es por el hecho de que limitamos a Dios de algún modo, como si por ser Soberano no pudiera juzgarnos, o por ser Amor no fuera también Santo, o un Dios de sabiduría y justicia infinitas. En realidad, lo que para Paul Helm está detrás de todo es la infinita grandeza de Dios. La cual aparece en la idea cristiana de la simplicidad divina. Esto significa, en sus palabras que: “Dios no posee virtudes o atributos separados; es más bien, una gloriosa unidad, y lo que nosotros llamamos sus virtudes o atributos no corresponden a que existan esas distinciones en Dios, sino a la manera en la que nuestras mentes finitas ordenan y articulan su gloria”. Dios tiene en sí mismo “una absoluta plenitud de vida” como dice asimismo Herman Bavinck. La simplicidad divina nos recuerda constantemente que, aunque podamos hablar de atributos comunicables e incomunicables de Dios, Dios es Uno. Esto tiene que ver con el Ser Trino de Dios igualmente. Como enseñó el reformador de Ginebra, Juan Calvino: “Por eso los que aman la sobriedad y los que se dan por satisfechos con la medida de la fe, oigan en pocas palabras lo que les es necesario saber: que cuando confesamos que creemos en un Dios, bajo este nombre de Dios entendamos una simple y única esencia en la cual comprendemos tres Personas o hipóstasis; y por ello siempre que el nombre de Dios se usa de modo general se refiere al Hijo y al Espíritu Santo lo mismo que al Padre; mas cuando el Hijo es nombrado con el Padre, entonces tiene lugar la correspondencia o relación que hay de uno a otro, y que nos lleva a distinguir entre las Personas”.



Por esto, el libro de Helm sobre la providencia es, al igual que todo el resto de su obra, una invitación a afirmar y recuperar la centralidad de Dios en la fe evangélica. Helm es uno de aquellos que notaba con preocupación el desplazamiento de Dios a la periferia incluso en algunos círculos evangélicos. Su obra es una reivindicación de un fuerte teísmo bíblico que se mantenía firme frente a los ataques de un humanismo desprovisto de raíces en las Escrituras. Helm se refería a algunos intentos de hacer de Dios lo que no es, despojándole de sus atributos, por ejemplo de su omnisciencia o su eternidad. Este enfoque humanista se puede apreciar incluso en autores protestantes como Richard Swinburne y Nicolas Wolterstorff con los que Paul Helm polemizó, siempre, por cierto, con mucha cortesía.



Las razones de estas desviaciones hunden sus raíces en el olvido de la distinción entre el Creador y la criatura. Pero, sobre todo, en no recordar que Dios es, al final, incomprensible, que solo Dios es “el bienaventurado y solo Soberano, Rey de reyes, y Señor de señores, el único que tiene inmortalidad, que habita en luz inaccesible; a quien ninguno de los hombres ha visto ni puede ver, al cual sea la honra y el imperio sempiterno. Amén”, 1ª Timoteo 6.15,16. Esto no significa, como dice el mismo Helm, que seamos agnósticos con respecto a Dios y a lo que se puede saber de El; tan solo significa que: “debemos sospechar de cualquier esfuerzo de comprender estas realidades, es decir captarlas de un modo pleno y completo”.



Si hay algo por lo que agradezco particularmente a Dios, es por haber estado bajo el ministerio de otro de mis maestros y mentores, Daniel Webber. Y esto porque siempre transmitía en sus oraciones y mensajes un sentido de la majestad y trascendencia de Dios. Es verdad que Dios ha revelado muchas cosas, acerca de sí mismo, por medio de la Creación y las Escrituras, y es por eso que podemos conocerle y su plan de salvación en Cristo (Juan 17.3); pero Dios siempre tendrá cosas secretas que solo le pertenecen a El (Deuteronomio 29.29) Hay un misterio en Dios que ningún ser humano puede entender.



Paul Helm defendía la posición cristiana clásica sobre Dios como un Ser simple, eterno e inmutable, lo que el mismo llamaba la Triada Tradicional. En esto seguía en la línea de la gran tradición evangélica que, desde los reformadores del siglo XVI, pasaba a autores puritanos como Stephen Charnock, hasta llegar a Jonathan Edwards (otro de los autores predilectos de Helm). Otra de las grandes doctrinas acerca de Dios, a la que aludía frecuentemente Paul Helm, es a la inmensidad de Dios, es decir, que Dios está en todas partes. Así lo enseñaba David: “¿A dónde me iré de tu Espíritu? ¿Y a dónde huiré de tu presencia? Si subiere a los cielos, allí estás tú; Y si en el Seol hiciere mi estrado, he aquí, allí tú estás. Si tomare las alas del alba Y habitare en el extremo del mar, Aun allí me guiará tu mano, Y me asirá tu diestra. Si dijere: Ciertamente las tinieblas me encubrirán; Aun la noche resplandecerá alrededor de mí. Aun las tinieblas no encubren de ti,y la noche resplandece como el día; Lo mismo te son las tinieblas que la luz”, Salmo 139.7-12. Para Helm, la inmensidad de Dios está unida a la gran doctrina de la aseidad de Dios, el hecho de que Dios existe por sí mismo, y no depende de nada externo a El. Como lo enseña Pablo: “¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos! Porque ¿quién entendió la mente del Señor? ¿O quién fue su consejero? ¿O quién le dio a él primero, para que le fuese recompensado? Porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén”, Romanos 11.33-36.



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Notemos que Pablo se expresa en este pasaje de Romanos en una doxología, es decir en un adscripción de alabanza a Dios. Y es que la reivindicación del carácter de Dios tal y como aparece en las Escrituras, es el alma misma de la adoración a su Nombre. En estos días de saturación con el ser humano y sus logros, necesitamos más que nunca centrarnos en Dios y su gloria. No me cabe la menor duda de que este sería el legado que nos deja Paul Helm para nuestra generación. En realidad, es el gran mensaje de Dios mismo en su Palabra para todo ser humano entonces y ahora: “Estad quietos, y conoced que yo soy Dios; Seré exaltado entre las naciones; enaltecido seré en la tierra. Jehová de los ejércitos está con nosotros; Nuestro refugio es el Dios de Jacob. Selah”, Salmo 46.10,11. Necesitamos, más que ninguna otra cosa, centrarnos en Dios y sus proezas. Este es el corazón de nuestra fe, que damos toda la gloria a Dios. De hecho, la adoración al ser divino será la esencia misma del cielo: “Grandes y maravillosas son tus obras, Señor Dios Todopoderoso; justos y verdaderos son tus caminos, Rey de los santos. ¿Quién no te temerá, oh Señor, y glorificará tu nombre? pues sólo tú eres santo; por lo cual todas las naciones vendrán y te adorarán, porque tus juicios se han manifestado”, Apocalipsis 15.3,4.



 



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