El País ha publicado en su edición de este sábado un bochornoso artículo sobre el crecimiento de iglesias evangélicas en la zona de Carabanchel.
Todos necesitamos oír el mensaje de “las palabras de esta vida”; y a la luz de lo que oye, cada cual tiene la opción de aceptar o rechazar dicho mensaje.
Durante la Revolución Francesa, tuvo lugar la mayor ola de protesta anticlerical que ha conocido Europa.
El agnóstico no niega a Dios, como lo hace el ateo, sino que lo imagina incapaz de ser concebido por la mente finita del hombre, por muy desarrollada que esté.
De alguna manera, “todos fracasamos en dar amor”; pero si estamos dispuestos a aprender, podemos alcanzar nuevos niveles de amor y madurez en nuestro comportamiento y relaciones; y eso a veces, aun con lágrimas.
Historiadores del ateísmo han establecido sus orígenes en los antiguos filósofos griegos, en torno a los siglos V y VI antes de Cristo, considerando a Diágoras de Melo como el primer ateo, lo que le dio bastante mala fama.
Sólo volviéndonos a Él es que podemos unir nuestro anhelo por la eternidad con la realidad de la experiencia de la misma, encontrando la paz.
Hay ciertos calificativos que cuando se utilizan contra alguien, le condenan prácticamente al ostracismo. Si lo peor que puedes decir de una iglesia, es que es una “secta”, no hay término teológico más desprestigiado en el mundo académico que el de “fundamentalista”.
El ateísmo niega todo lo que el cristianismo afirma.
El pueblo de Dios necesita buenos maestros de la Palabra de Dios, que enseñen y que guíen a los creyentes a ser todo cuando nuestro Dios nos ha dicho y se ha propuesto que seamos; ¡y siempre en y por Cristo!
El cuco básica y esencialmente se comporta aprovechando el esfuerzo de otros pájaros para criar y perpetuar su especie.
La teoría de la evolución no ha logrado explicar hasta el día de hoy esas grandes diferencias entre el hombre y el mono.
Quizás será necesario recordar y recordarnos a nosotros mismos aquel triple lema atribuido a Agustín de Hipona: “En lo esencial, unidad; en lo secundario, libertad; en todo, caridad”.
Los poetas y los filósofos que han aprendido de la Biblia se unen para decirnos que en Dios no hay finitud alguna, en Él todo es infinito, como lo es su mismo ser.
Hemos de insistir en que eso de “cambiar la forma de ser cultural”, sin la aplicación radical del Evangelio de Jesucristo, no serviría de nada; se quedaría solo en palabras y las cosas seguirán como siempre.
La justicia de Dios en la Biblia se extiende a toda la raza humana. No hay que entenderla de modo teórico, sino como una realidad que se aplica a personas de todas las edades y de todas las naciones.
Si bien creemos en el poder de Dios para transformar vidas y en los milagros, también creemos que no necesariamente todos los milagros son de origen divino.
Para aquellos que aceptan la Biblia como Palabra de Dios la inmortalidad no es una esperanza, es una seguridad, algo tan real como la propia respiración cuando hay vida.
Nuestra sociedad necesita personas que, habiendo tenido un encuentro real y personal con el Señor Jesús, han experimentado la realidad de esa experiencia que la Biblia llama “nacer otra vez”.
Después de Nietzsche, un grupo de teólogos se apunta a la idea de matar a Dios.
La lección o lecciones no se derivan del hecho de practicar una disciplina como tal, sino de la actitud que se adopta y mantiene en el ejercicio de la misma.
Como creyentes en el Señor Jesús podemos estar seguros que de todo cuanto experimentamos a lo largo de nuestra vida, contribuye a enseñarnos algo.
Cuando el ateísmo niega a Dios, ¿qué entiende por Dios? Cuando se niega a Dios, sin más, en principio se da por supuesto que Dios existe.
La resurrección propició la venida del Espíritu Santo a los seguidores de Jesús capacitándoles para vivir la vida cristiana, testificar de Cristo y extender el reino de Dios en la tierra.
El misterio es declarado real por todas las religiones, aunque pugnen por definirlo en palabras que escapan a toda definición ante la grandeza de Dios.
Solo el perdón traerá la verdadera reconciliación, y podrá cortar con la maldición que asola tantos corazones en nuestra nación.
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