El País ha publicado en su edición de este sábado un bochornoso artículo sobre el crecimiento de iglesias evangélicas en la zona de Carabanchel.
Materialistas mira con agudeza el mercado sentimental de nuestro tiempo, donde altura, renta y edad pesan más que la verdad de una persona.
Entre silencios, culpas y afectos enquistados, Joachim Trier construye un drama familiar de gran delicadeza que plantea una pregunta incómoda: qué puede salvarnos de verdad.
La película muestra a un mundo exhausto de luchar y todavía incapaz de rendirse, esperando, sin saberlo, una paz que no puede darse a sí mismo.
La película habla de una vieja habilidad humana: la de levantar arquitecturas de poder sostenidas por relatos cuidadosamente diseñados.
La cinta retrata con precisión ese cansancio que no es solo físico —aunque también lo sea— sino mental.
La película nos sitúa en la cautividad de Miguel de Cervantes en Argel. Pero el verdadero cautiverio que le interesa a Amenábar no es físico ni político: es narrativo.
En Sueños de trenes nadie parece preguntarse demasiado por el sentido de las cosas. Se vive porque toca vivir. Se trabaja porque el día avanza aunque uno no lo mire.
The Pitt no promete consuelo inmediato. No ofrece un Dios funcional que arregla finales. Ofrece algo más cercano al Dios bíblico: presencia en medio del caos, no evasión del mismo.
La pregunta que articula la película es a quién dejamos entrar. ¿A quién permites que habite tu intimidad, tu deseo, tu tiempo, tu imaginación?
Cuando la cultura empieza a hablar de luz, de Dios, de silencio, de rito, no es casualidad. Es señal de que el alma, incluso cuando no sabe nombrarlo, sigue buscando su hogar.
Un espejo cristiano en la oscuridad del mito.
La película de los años 80 anticipó el dilema que hoy enfrenta el creyente ante la inteligencia artificial: cómo ejercer la creatividad sin olvidar que solo Dios es el verdadero Creador.
El mar no es mero decorado: es la encarnación de lo que está fuera de nuestro control, de lo que no comprendemos, y por ello, de lo que más nos aterra.
Más que un cronista del crimen o un maestro del thriller, Scorsese es un cineasta de la trascendencia. Sus películas, marcadas por la violencia y la traición, siempre dejan abierta la pregunta por la posibilidad de la redención.
Woody Allen ha cultivado un estilo inconfundible, poblado de personajes que dialogan con la angustia del tiempo, la incertidumbre del amor y la inescapable sombra de la muerte.
Pawlikowski ha construido una filmografía que, aunque breve, es de una contundencia inusual. Su cine interroga el presente con un estilo que recuerda a los grandes maestros del cine de autor.
Haneke ha construido una filmografía desafiante, incómoda y profundamente reflexiva, que ha convertido al director austríaco en una de las figuras más influyentes del cine contemporáneo.
El cine de Tarantino no solo entretiene, sino que también plantea preguntas sobre la moralidad, la venganza y la redención.
La trilogía de Batman de Nolan no solo elevó el estándar de las películas de superhéroes, sino que también dejó una marca imborrable en el cine contemporáneo.
Alexander Payne ha construido una filmografía que se erige como un susurro íntimo en medio del estruendo.
En este siglo de avances y retrocesos, el amor sigue siendo ese idioma universal que nos une a todos, aunque cada vez necesitemos más valentía para hablarlo.
A través de sus historias, Sam Mendes explora las tensiones entre lo personal y lo social, lo interno y lo externo, siempre con una mirada precisa, profunda y, a menudo, desoladora.
Christopher Nolan ha logrado un equilibrio raro y preciado en su obra: ser ambiciosa en su contenido, arriesgada en su forma y profundamente conectada con el gran público.
El Señor de los Anillos trascendió las fronteras del cine como entretenimiento para convertirse en un hito cultural.
En esta tercera entrega del dossier nos acercamos a un creador que, en su dualidad de hombre de acción y pensador, ha demostrado ser uno de los narradores más imprescindibles de nuestro tiempo: Clint Eastwood.
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