El País ha publicado en su edición de este sábado un bochornoso artículo sobre el crecimiento de iglesias evangélicas en la zona de Carabanchel.
La Biblia no debe ser bien recibida porque apoye las ideas socialistas, conservadoras o liberales, sino porque aborda cuestiones que ninguna ideología política puede responder por sí sola.
Las trece colonias americanas originales encontraron un marco para una interdependencia saludable entre ellas, a pesar de su diversidad religiosa.
El fútbol se arraigó en la clase trabajadora británica porque había capillas, escuelas dominicales y jóvenes que buscaban ser parte de algo, mucho antes de que existieran los clubes profesionales, los estadios y los contratos televisivos.
Una vez más, escuché con agradecimiento cómo se reafirmaban conceptos bíblicos en el Parlamento Europeo, como que la dignidad humana deriva únicamente de la idea de que el ser humano está creado a imagen de Dios.
Las grandes naciones se caracterizan por la justicia, no por la mera fuerza. Respetan la verdad por encima de la propaganda. Fomentan la responsabilidad junto con la libertad.
Los estados se enfrentan a amenazas reales y, a veces, el mal solo puede frenarse por la fuerza. Pero la lección es clara: la guerra es profundamente ineficaz para crear justicia, reconciliación u orden duradero.
La presencia del secretario de guerra de EEUU en una concentración cristiana conservadora, reforzó la percepción de que un cristianismo belicoso y militante está ganando influencia en los círculos nacionalistas.
Los valores de dignidad humana, perdón, reconciliación, justicia y la igualdad de todas las personas ante Dios, moldearon profundamente la civilización europea a lo largo de los siglos.
El sábado “Europa” cumplió 76 años. Pocos países le dan importancia al “Día de Europa”, pero es bueno recordar la integración que ha ayudado a evitar la guerra entre los países de la UE.
Los canales de Ámsterdam se llenan de gente vestida de naranja para celebrar la victoria holandesa sobre la tiranía imperial española, que sigue teniendo relevancia en la actualidad.
Corrie Ten Boom y su hermana Betsie, demostraron que amar y perdonar cuando se está rodeado de odio es una forma de libertad que ningún tirano puede arrebatar. Su libertad interior se convirtió en una forma de resistencia espiritual.
Suspendido en la inmensa oscuridad, nuestro planeta no parecía un campo de batalla de potencias rivales, sino una esfera delicada y radiante: frágil, pero hospitalaria y sorprendentemente viva.
La sensación de que el cristianismo está perdiendo influencia y los valores morales se están erosionando, genera un temor que puede llevar a apoyar a líderes autoritarios, una retórica agresiva y soluciones simplistas.
El cristianismo funciona como cultura más que como discipulado. La fe se convierte en un símbolo de pertenencia más que en una llamada a la transformación.
La placa románica de Verona plasma una paradoja en bronce: aparente debilidad que revela una fuerza oculta, violencia confrontada por un amor inquebrantable, la historia abierta hacia la redención.
Ucrania se está convirtiendo en un laboratorio de ética para la iglesia universal. El historiador Yaroslav Hrytsak afirma que el pacifismo absoluto puede llegar a ser moralmente irresponsable ante una tiranía violenta.
Lamentablemente, cuando tanto Moscú como Washington hablan de “paz” pero hacen la guerra, y la confianza entre aliados se erosiona, nos enfrentamos a una nueva realidad.
“Nunca más” pregunta si Europa sigue creyendo que la dignidad humana no es negociable y que el silencio ante las atrocidades es complicidad.
Según algunas voces prominentes, Europa se está vaciando culturalmente y está siendo invadida por hordas de inmigrantes musulmanes, en un proceso irreversible de declive de la civilización.
Debemos recordar que el aislacionismo estadounidense y el apaciguamiento europeo crearon el entorno permisivo en el que floreció el nazismo.
Normalmente, como europeo, no me correspondería comentar la política estadounidense. Por desgracia, ahora también nos incumbe.
Al enfrentarnos a otro nuevo año de guerra, polarización y desconfianza, necesitamos una reflexión que vaya más allá de la superación personal.
Esta es la cuarta vez, desde la brutal invasión de Ucrania por parte de Rusia, que celebramos que la Palabra de Dios se hizo carne mientras los ángeles proclamaban la paz en la tierra. Entonces, ¿dónde está la paz?
¿Puede un plan de paz que recompensa la conquista territorial lograda mediante invasiones, atrocidades, deportaciones masivas y destrucción sistemática, constituir alguna vez una paz genuina?
En tiempos de guerra cultural, la alternativa no es ni la retirada ni la dominación. La sal, la luz y la levadura proponen una estrategia diferente: una presencia fiel como minoría fiel.
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