El País ha publicado en su edición de este sábado un bochornoso artículo sobre el crecimiento de iglesias evangélicas en la zona de Carabanchel.
A través de sus historias, Sam Mendes explora las tensiones entre lo personal y lo social, lo interno y lo externo, siempre con una mirada precisa, profunda y, a menudo, desoladora.
A sus 69 años, el conocido actor de cine ha dado testimonio de su fe públicamente en la Iglesia del Templo de Dios en Cristo de Harlem.
Christopher Nolan ha logrado un equilibrio raro y preciado en su obra: ser ambiciosa en su contenido, arriesgada en su forma y profundamente conectada con el gran público.
Despojados de nuestras máscaras y personajes, solo quedamos nosotros mismos, lo que somos, frente al único tipo de “locura” que nos podemos permitir: el evangelio.
El Señor de los Anillos trascendió las fronteras del cine como entretenimiento para convertirse en un hito cultural.
En esta tercera entrega del dossier nos acercamos a un creador que, en su dualidad de hombre de acción y pensador, ha demostrado ser uno de los narradores más imprescindibles de nuestro tiempo: Clint Eastwood.
Si el tronco de nuestra vida es el guion, bien redactado y ordenado, en los márgenes se encuentran todas aquellas anotaciones que nos recuerdan el fin de la misma que provoca el pecado.
El cine del Holocausto en el siglo XXI ha optado por un realismo descarnado, consciente de que el tiempo transcurrido obliga a nuevas aproximaciones. Por otro lado, el cine que aborda el comunismo del siglo XX ha preferido, en muchos casos, desmontar el aparato de vigilancia y miedo
Si el cine refleja algo de la condición humana, no podemos ignorar que lo hace desde una humanidad caída, necesitada de redención y de esperanza.
La película nos enfrenta a nuestras propias limitaciones, a la dificultad de hacer el bien en un mundo plagado de oscuridad y maldad.
Mientras en la película los pobres son un instrumento para la satisfacción de los más acomodados, el mensaje del Evangelio nos recuerda que la verdadera caridad no busca ser vista ni aplaudida.
Para Nicholas Winton, “si algo no era imposible, entonces debía haber una forma de hacerlo”. Estos son los únicos que ganan, los que en medio de la muerte traen vida. Y Cristo, como dice la Palabra, es las primicias.
Encarar la fragilidad humana no es algo nuevo para el Evangelio. Jesús mismo, el Hijo de Dios, encarnó no sólo nuestra humanidad, sino también nuestra vulnerabilidad más profunda.
La exposición de nuestra tendencia al victimismo es tema común en la literatura y el cine. En su última película, Ruben Östlund recrea escenarios tópicos de forma poco convencional.
La trilogía que dirigió Coppola, cuya segunda parte cumple ahora 50 años, tiene “la intención de ser una especie de Orestíada mostrando cómo el mal reverbera en cada generación”.
Si hemos sido hechos para el Autor y Señor de la vida, no es extraño que al prescindir de Él, nos da esa sed para descubrir que solamente en Jesús podemos ser satisfechos.
La adaptación de la novela Too Many Men de Lily Brett nos ofrece un retrato profundo y complejo de la lucha humana frente al peso de la historia.
En la vida, solemos lamentar los errores y soñamos con volver a empezar. La buena noticia es que a través de Jesús, es posible tener nueva vida, como explica él mismo en su conversación con Nicodemo.
Cuando uno se para a pensar en el propósito de la existencia, solo hay dos respuestas: o todo ocurre por azar, o realmente hay un propósito. Para Juan, la pregunta más importante es quién es Jesús.
A muchos les sigue resultando extraño que para entender quién es Jesús, tengamos que preguntarnos por qué murió, pero esa es la lógica del Evangelio.
La vida está llena de decepciones y errores, una y otra vez convivimos con nuestros propios fracasos. En este texto clave, encontramos dos ejemplos con un final distinto: Pedro y Judas.
Nos obsesionamos por lo complejo, hasta el punto de dedicar nuestra vida por completo para alcanzarlo, pero repelemos lo sencillo, casi como algo despreciable.
Las señales de lo que viene no son para inspirar miedo o pánico, sino para traer esperanza en su persona si estamos preparados para ese día.
La unión de la política y la religión produce siempre mucha confusión. Te lleva a encrucijadas sin salida, como la cuestión que le plantean a Jesús en este capítulo.
Una reseña de En tierra de santos y pecadores, de Robert Lorenz (2023).
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